Economía circular: cambiar el motor mientras seguimos en marcha

Sergio Rengifo Caicedo, director ejecutivo de CECODES, sostiene que la economía circular ha dejado de ser una aspiración ambiental para convertirse en una necesidad estratégica frente a los crecientes desafíos que enfrenta el modelo económico global. En este artículo de opinión, el autor advierte sobre los costos económicos, sociales y ambientales de mantener esquemas lineales de producción y consumo, y analiza cómo la adopción de marcos de medición y gestión de la circularidad puede ayudar a las empresas a fortalecer su competitividad, reducir riesgos y generar valor en un contexto marcado por la presión sobre los recursos y la urgencia de avanzar hacia modelos de desarrollo más sostenibles.

Foto: Sergio Rengifo Caicedo, director ejecutivo de CECODES.

Imaginen por un momento que la economía global es un gran vehículo en plena autopista. Durante décadas lo hemos conducido a toda velocidad con un solo combustible: extraer, producir, consumir y desechar. El problema es que el tanque ya marca reserva, el motor se recalienta y, aun así, seguimos acelerando. La economía circular no es frenar de golpe ni bajarse del vehículo: es cambiar el motor mientras seguimos en movimiento, rediseñando cómo creamos y conservamos valor.

Hoy la evidencia es clara. El Protocolo Global de Economía Circular para las Empresas (GCP, por sus siglas en inglés), liderado por nuestra casa matriz el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD) en alianza con el One Planet Network de UNEP, surge precisamente para ofrecer a las empresas un marco común y riguroso que permita medir, gestionar y comunicar la circularidad con la misma credibilidad que hoy tienen el carbono o la información financiera. El mensaje es contundente: sin métricas claras, la circularidad no escala.

Las cifras que acompañan este llamado no dejan espacio para la complacencia. El WBCSD estima que la adopción global del Protocolo podría generar ahorros acumulados de entre 100 y 120 mil millones de toneladas de materiales entre 2026 y 2050, al tiempo que permitiría reducir entre 6% y 7% anual las emisiones globales de gases de efecto invernadero en ese mismo periodo. Además, los beneficios sobre la salud y la naturaleza son significativos, con reducciones anuales de 11% a 12% en contaminación del aire. En otras palabras, la circularidad no es un “plus ambiental”; es una estrategia sistémica de competitividad y resiliencia.

Esta urgencia se confirma desde otro ángulo con el Circularity Gap Report 2026, desarrollado por Circle Economy en colaboración con Deloitte. El informe introduce el concepto del “Value Gap” o brecha de valor, revelando que el modelo lineal actual provoca una pérdida anual estimada de 25,4 billones de euros, equivalente a cerca del 31% del PIB global. Dicho de forma simple: por cada 3 euros de valor que genera la economía mundial, 1 euro se pierde por ineficiencias, desperdicio, obsolescencia prematura y mala gestión de materiales, energía y alimentos.

Más preocupante aún es que el problema no se limita al dinero. El mismo informe muestra que la circularidad global continúa disminuyendo: hoy solo 6,9% de los materiales que ingresan a la economía mundial provienen de fuentes secundarias, una caída sostenida respecto a años anteriores. Esto sucede mientras el consumo total de materiales ya supera los 100 mil millones de toneladas al año, evidenciando una desconexión peligrosa entre crecimiento económico y límites planetarios.

Frente a este panorama, insistir en modelos tradicionales ya no es una opción estratégica viable. El Protocolo Global de Economía Circular del WBCSD responde precisamente a esta brecha, proponiendo un enfoque estructurado en cinco etapas (definir, preparar, medir, gestionar y comunicar) que permite a las empresas integrar la circularidad en el corazón de su estrategia, desde el diseño de productos hasta la toma de decisiones del más alto nivel. Al estandarizar los flujos de materiales y vincularlos con impactos en clima, naturaleza, equidad y desempeño financiero, el Protocolo sienta las bases para atraer inversión, generar confianza y evitar el “circular washing”.

Para el sector empresarial colombiano y latinoamericano, este no es un debate lejano. Es una oportunidad concreta de redefinir el crecimiento en contextos marcados por la presión sobre los recursos, la volatilidad de las cadenas de suministro y un entorno regulatorio cada vez más exigente. Aquí es donde desde CECODES queremos ser un aliado estratégico.

A través de nuestro Programa de Circularidad Empresarial, acompañamos a las empresas a traducir estos marcos globales en acciones reales y medibles. Lo hacemos fortaleciendo capacidades internas, apoyando la definición de indicadores alineados con el GCP del WBCSD, identificando oportunidades de innovación en modelos de negocio y facilitando la colaboración entre actores de la cadena de valor. No se trata solo de reciclar más, sino de diseñar mejor, usar menos recursos vírgenes, extender la vida útil de los productos y capturar valor donde hoy se pierde.

Mi invitación al empresariado es clara: la economía circular no es el destino final, es el nuevo motor que necesitamos instalar para seguir avanzando. Las cifras demuestran que el costo de no hacerlo es inmenso, pero también que la oportunidad es quizás una de las más grandes de nuestra generación. Desde CECODES, estamos listos para acompañar a las empresas en este cambio de motor, asegurando que la circularidad deje de ser un concepto aspiracional y se convierta en una ventaja competitiva tangible y duradera.

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