Los profundos reordenamientos económicos, políticos y sociales que marcaron 2025 no solo pusieron a prueba la confianza global, sino que también reforzaron —con mayor nitidez— la necesidad de un liderazgo empresarial responsable. Así lo sostiene Sanda Ojiambo, CEO y directora ejecutiva del Pacto Global de la ONU, quien advierte en un reciente artículo de opinión que, en un escenario de creciente incertidumbre y fragmentación, el sector privado enfrenta una presión inédita para demostrar que la sostenibilidad, la innovación y la creación de valor de largo plazo pueden y deben avanzar de manera integrada.

Foto: Sanda Ojiambo, CEO y Directora Ejecutiva de Pacto Global de las Naciones Unidas.
Desde su rol al frente de la mayor iniciativa mundial de sostenibilidad corporativa, Ojiambo sostiene que la confianza global fue puesta a prueba, al tiempo que se reforzó el argumento a favor de modelos de negocio responsables. El Pacto Global, explica, trabajó junto a empresas, redes locales y su directorio para fortalecer prácticas empresariales responsables, promover acciones de sostenibilidad creíbles y consolidar el papel del sector privado en la construcción de una economía global más resiliente.
Uno de los datos centrales que cita proviene del último CEO Study de la organización: el 86 % de los CEOs ya integra la sostenibilidad en las operaciones centrales de sus compañías, lo que confirma —según Ojiambo— que la transformación de los modelos de negocio dejó de ser una aspiración para convertirse en una necesidad estratégica. A pesar de las presiones políticas, económicas y geopolíticas, el 99 % de los ejecutivos asegura que mantendrá o ampliará sus compromisos en sostenibilidad, una señal de continuidad incluso en entornos adversos.
La sostenibilidad como palanca de rentabilidad
El artículo describe un cambio de consenso entre los líderes empresariales. La sostenibilidad ya no es vista principalmente como una obligación ética o un requisito de cumplimiento regulatorio, sino como un factor clave para el crecimiento, la resiliencia financiera y la creación de valor para los inversores. En distintos mercados, las empresas están incorporando criterios ESG en funciones críticas del negocio para acceder a capital a menor costo, impulsar la innovación y fortalecer su competitividad frente a escenarios políticos y económicos volátiles.
Tecnología y liderazgo en tiempos de disrupción
Otro eje central es el rol de la tecnología —en particular la inteligencia artificial— como fuerza disruptiva inmediata. Ojiambo señala que los líderes empresariales reconocen que la IA está transformando la naturaleza del trabajo y acelerando cambios profundos en las organizaciones. Frente a ello, las compañías avanzan en su integración para mejorar eficiencia e innovación, al tiempo que se preparan para transiciones laborales complejas y, en algunos casos, disruptivas.
La autora destaca también una mayor disposición del sector privado a ejercer un liderazgo más audaz, con inversiones en modelos de negocio sostenibles, cadenas de valor responsables y nuevas tecnologías. En este marco, el capital privado aparece como un motor escalable y confiable para impulsar soluciones climáticas, fortalecer resultados sociales y acelerar la transición hacia una economía baja en carbono e inclusiva, complementando —y en ocasiones supliendo— las limitaciones del financiamiento público tradicional.
El freno regulatorio y el desafío de la política pública
Pese al apetito inversor, Ojiambo advierte que la desalineación regulatoria sigue siendo uno de los principales obstáculos. La falta de señales claras, coherencia normativa e incentivos adecuados ralentiza el despliegue de capital. Los líderes empresariales reclaman planes de implementación concretos, hitos definidos —incluidos en las contribuciones climáticas nacionales— e infraestructura habilitante que otorguen previsibilidad para escalar inversiones en la transición sostenible.
Mirada hacia 2026
De cara a 2026, el artículo describe un escenario complejo y fragmentado, pero no exento de oportunidades. La ambición empresarial se mantiene, mientras la urgencia de la transformación sostenible se intensifica. Para Ojiambo, el desafío será profundizar la integración de la sostenibilidad en las decisiones financieras, incorporar la inteligencia artificial de manera responsable y demostrar que el valor de largo plazo y el progreso social pueden avanzar de la mano.
La tecnología, concluye, será determinante, siempre que contribuya a cerrar brechas de acceso, capacidades y confianza, en lugar de ampliarlas. Con políticas públicas más claras y cooperación global sostenida, el sector privado —afirma— está en condiciones de liberar volúmenes significativos de capital para escalar soluciones en una economía verde e inclusiva. La voluntad, al menos, ya está sobre la mesa.


