Pese al endurecimiento del discurso y a los recortes impulsados por la actual administración de Donald Trump en materia climática, las grandes empresas estadounidenses no están dando marcha atrás en sus compromisos ambientales, e incluso mantienen sus presupuestos de sostenibilidad intactos.

Foto: Presentación de la encuesta realizada por el CSO Leaders Club de Economist Impact en el evento de la Semana de la Sostenibilidad en Nueva York (Créditos: Economist Impact).
Los datos pertenecen a un nuevo estudio elaborado por Economist Impact que revela que el 77% de los directores de sostenibilidad (CSOs, por sus siglas en inglés) prevé mantener o incluso incrementar sus presupuestos en iniciativas vinculadas al clima y la transición energética.
La encuesta, realizada en el marco del evento Sustainability Week en Nueva York, refleja una clara determinación por parte del sector privado, que parece alejarse cada vez más de las tensiones políticas en Washington. De hecho, si bien el 87% de los ejecutivos consultados considera que las políticas del gobierno de Trump afectan negativamente las metas corporativas de sostenibilidad, ese panorama no parece traducirse en un repliegue presupuestario.
“El riesgo climático ya no es una cuestión ideológica, es una cuestión económica”, explicó Dave Turk, exsubsecretario de Energía de EEUU, quien advirtió que la eliminación de incentivos impulsados por el gobierno de Biden —como los créditos fiscales y préstamos del Inflation Reduction Act— podría frenar inversiones, disparar los precios de la energía y comprometer la competitividad nacional. “Es una amenaza para la innovación estadounidense y para nuestro planeta”, agregó.
El negocio detrás de la resiliencia
Más allá de las posturas políticas, los ejecutivos encuestados por Economist Impact —provenientes de compañías con ingresos combinados superiores a los US$600.000 millones— coinciden en que la sostenibilidad no es sólo una obligación moral, sino una apuesta estratégica. Un 56% anticipa que será una prioridad aún mayor para sus organizaciones en los próximos cinco años.
Harry Chapman, responsable de eventos de sostenibilidad en Economist Impact, destacó un cambio en el enfoque corporativo: “La conversación ha evolucionado. Ya no se trata solo de compromisos públicos, sino del valor económico de la sostenibilidad. Las empresas la ven como clave para su resiliencia a largo plazo”.
Esa visión pragmática también se traduce en un reparto más técnico de los presupuestos. Según el informe, el 40% de los fondos está dirigido hoy a cumplir con normativas y reportes, y el 30% a la transición energética, incluyendo la compra de energías renovables. En contraste, solo el 14% se destina a temas de biodiversidad, lo que deja en evidencia un rezago en una de las áreas más urgentes en la agenda climática internacional, especialmente de cara a la COP30 que se celebrará en Brasil en noviembre de 2025.
Presiones inversoras y comunicación discreta
El respaldo del mercado financiero también influye. El 84% de los CSOs estima que los inversores institucionales mantendrán o aumentarán su escrutinio sobre el desempeño sostenible de las empresas durante el próximo año, lo que refuerza la presión por mantener el rumbo.
Sin embargo, frente a un clima político más hostil, algunas empresas están optando por comunicar menos: más de un tercio de las compañías dijo haber reducido la difusión de sus iniciativas de sostenibilidad, aunque sin modificar su implementación. Este fenómeno sugiere una separación entre la narrativa pública y la estrategia real.
“La semántica puede ser el nuevo campo de batalla político, pero los datos muestran una historia más estable”, concluyó Chapman. “La sostenibilidad sigue siendo una prioridad. El reto es cómo avanzar en medio de expectativas políticas divergentes y una creciente complejidad regulatoria”.