El quinto informe anual de RepRisk advierte que los incidentes asociados al greenwashing se multiplicaron desde 2022 y que las acusaciones son cada vez más graves. Por primera vez en cinco años, los impactos sobre los ecosistemas y la biodiversidad superaron al cambio climático y las emisiones entre las principales preocupaciones ambientales vinculadas con estas prácticas.

El avance de la transición energética está modificando el mapa de riesgos asociados al greenwashing. Según el “Fifth Annual Greenwashing Report”, elaborado por RepRisk, los incidentes vinculados con esta práctica aumentaron un 112% entre 2022 y 2026, mientras que el número de empresas identificadas con este tipo de riesgo llegó a 1.594 en 2026, un 28% más que el año anterior.
El estudio señala que la exposición al greenwashing ya no se concentra únicamente en las industrias tradicionalmente asociadas con altas emisiones. También alcanza a las empresas, tecnologías, proyectos y entidades financieras que participan en el desarrollo de energías renovables, la extracción de minerales para la transición y la construcción de infraestructura baja en carbono.
El cambio refleja una mayor exigencia sobre la credibilidad de los compromisos ambientales. A medida que aumentan las inversiones y las expectativas vinculadas con la descarbonización, las afirmaciones corporativas sobre energía limpia, inversiones sostenibles y objetivos de cero emisiones netas quedan sometidas a un escrutinio más amplio.
La transición energética amplía el mapa de riesgos
De acuerdo con RepRisk, el 2,2% de las empresas incluidas en su universo de análisis estuvo vinculado con riesgos de greenwashing en 2026, frente al 1,8% registrado en 2022. Además de crecer, la exposición muestra una mayor persistencia: cada vez más incidentes involucran a compañías que ya habían sido identificadas en años anteriores.
La distribución sectorial también está cambiando. Entre 2022 y 2026, petróleo y gas, servicios públicos, minería y energías alternativas aumentaron su participación entre las empresas vinculadas con el greenwashing. En cambio, los servicios financieros y el sector de alimentos y bebidas redujeron su participación relativa.
Una tendencia similar aparece al analizar los incidentes relacionados con cuestiones ambientales. En los últimos cinco años, los sectores de energías alternativas, metales industriales, minería, software y servicios informáticos, y servicios públicos incrementaron en conjunto 11,4 puntos porcentuales su participación en los incidentes relacionados con cuestiones ambientales vinculadas al greenwashing. En el mismo período, la participación de petróleo y gas disminuyó 4,9 puntos porcentuales.
Estos resultados muestran que la participación en la transición energética no exime a una empresa de riesgos ambientales o reputacionales. Por el contrario, las actividades que contribuyen a reducir las emisiones también pueden generar impactos sobre el uso del suelo, los recursos naturales, los ecosistemas y las comunidades.
El informe menciona distintos ejemplos de esta tensión: proyectos eólicos cuestionados por sus posibles efectos sobre especies protegidas en Japón; operaciones de extracción y procesamiento de níquel en Indonesia señaladas por presuntos daños a los bosques, los ecosistemas y las comunidades locales; y proyectos de créditos de carbono cuya integridad o impacto social fue objeto de cuestionamientos.
En este escenario, el concepto de transition-washing adquiere relevancia. Se refiere a afirmaciones sobre objetivos de cero emisiones netas, inversiones en energías renovables o planes de descarbonización que no cuentan con evidencia suficiente para respaldarlas.
Biodiversidad y ecosistemas superan al cambio climático
Uno de los principales hallazgos del reporte es el cambio en las cuestiones ambientales asociadas con el greenwashing. Por primera vez en cinco años, los ecosistemas y la biodiversidad fueron los temas más frecuentemente vinculados con estos riesgos, por encima del cambio climático y las emisiones.
El resultado indica que el análisis de la credibilidad ambiental corporativa está ampliándose más allá de la huella de carbono y los compromisos climáticos. Los impactos sobre los hábitats naturales, la biodiversidad, el uso del suelo y la contaminación local adquieren mayor relevancia, especialmente en las actividades que forman parte de la transición energética.
