Menos del 1% de las empresas mencionan los impactos sobre la biodiversidad en sus reportes

Un informe reciente del Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) expone una brecha significativa entre la dependencia real que tienen las empresas de la naturaleza y la forma en que esa relación es reconocida —o ignorada— en la información corporativa. Según el estudio, menos del 1% de las compañías que reportan públicamente menciona sus impactos sobre la biodiversidad, a pesar de que la degradación de los ecosistemas se ha convertido en un riesgo sistémico para la economía global y la estabilidad financiera. Además, propone más de 100 acciones concretas para alinear la rentabilidad económica con la protección de la naturaleza.

El Methodological Assessment Report on the Impact and Dependence of Business on Biodiversity and Nature’s Contributions to People, aprobado por representantes de más de 150 gobiernos durante la 12ª sesión plenaria de IPBES en Manchester, concluye que todas las empresas, independientemente de su sector, dependen directa o indirectamente de la biodiversidad. Esa dependencia incluye desde insumos materiales y suministro de agua hasta la regulación de fenómenos climáticos y servicios no materiales como el turismo o el valor cultural de los ecosistemas.

El documento sostiene que el crecimiento económico global se ha producido, en gran medida, a costa de una pérdida acelerada de biodiversidad. Esta tendencia, lejos de ser un problema exclusivamente ambiental, plantea riesgos económicos acumulativos que pueden afectar cadenas de suministro, modelos de negocio y mercados financieros. Sin embargo, el informe advierte que muchas empresas no internalizan estos costos, ya que los impactos negativos sobre la naturaleza rara vez se traducen en consecuencias financieras directas.

Uno de los hallazgos más relevantes para el sector privado es el desbalance en los flujos financieros. En 2023, los flujos públicos y privados con impactos negativos directos sobre la naturaleza alcanzaron los 7,3 billones de dólares, de los cuales 4,9 billones correspondieron a financiamiento privado. En contraste, solo 220.000 millones de dólares se destinaron a actividades de conservación y restauración de la biodiversidad, una fracción mínima frente a los incentivos que continúan favoreciendo prácticas empresariales perjudiciales para los ecosistemas.

El informe identifica que las condiciones en las que operan actualmente las empresas —incluidos subsidios dañinos, incentivos perversos, marcos regulatorios débiles y presiones por resultados de corto plazo— refuerzan el “business as usual” y dificultan cambios estructurales. Según IPBES, estos factores no solo contribuyen a la degradación ambiental, sino que también perpetúan riesgos sistémicos para la economía en su conjunto.

En materia de medición y gestión, el reporte señala que existen metodologías, datos y marcos analíticos suficientes para evaluar impactos y dependencias empresariales sobre la biodiversidad. No obstante, su adopción es baja y desigual entre sectores y regiones. Menos del 1% de las empresas que reportan públicamente incorpora información sobre biodiversidad, y las instituciones financieras identifican como principales barreras la falta de datos confiables, modelos robustos y escenarios claros para evaluar riesgos relacionados con la naturaleza.

El documento también subraya que las empresas tienden a medir con mayor frecuencia sus impactos que sus dependencias, a pesar de que estas últimas son clave para anticipar riesgos operativos y financieros. Para abordar esta brecha, IPBES propone un marco que combina enfoques “bottom-up”, basados en información local y específica de los territorios, con métodos “top-down”, como análisis de ciclo de vida y modelos económicos ambientales, aplicables a nivel corporativo, de portafolio o de cadena de valor.

Otro aspecto señalado es la limitada integración del conocimiento de pueblos indígenas y comunidades locales en la toma de decisiones empresariales. El informe advierte que el 60% de las tierras indígenas a nivel global está amenazado por el desarrollo industrial, pese a que estos territorios concentran conocimientos clave para la conservación y el uso sostenible de la biodiversidad. La falta de representación de estas comunidades en procesos de investigación y decisión empresarial es identificada como un factor que debilita la gestión de riesgos y oportunidades.

Más allá del diagnóstico, el informe presenta más de 100 acciones concretas que pueden ser adoptadas por empresas, gobiernos, actores financieros y la sociedad civil para crear un entorno que permita alinear la rentabilidad económica con la protección de la naturaleza. Para el sector privado, estas acciones incluyen mejoras en eficiencia, reducción de residuos y emisiones, mayor transparencia en estrategias corporativas y divulgación pública de impactos, dependencias y actividades de lobby relacionadas con la biodiversidad.

Estamos ante un momento crucial para que las empresas y las instituciones financieras, así como los gobiernos y la sociedad civil, se abran camino a través de la confusión de innumerables métodos y parámetros, y aprovechen la claridad y la coherencia que ofrece el Informe para adoptar medidas significativas hacia un cambio transformador. Las empresas y otros agentes clave pueden optar por liderar el camino hacia una economía mundial más sostenible o, en última instancia, arriesgarse a la desaparición… tanto de especies de la naturaleza como, potencialmente, de la suya propia“, declaró Matt Jones (Reino Unido), uno de los tres copresidentes de la Evaluación.

La pérdida de biodiversidad es una de las amenazas más graves para las empresas. Aun así, la realidad distorsionada es que suele parecer que a las empresas les resulta más rentable degradar la biodiversidad que protegerla. La forma tradicional de hacer las cosas puede parecer rentable a corto plazo, pero los efectos en múltiples empresas pueden tener efectos acumulativos, que se suman a los efectos globales, los cuales pueden cruzar puntos de inflexión ecológicos. El Informe demuestra que no es inevitable seguir como hasta ahora: con las políticas adecuadas y cambios financieros y culturales, lo que es conveniente para la naturaleza es también lo mejor para la rentabilidad. Para conseguirlo, el Informe ofrece herramientas para elegir mediciones y análisis más eficaces“, agregó el profesor Stephen Polasky (EE.UU.), copresidente de la Evaluación.

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