Lejos de provocar una retirada masiva, el paquete de simplificación Omnibus I de la Unión Europea parece haber consolidado el reporte de sostenibilidad como una práctica estratégica en el sector corporativo. Según un nuevo estudio de la empresa tecnológica osapiens, el 90% de las compañías que quedaron fuera del alcance obligatorio de la Corporate Sustainability Reporting Directive (CSRD) tiene previsto mantener o incluso ampliar su actividad de reporting.

Foto: Andreas Rasche, profesor de Empresa y Sociedad en la Copenhagen Business School.
El informe, titulado “Beyond Compliance: Sustainability Reporting After the Omnibus”, es uno de los primeros en medir la reacción empresarial tras los cambios regulatorios introducidos por el Omnibus I. Basado en una encuesta a 403 directivos de empresas con más de 1.000 empleados en Reino Unido, DACH, Benelux y Francia, el estudio muestra que el reporte ha dejado de percibirse únicamente como una obligación normativa para convertirse en una herramienta central de gestión de riesgos, asignación de capital y posicionamiento competitivo.
Del cumplimiento a la función crítica del negocio
Aunque el Omnibus redefinió qué compañías están obligadas formalmente a reportar bajo marcos como la CSRD, no alteró la necesidad de gestionar riesgos climáticos, operativos y de cadena de suministro. En ese contexto, el 86% de las empresas excluidas asegura que puede seguir elaborando informes alineados con estándares de nivel CSRD, pese a no estar ya bajo su mandato directo.
Además, casi el 89% de todas las compañías encuestadas prevé aumentar su inversión en automatización y herramientas tecnológicas para el reporte en los próximos 12 meses. En paralelo, el 90% afirma que la información de sostenibilidad ya está integrada —parcial o totalmente— con los procesos de reporte financiero, reflejando una convergencia creciente entre desempeño ESG y gestión económica.
Datos que impactan decisiones estratégicas
Los resultados evidencian que la información de sostenibilidad se utiliza activamente en decisiones empresariales de alto impacto. Entre los principales usos declarados se encuentran:
- Planificación operativa y de recursos (52,8%)
- Innovación y diseño de procesos (47,7%)
- Planificación financiera y decisiones de inversión (38,1%)
- Evaluación de riesgos en la cadena de suministro (38,1%)
En cuanto a beneficios, el 49,2% de los encuestados destaca la mayor visibilidad de riesgos climáticos y operativos. Otros mencionan el fortalecimiento de la confianza inversora gracias a información auditable (43,8%), el cumplimiento de exigencias de clientes y socios (43,8%) y una mejor integración entre decisiones financieras y de sostenibilidad (43,3%).
La “paradoja de la sostenibilidad”
Sin embargo, el estudio identifica una tensión estructural. Aunque el 90% de las empresas exentas planea continuar reportando, el 84,5% anticipa que una menor supervisión regulatoria podría traducirse en menos recursos internos destinados a esta función.
Las principales barreras señaladas son restricciones presupuestarias (43%), sistemas de datos fragmentados (40,7%), deficiente integración tecnológica (31%) y falta de claridad en la asignación de responsabilidades (29,07%). Esta combinación da lugar a lo que el informe denomina una “paradoja de sostenibilidad”: alto reconocimiento estratégico del valor del reporte, pero con potencial reducción de apoyo operativo.
En un entorno de creciente fragmentación regulatoria y marcos voluntarios múltiples —como VSME, CCF, GRI o ISSB—, la gestión centralizada de datos y la automatización emergen como factores clave para sostener la calidad y consistencia del reporting.
La visión académica y empresarial
Para Andreas Rasche, profesor de Empresa y Sociedad en la Copenhagen Business School, los resultados reflejan “una clara preferencia por dar continuidad al reporte entre las empresas de mayor tamaño que quedaron exentas bajo el paquete Omnibus I”, lo que sitúa al reporte voluntario y a las estrategias más allá del cumplimiento en el centro de la agenda futura.
En la misma línea, Alberto Zamora, cofundador y coCEO de osapiens, subraya que, pese al cambio de dirección regulatoria, las compañías no están retrocediendo. “Han comprendido que el reporte ya no es solo un ejercicio de cumplimiento, sino parte de cómo entienden el riesgo, asignan capital y crecen de forma sostenible”, señala.
Más allá de la presión normativa
El estudio concluye que el reporte de sostenibilidad se consolida como una expectativa del mercado, incluso en contextos de menor presión regulatoria. Cada vez más, funciona como condición para acceder a financiación, cumplir exigencias de clientes y cadenas de suministro, y orientar inversiones con base en datos confiables.
De las empresas relevadas, se estima que el 24% quedará fuera del ámbito de la CSRD tras la simplificación del Omnibus, mientras que el 76% continuará dentro. Sin embargo, los datos sugieren que, obligadas o no, la mayoría de las grandes compañías europeas ha decidido que la sostenibilidad ya no es solo una cuestión de regulación, sino un componente estructural de su competitividad.