Las diferencias entre sectores permiten observar esta evolución. Entre 2022 y 2026, las energías alternativas registraron 116 vinculaciones con cuestiones relacionadas con ecosistemas y biodiversidad, frente a 92 asociadas con cambio climático y emisiones.
En minería, servicios públicos y metales industriales también ganaron peso las preocupaciones que exceden las emisiones, incluidas las relacionadas con los ecosistemas, la biodiversidad y la contaminación local.
En contraste, las emisiones y los compromisos climáticos continúan siendo centrales en sectores como petróleo y gas y en las entidades financieras. Entre 2022 y 2026, petróleo y gas acumuló 374 vinculaciones con cuestiones climáticas, mientras que los sectores de servicios financieros y banca sumaron 199.
El sector tecnológico también aparece en el análisis. Software y servicios informáticos registró 54 vinculaciones relacionadas con el clima, la categoría más frecuente para ese sector, en un contexto de creciente demanda energética asociada a las actividades digitales.
La conclusión es que las credenciales climáticas de un proyecto no necesariamente reflejan la totalidad de sus impactos ambientales. Una iniciativa puede contribuir a la descarbonización y, al mismo tiempo, generar riesgos significativos para la biodiversidad o las comunidades.
El sector financiero permanece en el centro del problema
Las entidades financieras continúan teniendo una exposición relevante al greenwashing, incluso cuando los riesgos no se originan en sus propias operaciones, sino en las empresas y los proyectos que financian, en los que invierten o cuyos instrumentos suscriben.
Según el informe, los sectores de servicios financieros y banca representaron conjuntamente una quinta parte de todas las vinculaciones sectoriales con empresas relacionadas con el greenwashing en 2026. Los servicios financieros se mantuvieron como el sector más expuesto durante todo el período analizado, mientras que la banca permaneció entre los diez sectores con mayor exposición.
El crecimiento de los fondos destinados a la transición y de los compromisos de cero emisiones netas intensifica el escrutinio sobre la correspondencia entre las declaraciones ambientales de las instituciones y el destino efectivo de sus recursos.
RepRisk destaca la importancia de respaldar los compromisos climáticos con objetivos verificables y basados en la ciencia. En este sentido, las iniciativas internacionales de referencia, como el Grupo de Expertos de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre los compromisos de cero emisiones netas y la iniciativa Science Based Targets, promueven metas intermedias concretas y una mayor alineación de las actividades financiadas con trayectorias compatibles con los objetivos climáticos.
El desafío es especialmente relevante para las denominadas finanzas de transición, que destinan capital a actividades que todavía no están alineadas con los objetivos de cero emisiones netas, pero que aspiran a estarlo en el futuro. En estos casos, la evaluación debe considerar tanto la credibilidad de los planes de las empresas receptoras como las afirmaciones de las entidades que proporcionan el financiamiento.
El reporte también advierte que una etiqueta de baja emisión de carbono no garantiza la ausencia de otros riesgos ambientales y sociales. Por eso, el análisis de una inversión requiere considerar no solo sus beneficios climáticos, sino también sus consecuencias sobre los ecosistemas, el agua, el territorio y las comunidades.
Aumentan la gravedad y la recurrencia de los incidentes
El crecimiento del greenwashing no se limita a la cantidad de incidentes. RepRisk también identifica un aumento en la gravedad de las acusaciones y una mayor recurrencia de las empresas involucradas.
En 2026, casi uno de cada cuatro incidentes de greenwashing incluyó acusaciones graves, frente a aproximadamente uno de cada seis en 2022. Durante ese período, tanto los incidentes con acusaciones graves como aquellos con acusaciones de gravedad muy alta se multiplicaron por más de tres.
La persistencia de los riesgos también resulta significativa. En 2026, el 57% de las empresas vinculadas con greenwashing aparecía por primera vez en los datos de RepRisk, frente al 73% registrado en 2022. A su vez, tres de cada cuatro incidentes de ese año involucraron a compañías que ya habían sido relacionadas con el greenwashing en períodos anteriores.
