La frase pertenece a Sanda Ojiambo, CEO y directora ejecutiva de Pacto Global, y fue pronunciada durante el cierre del Leaders Summit 2026, que reunió en Nueva York a más de 750 líderes empresariales, inversores, responsables de políticas públicas, representantes de Naciones Unidas y especialistas para analizar cómo transformar los compromisos corporativos de sostenibilidad en acciones concretas y de escala. El encuentro puso el foco en la construcción de resiliencia empresarial frente a un escenario marcado por la incertidumbre geopolítica, la volatilidad económica, la aceleración tecnológica y una creciente presión sobre las compañías para demostrar avances tangibles en materia de sostenibilidad.

Foto: Sanda Ojiambo, CEO y directora ejecutiva de Pacto Global, exponiendo en el Leaders Summit 2026.
Celebrado durante la semana de alto nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas, el Summit estuvo atravesado por una cuestión central: cómo sostener las estrategias de largo plazo cuando las compañías enfrentan simultáneamente presiones económicas, regulatorias, tecnológicas y geopolíticas.
Según planteó Ojiambo en el cierre, la resiliencia empresarial depende de que el propósito esté integrado en las decisiones que determinan la estrategia y el valor del negocio.
La definición supone un cambio de foco: la sostenibilidad no debería operar como una agenda paralela a la gestión empresarial, sino incorporarse a las decisiones vinculadas con inversiones, operaciones, gestión de riesgos y creación de valor. Desde esta perspectiva, la capacidad de una empresa para responder a escenarios de cambio también depende de cómo integra los factores ambientales, sociales y de gobernanza en su estrategia.
De los compromisos a la implementación
El Summit estuvo alineado con la estrategia 2026-2030 de Pacto Global, que busca movilizar al sector privado desde la formulación de compromisos hacia una implementación con escala suficiente para generar resultados sobre las empresas, las personas y el planeta.
Las conversaciones se organizaron alrededor de seis grandes áreas interconectadas: liderazgo e integridad; clima y naturaleza; derechos humanos y trabajo decente; finanzas y capital sostenible; acción colectiva y transformación de sistemas; y políticas públicas, compras y cadenas de suministro.
Durante la primera jornada, el debate se concentró principalmente en la implementación dentro de las compañías. Entre los temas abordados estuvieron la construcción de confianza y credibilidad, la incorporación de la sostenibilidad a la estrategia y la gestión de riesgos, la debida diligencia en derechos humanos, la transición hacia energías limpias y la respuesta empresarial frente a la rápida adopción de la inteligencia artificial.
Participaron, entre otros, Katharine Hayhoe, de The Nature Conservancy; Erin Brockovich; David Kennedy, de Science Based Targets initiative; Phuthi Mahanyele-Dabengwa, de Naspers; y Subho Mukherjee, de Nokia.
Uno de los puntos centrales fue la necesidad de traducir las declaraciones corporativas en decisiones concretas. Esto implica que los compromisos de sostenibilidad tengan consecuencias sobre dónde se asigna el capital, cómo se diseñan las operaciones, qué riesgos se incorporan a la planificación empresarial y bajo qué criterios se gestionan las relaciones con proveedores.
La sostenibilidad como cuestión de resiliencia
La noción de resiliencia ocupó un lugar central en las discusiones. Frente a un escenario de cambios simultáneos, el enfoque planteado por Pacto Global vincula la sostenibilidad con la capacidad de las empresas para anticipar riesgos, adaptarse y sostener su desempeño en el largo plazo.
En este marco, Ojiambo señaló que la sostenibilidad forma parte de la capacidad competitiva y de resiliencia de las compañías, en lugar de constituir una dimensión separada del desempeño empresarial.
El planteo también desplaza parte de la discusión desde los compromisos individuales hacia las condiciones que permiten cumplirlos. Muchas de las barreras que enfrentan las empresas —desde el acceso al financiamiento hasta determinados incentivos de mercado o problemas en las cadenas de suministro— no pueden ser resueltas por una compañía de manera aislada.
Del desempeño individual al cambio de sistemas
La segunda jornada amplió el foco. El debate pasó de lo que puede hacer cada empresa individualmente a las políticas, estructuras financieras, incentivos de mercado y cadenas de suministro que condicionan la velocidad de transformación de los mercados.
En este punto, Pacto Global planteó una mayor apuesta por la colaboración entre empresas, gobiernos, inversores y otros actores. El objetivo es avanzar sobre obstáculos que requieren mecanismos colectivos y generar condiciones para que las soluciones sostenibles puedan alcanzar mayor escala.
De cara a 2027, la organización anunció planes para desarrollar una infraestructura compartida en áreas como clima, salarios dignos, igualdad de género y finanzas sostenibles. La propuesta busca agregar demanda, reducir riesgos de inversión y facilitar el escalamiento de soluciones de largo plazo a través de las cadenas globales de valor.
Finanzas y compras, dos palancas empresariales
El financiamiento fue otro de los ejes destacados. Líderes empresariales, inversores e instituciones financieras analizaron el papel que pueden desempeñar los mecanismos de financiamiento combinado, el capital catalítico y las alianzas público-privadas para canalizar recursos hacia energías limpias, infraestructura resiliente y otros sectores donde el financiamiento convencional resulta insuficiente.
El debate financiero estuvo vinculado a una pregunta más amplia: cómo movilizar capital hacia proyectos y mercados que pueden tener dificultades para atraer inversión bajo los criterios tradicionales de riesgo y rentabilidad.
La contratación y las cadenas de suministro también adquirieron una relevancia estratégica. El aumento de las exigencias regulatorias, la responsabilidad sobre las emisiones de alcance 3, la fragmentación del comercio y la disrupción tecnológica están modificando la manera en que las compañías gestionan sus proveedores.
En este contexto, el poder de compra aparece no solo como una herramienta para gestionar el cumplimiento, sino también como un mecanismo para fortalecer la resiliencia y promover prácticas empresariales responsables a lo largo de las cadenas globales de valor.
Acción colectiva para escalar
Las denominadas Action Tables reunieron a altos ejecutivos para trabajar sobre cuestiones en las que la acción colectiva resulta especialmente relevante, entre ellas los salarios dignos, la igualdad de género, la integración de las estrategias de clima y naturaleza y la movilización de finanzas sostenibles.
El enfoque refleja una de las principales conclusiones del encuentro: convertir los compromisos de sostenibilidad en resultados requiere tanto transformaciones internas en las empresas como cambios en los sistemas en los que esas empresas operan.
El Summit concluyó con un debate sobre el papel del sector privado en la configuración de los mercados y sistemas económicos. Mark Zandi, de Moody’s; Rutger Bregman, de The School for Moral Ambition; y Boyan Slat, de The Ocean Cleanup, participaron de conversaciones sobre la interacción entre políticas públicas, capital, innovación y liderazgo empresarial.
Así, el Leaders Summit 2026 dejó planteada una agenda que combina dos niveles: la responsabilidad de las compañías para traducir sus compromisos en decisiones de negocio y la necesidad de construir mecanismos colectivos capaces de modificar los incentivos y las condiciones que determinan esas decisiones. En el planteo de Pacto Global, el desafío no consiste únicamente en sostener la ambición en materia de sostenibilidad, sino en convertirla en acción a la escala necesaria para influir sobre la resiliencia empresarial y el desarrollo de los mercados.


