Las nuevas estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) muestran que la brecha salarial de género se redujo apenas dos puntos porcentuales en una década. El ritmo de mejora difiere entre países y niveles de ingresos, mientras persisten factores estructurales vinculados con el acceso al empleo, la segregación ocupacional, los cuidados y la progresión profesional.

Foto: Gustavo Fring / Pexels.
La brecha salarial de género mantiene una elevada persistencia en el mercado laboral global. De acuerdo con nuevas estimaciones de la OIT, publicadas el 18 de septiembre de 2026, las mujeres perciben en promedio alrededor de un 18% menos de ingresos que los hombres. El dato representa una reducción de apenas dos puntos porcentuales respecto de las estimaciones difundidas en 2018.
El ritmo de avance resulta especialmente relevante si se considera el período analizado. La reducción promedio ha sido de aproximadamente 0,2 puntos porcentuales por año, lo que plantea un desafío para los compromisos internacionales orientados a alcanzar la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor.
“Una reducción de apenas dos puntos porcentuales en diez años es sencillamente insuficiente”, afirmó Gilbert F. Houngbo, Director General de la OIT. Según el funcionario, la igualdad de remuneración constituye no solo una cuestión de equidad, sino también una condición para avanzar en la igualdad de género y la justicia social en el mundo del trabajo.
Diferencias según el nivel de ingresos
El promedio mundial también oculta diferencias importantes entre países y grupos de ingresos. Durante la última década, la brecha salarial se redujo alrededor de 2,5 puntos porcentuales en los países de ingresos altos, mientras que la disminución fue de aproximadamente 2 puntos en los países de ingresos medianos bajos y de 1 punto en los países de ingresos medianos altos.
La evolución no fue homogénea. Mientras algunos países registraron avances significativos, en otros las diferencias salariales entre mujeres y hombres permanecieron prácticamente sin cambios o incluso se ampliaron.
Para Emanuela Pozzan, Especialista Principal en Género de la OIT, estas diferencias muestran que existen posibilidades concretas de reducir la brecha, pero requieren políticas adaptadas a las características de cada mercado laboral. La especialista también advirtió que millones de mujeres continúan desempeñando trabajos que sostienen a familias, empresas y comunidades sin recibir una valoración económica equivalente.
Una brecha que excede al salario
La diferencia de ingresos entre mujeres y hombres no responde a un único factor. Para la OIT, la brecha salarial es el resultado de un conjunto de desigualdades que atraviesan las trayectorias laborales.
Entre ellas se encuentran las diferencias en el acceso al empleo y en las posibilidades de progresión profesional, la segregación ocupacional, la distribución desigual de las responsabilidades de cuidado remuneradas y no remuneradas, la discriminación y la infravaloración de determinadas actividades realizadas mayoritariamente por mujeres.
Por esta razón, reducir la brecha salarial requiere intervenir sobre las condiciones que determinan tanto el acceso como la permanencia y el desarrollo profesional de las mujeres. La organización plantea una responsabilidad compartida entre gobiernos, empleadores y trabajadores.
“La igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor” constituye, además, un principio fundamental de la OIT y está establecido en el Convenio sobre igualdad de remuneración de 1951 (núm. 100).
Transparencia, negociación y sistemas de cuidados
Entre las herramientas identificadas por la OIT para abordar las desigualdades se encuentran una mayor transparencia salarial, la evaluación objetiva de los puestos de trabajo con criterios neutrales respecto del género y políticas salariales eficaces.
La organización también señala el papel de la negociación colectiva, la aplicación efectiva de las leyes de igualdad salarial y la inversión en sistemas de cuidados y protección social. Estas medidas buscan actuar sobre algunos de los factores estructurales que contribuyen a mantener las diferencias de ingresos.
Chidi King, Jefa del Servicio de Género, Igualdad, Diversidad e Inclusión de la OIT, destacó también la importancia del diálogo social para abordar la infravaloración del trabajo de las mujeres, mejorar la transparencia salarial y avanzar hacia estructuras de remuneración más equitativas.
El desafío de acelerar el ritmo
Los nuevos datos fueron difundidos en el marco del Día Internacional de la Igualdad Salarial, que se conmemora cada 18 de septiembre y fue reconocido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2019. La fecha busca poner el foco tanto en la medición de los avances como en las medidas necesarias para acelerar el proceso.
En 2026, la Coalición Internacional para la Igualdad Salarial (EPIC), impulsada por la OIT, ONU Mujeres y la OCDE, reunió en Dublín a representantes de gobiernos, organizaciones de empleadores y trabajadores, sociedad civil, sector privado y ámbito académico. El encuentro buscó identificar políticas capaces de acelerar la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor.
La reunión se produjo además después de una nueva resolución adoptada en la Conferencia Internacional del Trabajo de 2026 sobre el programa transformador de la OIT para la igualdad de género en el mundo del trabajo. El documento reafirma el compromiso de los Estados miembros con el objetivo de reducir la brecha salarial.
Los datos muestran, en definitiva, que el problema no se limita a la existencia de una diferencia salarial: también pone en evidencia la velocidad con la que los mercados laborales están corrigiendo desigualdades acumuladas. Con una reducción promedio de apenas 0,2 puntos porcentuales anuales, el desafío para gobiernos, empresas y trabajadores pasa por transformar los compromisos de igualdad salarial en políticas y prácticas capaces de acelerar cambios concretos.


