La doble materialidad continúa consolidándose como un elemento central de la gestión empresarial, aunque todavía enfrenta desafíos para traducirse en decisiones estratégicas de inversión. Esa es una de las principales conclusiones del VI Barómetro sobre Materialidad, elaborado por DIRSE y EY, presentado durante la EY Impact Week 2026, la iniciativa anual impulsada por la firma a nivel global para promover el debate sobre el papel de la sostenibilidad en la transformación de los negocios.

Foto: Alberto Andreu, Joyce Bruce Dennis, Nuria Rodríguez Peinado, Alberto Castilla, Isabel García Tejerina y Eduardo Madina Muñoz.
El estudio, construido a partir de la visión de profesionales de la sostenibilidad, analiza la evolución de las prioridades ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) y el grado de integración de la doble materialidad en las organizaciones. Los resultados reflejan un cambio de enfoque: el análisis de materialidad ha dejado de concebirse como un ejercicio orientado exclusivamente al reporte para convertirse en una herramienta de gobernanza, planificación y definición de prioridades corporativas.
Según el informe, el 85% de las organizaciones ya involucra de manera transversal a distintas áreas de la empresa en el proceso de análisis de materialidad, mientras que el 82% asegura que los resultados son revisados por la alta dirección o el consejo de administración. Asimismo, siete de cada diez organizaciones utilizan este ejercicio para priorizar impactos, riesgos y oportunidades, así como para definir sus hojas de ruta en materia de sostenibilidad.
Sin embargo, el Barómetro también identifica una brecha significativa entre el reconocimiento estratégico de la doble materialidad y su influencia efectiva sobre la asignación de capital y las decisiones de inversión. Aunque las organizaciones declaran la importancia de estos análisis, todavía persiste una distancia entre aquello que se considera prioritario y aquello que realmente orienta la gestión y la inversión empresarial. Por ejemplo, solo el 54 % de las organizaciones la incorpora formalmente en su estrategia corporativa y apenas un 32 % la utiliza para orientar decisiones de inversión.
Una agenda que cambia de prioridades
El estudio concluye que 2025 fue un año de aparente estabilidad, pero que la agenda de sostenibilidad para 2026 evoluciona hacia una mayor relevancia de los aspectos sociales, regulatorios y digitales, mientras los temas ambientales pierden protagonismo relativo.
Entre las cuestiones emergentes destacan la ciberseguridad, la digitalización y el impacto de la inteligencia artificial, factores que comienzan a incorporarse como elementos materiales para las organizaciones. Al mismo tiempo, el creciente contexto geopolítico y sus efectos sobre las cadenas globales de suministro aparecen como nuevas variables que condicionarán la gestión empresarial.
Durante la presentación del informe, los participantes coincidieron en que, frente a un entorno cada vez más incierto, contar con un ejercicio de materialidad robusto resulta esencial para mantener el foco estratégico de las organizaciones. También remarcaron que el cumplimiento regulatorio en materia de transparencia constituye apenas el punto de partida y que el verdadero desafío consiste en utilizar la información para gestionar y transformar el negocio.
La sostenibilidad busca demostrar un impacto tangible
La presentación del Barómetro formó parte de la EY Impact Week 2026, una jornada en la que la consultora reunió a directivos, especialistas y representantes de distintos sectores para debatir cómo la sostenibilidad está dejando de ser un concepto intangible para convertirse en un factor con efectos medibles sobre el desempeño empresarial.
Uno de los ejes del encuentro fue el concepto de “impacto tangible”, desarrollado por EY para explicar cómo las estrategias de sostenibilidad generan resultados concretos en tres dimensiones: el desempeño financiero, la gestión de riesgos y resiliencia, y el impacto sobre el entorno social y ambiental donde operan las compañías.
Los expertos participantes coincidieron en que la sostenibilidad está evolucionando desde una lógica centrada en el cumplimiento normativo hacia una integración cada vez más profunda en la estrategia corporativa. Asimismo, señalaron que la presión de reguladores e inversores acelera esta transformación y obliga a las empresas a medir con mayor precisión su contribución económica, social y ambiental.
Más gestión y menos discurso
La jornada también sirvió para presentar un informe sobre financiación sostenible en España, que expone el creciente volumen de recursos destinados a apoyar la transición hacia modelos económicos más sostenibles. Sin embargo, el mensaje transversal del encuentro fue que el acceso a financiación dependerá cada vez más de la capacidad de las organizaciones para demostrar, mediante evidencia y métricas, el impacto real de sus iniciativas.
En las conclusiones del evento, los responsables de EY resumieron el debate alrededor de tres conceptos: impacto tangible, lenguaje de negocio y propósito. La firma sostuvo que la sostenibilidad debe expresarse en términos comprensibles para los órganos de dirección y traducirse en resultados verificables, más allá del cumplimiento regulatorio.
En ese sentido, los organizadores coincidieron en que las empresas enfrentan una transformación estructural. La sostenibilidad ya no constituye únicamente un requisito de transparencia, sino un factor que condiciona la competitividad, la resiliencia y la capacidad de crecimiento. El desafío, concluyeron, consiste en integrar las prioridades ASG dentro del negocio, gestionarlas con rigor y demostrar de manera consistente el valor que generan para la organización y su entorno.


