En la apertura de la Reunión Anual 26 del WBCSD, su presidente y CEO, Peter Bakker, planteó un diagnóstico directo sobre el presente de la sostenibilidad corporativa: lejos de agotarse, atraviesa una etapa de maduración en la que debe demostrar su valor económico en un contexto global atravesado por la incertidumbre. El paso de la “moralidad a la materialidad”, y la necesidad de entender la competitividad como creación de valor para el mundo de los negocios, y por qué no ve al negacionismo climático ni a la fragmentación política como el principal riesgo actual, entre los destacados.

Foto: Peter Bakker, presidente y CEO del WBCSD, en la Reunión Anual 2026.
Ante unos 600 líderes empresariales, Bakker describió un escenario de “cambio radical” impulsado por tres fuerzas que están redefiniendo las bases del negocio: la geopolítica, la inteligencia artificial y los riesgos físicos asociados al cambio climático. Según explicó, la simultaneidad y velocidad de estos factores no solo reconfiguran mercados, sino que introducen nuevas tensiones en los procesos de toma de decisiones, especialmente en la asignación de capital.
En este contexto, la sostenibilidad dejó de ocupar un lugar principalmente vinculado a la ética corporativa para avanzar hacia lo que el ejecutivo denominó la “economización de la sostenibilidad”. Es decir, un enfoque en el que las iniciativas deben competir en igualdad de condiciones con otras inversiones estratégicas, demostrando su aporte en términos de riesgo, resiliencia y retorno. Para Bakker, este cambio representa una evolución saludable, aunque exigente, para las empresas.
El directivo advirtió, además, que el principal riesgo actual no es el negacionismo climático ni la fragmentación política, sino el predominio del corto plazo en la toma de decisiones. A su juicio, la pérdida de foco y consistencia en las estrategias empresariales puede erosionar los avances logrados. Sin embargo, sostuvo que se trata de un desafío de comportamiento que puede ser abordado mediante liderazgo, incentivos adecuados y marcos de gobernanza alineados.
Durante el encuentro, también se destacó que el desafío ya no pasa por elevar el nivel de ambición, sino por ejecutar con rapidez y escala. La capacidad de transformar la disrupción en ventajas competitivas y resiliencia será, según Bakker, el rasgo distintivo de la próxima generación de liderazgo empresarial.


