Las emisiones globales deben caer un 45% para 2035 para limitar el calentamiento a 1,5 °C

El nuevo Emissions Gap Report 2026 del PNUMA sostiene que todavía es posible regresar al límite de temperatura del Acuerdo de París antes de fin de siglo, aunque será necesario acelerar drásticamente la reducción de gases de efecto invernadero. Con las políticas actuales, el calentamiento global podría alcanzar los 2,8 °C.

El mundo se encamina a superar el umbral de 1,5 °C de calentamiento global, pero ese escenario no implica que el objetivo climático haya perdido toda posibilidad de alcanzarse. Según el nuevo informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), todavía sería posible regresar a ese límite antes de 2100, siempre que los países reduzcan rápidamente sus emisiones de gases de efecto invernadero y mantengan ese esfuerzo durante las próximas décadas.

Publicado el 21 de octubre de 2026, el “Emissions Gap Report 2026: The Point of Return” plantea un escenario de «sobrepasamiento mínimo» (lowest possible overshoot), en el que la temperatura global alcanzaría un máximo de entre 1,7 y 1,8 °C hacia mediados de siglo y posteriormente descendería hasta situarse nuevamente en 1,5 °C o por debajo para 2100. El informe estima en aproximadamente un 50% la probabilidad de alcanzar ese resultado.

La condición para seguir esa trayectoria es una reducción de las emisiones globales de gases de efecto invernadero del 18% para 2030, del 45% para 2035 y del 69% para 2040, en todos los casos respecto de los niveles de 2025. El desafío es que los compromisos climáticos actuales están lejos de esa magnitud.

La brecha entre los compromisos y las reducciones necesarias

El análisis del PNUMA muestra que, incluso si se implementaran íntegramente las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC, por sus siglas en inglés) presentadas por los países en el marco del Acuerdo de París, las emisiones solo disminuirían entre un 5% y un 8% para 2030 y entre un 11% y un 15% para 2035, respecto de 2025.

La diferencia entre esos resultados y las reducciones necesarias para limitar el sobrepasamiento de 1,5 °C evidencia la distancia que todavía existe entre los compromisos internacionales y la trayectoria requerida por la ciencia climática.

Para alcanzar el escenario planteado, las emisiones deberían disminuir a un ritmo promedio anual del 5,7% entre 2025 y 2035, por encima del 5% anual contemplado en las trayectorias analizadas por el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) en su sexto informe de evaluación.

“Sobrepasar el límite no significa rendirse. Todavía podemos mantener ese exceso lo más pequeño y breve posible y llevar las temperaturas nuevamente por debajo de 1,5 grados antes de que termine el siglo”, señaló el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, al presentar las conclusiones.

El informe también advierte que cada cinco años de emisiones de dióxido de carbono (CO₂) en los niveles actuales agregan aproximadamente 0,1 °C al calentamiento máximo previsto. Por eso, el margen para reducir la magnitud del sobrepasamiento se estrecha a medida que se posterga la acción.

Tres escenarios de calentamiento: ninguno alcanza los objetivos de París

Las proyecciones actualizadas del PNUMA indican que las políticas climáticas vigentes siguen siendo insuficientes para contener el aumento de la temperatura global.

Si las políticas actuales continúan sin cambios sustanciales, el calentamiento podría alcanzar los 2,8 °C durante este siglo y seguir aumentando posteriormente. Si los países cumplen todos sus compromisos climáticos nacionales y mantienen esfuerzos similares, la temperatura se limitaría a unos 2,6 °C.

Incluso en el escenario más optimista contemplado por el informe, que supone el cumplimiento de las NDC y de los objetivos adicionales de cero emisiones netas, el calentamiento llegaría a aproximadamente 2,1 °C durante este siglo.

Las proyecciones son peores que las del informe anterior. El PNUMA atribuye este deterioro a la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París y a las revisiones de las estimaciones de emisiones históricas. Los nuevos compromisos climáticos presentados desde la edición anterior tuvieron un efecto marginal sobre los resultados previstos.

Estas cifras muestran que el problema no se limita a la distancia entre las promesas y las medidas adoptadas: también refleja la insuficiencia de los compromisos anunciados para transformar la trayectoria global de emisiones.

Energías renovables y políticas climáticas: avances que deben multiplicarse

Pese al panorama, el PNUMA identifica avances que demuestran que es posible reducir las emisiones mediante políticas públicas y cambios estructurales en los sistemas productivos y energéticos.

