Así lo advirtió Roberto Bocca, director del Centro de Energía y Materiales del Foro Económico Mundial, al presentar el Índice de Transición Energética (ETI) 2026. Según su mirada, pese a las inversiones récord registradas durante 2025, los avances se desaceleraron debido al deterioro de las condiciones necesarias para sostener el cambio hacia sistemas energéticos más sostenibles, seguros y equitativos. Entre los hallazgos más destacados del informe figuran la caída de la preparación para la transición por primera vez en más de una década, la creciente concentración de las inversiones en energías limpias y las marcadas diferencias de desempeño entre regiones.

Foto: Roberto Bocca, director del Centro de Energía y Materiales del Foro Económico Mundial.
El informe, elaborado por el Foro Económico Mundial en colaboración con Accenture, revela que la transición energética mundial se estancó a pesar de que las inversiones alcanzaron un máximo histórico de 3,3 billones de dólares en 2025, de los cuales 2,3 billones correspondieron a energías limpias. Según el análisis, existe una desconexión cada vez mayor entre el volumen de capital movilizado y la capacidad de los países para convertir esas inversiones en avances sostenidos.
La publicación destaca además que la reciente interrupción del tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz expuso vulnerabilidades estructurales de los sistemas energéticos globales. El episodio puso de relieve la dependencia de numerosas economías emergentes de las importaciones energéticas y evidenció cómo los riesgos geopolíticos pueden afectar simultáneamente la seguridad energética, la asequibilidad y los objetivos de sostenibilidad.
El Índice de Transición Energética evalúa el desempeño de los sistemas energéticos nacionales en tres dimensiones: seguridad, sostenibilidad y equidad. También mide el nivel de preparación de cada país para impulsar la transición mediante políticas públicas, infraestructura, innovación e inversiones. En 2026, las puntuaciones globales permanecieron prácticamente sin cambios respecto del año anterior, reflejando una desaceleración del impulso mundial.
Aunque el 60% de los países mejoró su puntaje general, los avances equilibrados fueron menos frecuentes. Solo uno de cada cuatro países logró progresar simultáneamente en las tres dimensiones analizadas. Las mejoras observadas en algunos indicadores fueron contrarrestadas por retrocesos en materia de seguridad energética y preparación para la transición, en un contexto marcado por restricciones financieras y cuellos de botella en infraestructura.
Entre los líderes globales continuaron destacándose los países nórdicos, que mantuvieron las mejores posiciones del ranking. Singapur fue uno de los países con mayor progreso relativo, al ascender diez puestos gracias a nuevas regulaciones y un mayor compromiso político. Las economías avanzadas ocuparon 14 de los 20 primeros lugares del índice, aunque sus avances fueron limitados, con un incremento promedio de apenas 0,2% interanual.
Dentro del G20, seis países lograron ubicarse entre los veinte primeros: Alemania (9°), Francia (10°), Reino Unido (11°), China (14°), Brasil (17°) y Estados Unidos (19°). China continuó ampliando sus inversiones en energías limpias a niveles récord, mientras que India registró uno de los mayores avances en preparación para la transición. Estados Unidos, por su parte, conservó un sólido desempeño en materia de seguridad energética pese a una leve caída en su posición general.
Las diferencias regionales fueron otro de los rasgos sobresalientes del informe. África subsahariana registró los mayores avances relativos, mientras que América Latina mostró un debilitamiento asociado principalmente a la pérdida de preparación para la transición. Brasil se mantuvo como líder regional gracias a una matriz energética diversificada y con fuerte presencia de fuentes renovables.
El estudio identifica a la creciente demanda mundial de electricidad como uno de los principales desafíos para los próximos años. El consumo eléctrico aumentó un 3% impulsado por la electrificación de actividades productivas, la expansión de la infraestructura digital, las necesidades de refrigeración y el crecimiento de aplicaciones vinculadas a la inteligencia artificial. Sin embargo, alrededor del 80% de ese incremento de la demanda se concentra en economías emergentes, que continúan enfrentando mayores costos de financiamiento y déficits de infraestructura.
Otro factor de preocupación es la elevada concentración geográfica de las inversiones. Aunque el flujo de capital hacia energías limpias alcanzó niveles históricos, aproximadamente el 75% de esos recursos se dirigió a un número reducido de economías, ampliando la brecha entre los países que reciben inversiones y aquellos donde el crecimiento de la demanda energética es más acelerado.
Frente a este escenario, el Foro Económico Mundial plantea tres prioridades para sostener el progreso de la transición energética: incorporar la seguridad y la resiliencia desde el diseño de los sistemas energéticos, acelerar la expansión de las redes eléctricas y la integración de infraestructura, y restablecer condiciones de inversión estables mediante marcos regulatorios previsibles y flujos de capital orientados especialmente a las economías emergentes. Según el informe, los países que logren avanzar simultáneamente en estos tres frentes estarán mejor posicionados para transformar las actuales presiones geopolíticas y económicas en ventajas competitivas de largo plazo.


