Ante el auge global de los vehículos eléctricos (VE) y la consiguiente demanda exponencial de litio, América Latina —hogar de más de la mitad de las reservas conocidas de este mineral— enfrenta una oportunidad histórica para convertirse en un actor clave de la transición energética. En un artículo publicado por el Foro Económico Mundial, Jon Creyts, CEO de Rocky Mountain Institute (RMI), y Anis Nassar, líder de economía circular en la misma institución, proponen una hoja de ruta para que la región construya una economía circular de baterías que priorice el valor agregado, la sostenibilidad y la equidad.

Foto: Jon Creyts, CEO de Rocky Mountain Institute (RMI).
Un potencial que va más allá de la extracción
Aunque países como Chile y Argentina ya tienen una fuerte presencia en la producción de litio, los autores advierten que exportar el recurso en bruto limita significativamente las ganancias económicas. La mayor parte del valor de la cadena del litio se genera en las fases posteriores, como la manufactura de componentes y baterías. Por ello, impulsar una cadena de suministro regional e integrada puede ser clave para que América Latina aproveche plenamente su riqueza mineral.
En este sentido, Creyts y Nassar destacan la incipiente pero prometedora expansión industrial en la región, como la puesta en marcha en 2023 de la primera planta de baterías de litio en Argentina. Sin embargo, subrayan que aún falta avanzar en capacidades intermedias y finales de la cadena productiva.
Crece la demanda de VE en la región
El mercado de vehículos eléctricos en América Latina está en fase de despegue. Las ventas se duplicaron en 2024, alcanzando las 184.000 unidades —el 4% del total regional—, y se espera que representen entre el 10% y el 20% del mercado para 2028. La entrada de modelos chinos de bajo costo y los incentivos estatales están impulsando esta transición, lo que, a su vez, incrementará la necesidad de gestionar de manera responsable el destino final de cientos de miles de baterías.
Tres pilares para una economía circular de baterías
Los autores argumentan que, para responder a esta transformación, América Latina debe construir una economía circular de baterías basada en tres ejes estratégicos:
- Reciclaje responsable de baterías al final de su vida útil. Es fundamental desarrollar infraestructura regional para la recolección, diagnóstico, desmontaje y pretratamiento de baterías. Esto facilitará su transporte a centros de recuperación de metales, reducirá riesgos ambientales y proveerá materiales valiosos para una industria local de baterías en expansión.
- Captura de mayor valor a través del reciclaje y la manufactura. El litio representa más de la mitad del costo de una celda de batería. Mantener estos materiales activos en circulación dentro de la región permitiría reutilizar el litio refinado múltiples veces, fortaleciendo la resiliencia de la cadena global de suministro y reduciendo la dependencia de mercados concentrados, al mismo tiempo que se minimizan emisiones y costos logísticos.
- Reutilización y reconversión de vehículos usados. Para alimentar la demanda de VE de bajo costo, se propone revisar las restricciones a la importación de autos eléctricos usados, una fuente potencial de baterías reutilizables y minerales críticos escasos en la región. No obstante, los autores recomiendan implementar estándares para evitar la entrada de vehículos obsoletos que puedan sobrecargar un sistema de reciclaje aún incipiente.
Una oportunidad estratégica para América Latina
La visión presentada por Creyts y Nassar subraya que la economía circular de baterías no solo es una estrategia ambiental, sino también una vía para el desarrollo industrial, la creación de empleo y la soberanía tecnológica.
Porque según su mirada, América Latina tiene la posibilidad de ir más allá de su rol tradicional como proveedor de materias primas y posicionarse como un nodo central en la nueva economía energética global.