La recurrencia varía según el sector. En aerolíneas y banca, más de la mitad de las empresas identificadas en 2025 volvió a aparecer en 2026. En minería, en cambio, el 72% de las compañías vinculadas con greenwashing en 2026 aparecía por primera vez, mientras que en energías alternativas la proporción fue del 62%. En petróleo y gas, solo el 43% correspondió a empresas identificadas por primera vez.
Para los inversores y prestamistas, estos datos refuerzan la necesidad de distinguir entre una exposición puntual y un patrón de conducta reiterado. La frecuencia de los incidentes, su gravedad y los antecedentes de cada compañía ofrecen elementos diferentes para evaluar el riesgo empresarial.
América supera a Europa en cantidad de incidentes
El reporte también identifica cambios en la distribución geográfica del greenwashing. En 2026, América registró 268 incidentes, frente a 242 en Europa, convirtiéndose por primera vez en la región con mayor volumen de casos identificados por RepRisk.
Sin embargo, la cantidad absoluta de incidentes no equivale necesariamente a una mayor incidencia relativa. Cuando se considera la proporción de greenwashing sobre el conjunto de los riesgos de conducta empresarial registrados en cada región, Oceanía encabezó la clasificación, con un 3,1% en 2026.
Ambas métricas permiten observar dimensiones diferentes del problema: América concentró el mayor número de incidentes, mientras que Oceanía presentó la mayor proporción respecto del total de riesgos de conducta empresarial.
La credibilidad va más allá del cumplimiento normativo
El aumento de los riesgos se produce en un escenario de marcos regulatorios cada vez más heterogéneos. RepRisk señala que las exigencias de divulgación, diligencia debida y comunicación ambiental evolucionan a ritmos diferentes según la jurisdicción.
En la Unión Europea, el informe identifica un panorama regulatorio complejo, marcado por el estancamiento de la propuesta de directiva sobre declaraciones ambientales (Green Claims Directive) y por las reformas de 2026 que redujeron el alcance de determinadas obligaciones de información sobre sostenibilidad y diligencia debida. Al mismo tiempo, otras normas destinadas a proteger a los consumidores frente a afirmaciones ambientales engañosas comenzaron a aplicarse el 27 de septiembre de 2026.
En otros mercados, los enfoques también divergen. El Reino Unido ha puesto el foco en la supervisión financiera; Suiza, Asia-Pacífico y los países del Golfo avanzan en marcos vinculados con estándares internacionales de divulgación; y en Estados Unidos persiste la incertidumbre en el ámbito federal, mientras algunas obligaciones estatales siguen sujetas a litigios.
Para RepRisk, esta fragmentación refuerza la diferencia entre cumplir con las obligaciones formales y sostener afirmaciones ambientales creíbles. Una empresa puede satisfacer los requisitos de divulgación aplicables y, aun así, enfrentar cuestionamientos si sus declaraciones no reflejan de manera completa los impactos ambientales y sociales de sus actividades.
El reporte señala que el análisis independiente de riesgos puede contribuir a contrastar las afirmaciones corporativas con información sobre la conducta empresarial. La metodología de RepRisk excluye las declaraciones realizadas por las propias compañías de sus datos de riesgo y utiliza fuentes como organismos reguladores, tribunales, organizaciones no gubernamentales y medios de comunicación locales e internacionales.
En definitiva, los resultados del quinto informe anual de RepRisk muestran que el greenwashing se está convirtiendo en un desafío más extendido y complejo para las empresas y los mercados financieros. La transición energética amplía las oportunidades de inversión, pero también somete a un escrutinio creciente a quienes la financian, desarrollan sus tecnologías y presentan sus beneficios ambientales.
En ese escenario, la credibilidad de una estrategia de sostenibilidad dependerá cada vez más de la capacidad de demostrar resultados, respaldar los compromisos con evidencia verificable y evaluar el conjunto de los impactos ambientales y sociales, más allá de las emisiones de carbono o de las etiquetas asociadas a la transición.