Desde la adopción del Acuerdo de París, la capacidad mundial de generación eléctrica renovable creció tres veces más rápido de lo previsto, mientras que la expansión de la energía solar fotovoltaica avanzó a un ritmo siete veces superior al anticipado. En paralelo, el suministro energético procedente del carbón y el petróleo creció más lentamente de lo que se proyectaba, y distintas políticas climáticas contribuyeron a reducir emisiones en varios países y sectores.

El informe reúne más de 220 evaluaciones de políticas públicas que aportan evidencia sobre su efectividad. Las medidas analizadas en el sector eléctrico redujeron las emisiones un promedio del 9%. Por su parte, los instrumentos económicos —incluidos los sistemas de comercio de emisiones y los impuestos al carbono— lograron reducciones de entre el 5% y el 13% en distintos sectores durante los períodos evaluados.

Sin embargo, estos resultados todavía están concentrados en determinados países, actividades y períodos. Para acercarse a una trayectoria compatible con el límite de 1,5 °C, el desafío consiste en replicar esas experiencias, ampliar su alcance y sostenerlas a lo largo del tiempo.

La directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen, advirtió que cada fracción adicional de grado y cada año de calentamiento por encima de 1,5 °C incrementan los impactos y los riesgos climáticos, como las inundaciones, las olas de calor y los incendios forestales registrados en distintos países.

En ese sentido, el organismo sostiene que las oportunidades tecnológicas y regulatorias disponibles deben traducirse en políticas capaces de acelerar reducciones profundas y sostenidas, con beneficios potenciales tanto para la estabilidad climática como para las economías y las sociedades.

Los objetivos energéticos para 2035 y 2040

El informe también plantea que los compromisos acordados por los países en el primer Balance Mundial (Global Stocktake) del Acuerdo de París deben ampliarse y convertirse en metas más concretas para 2035 y 2040.

Entre las prioridades se encuentran triplicar la capacidad mundial de energías renovables, duplicar el ritmo anual de mejora de la eficiencia energética, abandonar progresivamente los combustibles fósiles en los sistemas energéticos, reducir las emisiones distintas del CO₂ y detener y revertir la deforestación.

El PNUMA señala que las tendencias recientes de varios indicadores de emisiones absolutas continúan alejándose de la trayectoria necesaria. Esto incluye las emisiones vinculadas con los sistemas energéticos, el transporte por carretera y gases como el metano. Aunque algunas proyecciones anticipan una estabilización de determinadas emisiones hacia 2030, ninguna muestra reducciones a la velocidad y escala necesarias para minimizar el sobrepasamiento de 1,5 °C.

Para extender los objetivos energéticos hasta 2035, el organismo estima que la capacidad de generación eléctrica renovable debería al menos triplicarse y que la intensidad energética primaria del producto interno bruto tendría que reducirse un 30% respecto de 2025. Para 2040, las metas equivaldrían a multiplicar por 4,5 la capacidad renovable y reducir esa intensidad energética al menos un 40%.

En materia de combustibles fósiles, el escenario de sobrepasamiento mínimo requeriría que, para 2035, la participación del carbón, el petróleo y el gas en el suministro energético total disminuyera, respectivamente, al menos un 55%, un 15% y un 5% frente a los niveles de 2025. Para 2040, las reducciones deberían alcanzar el 75%, el 30% y el 35%.

La generación eléctrica a partir de carbón tendría que caer al menos un 75% para 2035 y prácticamente desaparecer a escala mundial para 2040. A su vez, las emisiones de metano deberían reducirse al menos un 25% para 2035 y un 40% para 2040, siempre en comparación con 2025.

La eliminación de CO₂, otro desafío de largo plazo

Incluso si se alcanzaran reducciones profundas de emisiones, el escenario analizado requeriría retirar de la atmósfera y almacenar de forma permanente alrededor de 320 gigatoneladas de CO₂ a lo largo de este siglo. El volumen equivale aproximadamente a ocho años de emisiones globales de CO₂ registradas en 2024.

El PNUMA advierte que la viabilidad de alcanzar esa escala de eliminación de carbono es incierta debido a las dificultades tecnológicas y socioeconómicas involucradas. Por lo tanto, la remoción de CO₂ no elimina la necesidad de reducir rápidamente las emisiones en su origen.

El informe plantea que el segundo Balance Mundial puede servir para reforzar las áreas prioritarias de mitigación, extender los objetivos cuantificados hasta 2035 y 2040 y establecer metas más claras que permitan evaluar los avances.

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