“La sostenibilidad debe convertirse en un factor de competitividad en un mundo más fragmentado”

La creciente tensión entre las principales potencias, la proliferación de conflictos armados y el giro hacia políticas comerciales más restrictivas están redefiniendo el escenario en el que operan las empresas. En ese marco, Martín Berardi —vicepresidente del CEADS y presidente del Directorio de Ternium— planteó durante el Kick Off 2026 de la entidad la necesidad de recalibrar la agenda de sostenibilidad y alinearla con un objetivo central: fortalecer la competitividad en un contexto global más fragmentado e incierto.

Foto: Martín Berardi, vicepresidente del CEADS y presidente del Directorio de Ternium, durante el Kick Off 2026.

Berardi describió un contexto global marcado por una “polarización más compleja” que la de décadas anteriores, impulsada por la creciente influencia de China y la reacción de Estados Unidos. A diferencia del pasado, sostuvo, se trata de un sistema profundamente interdependiente, donde las tensiones no implican una ruptura total, sino una reconfiguración de vínculos económicos y políticos.

A este escenario se suman los conflictos bélicos, que —según explicó— incrementan la incertidumbre y ponen en el centro la cuestión energética, forzando una revisión de la transición hacia fuentes más limpias. “La energía está en el corazón de este problema”, advirtió, al tiempo que señaló que garantizar el abastecimiento de insumos críticos se volvió una prioridad estratégica para las economías.

En materia comercial, Berardi apuntó a un cambio de paradigma. La globalización, que durante años impulsó el crecimiento económico, enfrenta ahora cuestionamientos por los desequilibrios estructurales que generó. En particular, mencionó el impacto de la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001, que contribuyó a profundizar superávits y déficits comerciales de largo plazo.

La reacción, explicó, fue una escalada de medidas proteccionistas lideradas inicialmente por Estados Unidos —y luego replicadas por Europa, India y algunos países de América Latina— a través de aranceles, cuotas y barreras antidumping. Este fenómeno, afirmó, marca el retroceso de la globalización tal como se conocía y el avance de una lógica de regionalización y acuerdos bilaterales.

Estamos frente a un mundo distinto, más incierto, más inseguro y con un multilateralismo debilitado”, sintetizó. En ese marco, también advirtió que la agenda global de sostenibilidad enfrenta mayores dificultades para avanzar en consensos ambiciosos, al tiempo que emergen nuevas regulaciones, como los mecanismos de ajuste por carbono en frontera en Europa.

En el plano local, Berardi destacó que Argentina atraviesa una etapa de transformación económica tras haber estabilizado variables clave como el frente fiscal y la macroeconomía. Sin embargo, subrayó que el desafío central es lograr un crecimiento sostenible basado en mayor competitividad, aumento de exportaciones y atracción de inversiones.

En este punto, hizo hincapié en la necesidad de generar empleo privado formal como pilar de cualquier proceso de desarrollo. Para ello, propuso trabajar en dos dimensiones: puertas adentro de las empresas, mediante la incorporación de tecnología y el desarrollo del talento; y puertas afuera, articulando con el Estado reformas regulatorias que favorezcan la inversión y la agregación de valor.

Si bien reconoció avances en materia laboral, señaló que persisten desafíos en el sistema impositivo, que aún requiere mejoras para potenciar la competitividad.

En este nuevo contexto, Berardi planteó que la sostenibilidad debe dejar de ser vista únicamente como una agenda reputacional para convertirse en un componente central de la competitividad empresarial. “Tiene que generar valor”, resumió.

Entre las prioridades, mencionó la necesidad de orientar la sostenibilidad hacia sectores clave como la energía, la minería y el agro; fortalecer la gestión vinculada a la licencia social para operar; y adoptar objetivos realistas, alineados tanto con la agenda global como con las particularidades locales.

Como ejemplo concreto, destacó las inversiones en energías renovables realizadas por sectores industriales en Argentina, con más de 1.300 MW instalados en parques eólicos. Estas iniciativas —explicó— no solo contribuyen a la descarbonización, sino que también permiten reducir costos, asegurar el suministro energético y anticiparse a futuras regulaciones.

Finalmente, Berardi delineó la propuesta de valor del CEADS para 2026, centrada en anticipar tendencias regulatorias, incidir en la normativa local, integrar riesgos ESG en la gestión corporativa y promover oportunidades de economía circular entre industrias.

El mensaje de cierre fue una convocatoria a la acción colectiva: frente a un entorno cada vez más complejo, llamó a las empresas a involucrarse activamente en el espacio del CEADS para compartir experiencias y fortalecer capacidades. “La sostenibilidad —concluyó— debe ser una herramienta concreta para competir en este nuevo mundo”.

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