GDFE presentó el paper “Una cultura de colaboración para un futuro común”

Se trata de un documento elaborado por el Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE) que sistematiza consensos y aprendizajes surgidos de un proceso de diálogo con más de 70 expertos, socios y referentes de distintos sectores. La publicación recoge como conclusión central que frente a los desafíos estructurales de Argentina, la acción colectiva no es una aspiración retórica sino una estrategia concreta y necesaria.

El trabajo es el resultado de entrevistas en profundidad, instancias de diálogo estratégico y encuentros deliberativos que buscaron correrse del registro técnico para habilitar conversaciones más narrativas y cualitativas. Empresas, fundaciones, organizaciones de la sociedad civil y actores del Estado participaron de este intercambio, convocados por la idea de que ningún sector, por sí solo, puede ofrecer respuestas suficientes a problemas complejos y persistentes.

En la introducción del documento, el director ejecutivo del GDFE, Javier García Moritán, plantea que la reconstrucción del sentido de comunidad es una de las tareas más urgentes del presente. En un contexto que describe como “hiperconectado pero con vínculos débiles”, sostiene que el desafío no se limita a mejorar la gestión de problemas, sino a recuperar un horizonte compartido de sentido que permita imaginar un proyecto común. La referencia al filósofo Byung-Chul Han —“el sujeto de la esperanza es un nosotros”— funciona como marco conceptual de la propuesta.

El documento subraya que la cultura organizacional dominante tiende a ser lineal y reactiva, enfocada en la supervivencia y en la resolución de urgencias coyunturales. Esa lógica, advierten los participantes, dificulta la construcción de propósitos compartidos y posterga la posibilidad de una cooperación sostenida. La acción colectiva, en cambio, exige un cambio de paradigma: pasar de la competencia a la interdependencia, de la lógica del “yo” a la del “nosotros”.

En ese tránsito, el texto reconoce que colaborar implica costos. Supone ceder parte del control, asumir pérdidas simbólicas o económicas y aceptar que el valor generado en conjunto supera al beneficio individual inmediato. La “última milla” de la articulación —ese espacio donde confluyen lo público, lo privado y lo comunitario— es presentada como el terreno más exigente y, al mismo tiempo, más fértil para la innovación institucional.

A treinta años de su creación, el GDFE enmarca esta iniciativa como parte de una agenda orientada a fortalecer la inversión social privada y las prácticas colaborativas. Lejos de una conmemoración retrospectiva, el aniversario fue asumido como una oportunidad para proyectar una plataforma permanente de diálogo, confianza y cooperación intersectorial.

La reflexión final del paper sostiene que la transformación que necesita la Argentina no será obra de un actor aislado, sino el resultado de una comunidad que elija cooperar. En un país atravesado por la polarización, el desafío es tanto técnico como cultural: reconstruir los lazos que permitan reconocerse en un destino compartido. Para el GDFE, la acción colectiva no es solo un método de trabajo, sino una visión ética y política que vincula el progreso individual con el bienestar común.

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