La industria financiera global avanza hacia una integración cada vez más profunda de los datos ambientales, sociales y de gobernanza (ESG), pero ese proceso se apoya sobre una infraestructura que todavía presenta fisuras relevantes. Así se desprende de la primera encuesta global elaborada por Morningstar Sustainalytics, que pone en evidencia tanto el carácter estructural que adquirió esta información en los flujos de inversión como las limitaciones que aún condicionan su uso efectivo.

El estudio “The 2025 State of ESG Data Survey Report“, basado en 145 participantes del sistema financiero —entre gestores de activos, bancos, fondos de pensión y gestores patrimoniales—, confirma un cambio de etapa: los datos ESG y climáticos ya no funcionan como insumos complementarios, sino que se incorporan directamente en los procesos de inversión, las herramientas de gestión de riesgos y los esquemas de reporte regulatorio. La tendencia es particularmente visible en Europa, que concentra más de la mitad de las respuestas, en línea con un entorno normativo más desarrollado.
Sin embargo, el mismo diagnóstico que marca la consolidación del enfoque también expone sus debilidades. La fragmentación de la información aparece como uno de los principales obstáculos: el 47% de los encuestados identifica brechas en la cobertura de datos, el 41% reporta problemas de calidad y el 40% señala inconsistencias entre distintos proveedores. En conjunto, estos factores configuran un escenario donde la toma de decisiones depende de insumos que no siempre resultan comparables ni completos.
La tensión entre demanda creciente y oferta imperfecta se vuelve más evidente a medida que los inversores buscan sofisticar sus herramientas de análisis. El estudio detecta un desplazamiento hacia métricas prospectivas, con foco en riesgos de transición climática y escenarios de largo plazo. Este cambio implica pasar de una lógica basada en datos históricos a otra orientada a la anticipación, en un contexto donde la incertidumbre regulatoria y política sigue presente en varios mercados.
Al mismo tiempo, la presión regulatoria introduce nuevas capas de complejidad. Casi la mitad de los participantes ubica el reporte a nivel de fondos entre sus principales necesidades, lo que sugiere que los requerimientos normativos no solo aumentan en volumen, sino también en nivel de detalle y trazabilidad. En este marco, la demanda por datasets alineados con regulaciones, datos de emisiones de gases de efecto invernadero y calificaciones de riesgo ESG continúa en ascenso.
Otro punto crítico emerge en los mercados privados y los activos alternativos. A medida que los inversores adoptan un enfoque de cartera integral, la falta de información ESG en estos segmentos limita la capacidad de evaluar riesgos de manera homogénea. La expansión hacia estos activos expone, en los hechos, los límites del ecosistema actual de datos.
El informe también sugiere que la maduración del mercado no responde exclusivamente a incentivos regulatorios. Pese a cambios en el discurso político en algunas jurisdicciones, la demanda por información ESG se mantiene estable, impulsada por la necesidad de comprender riesgos financieros de largo plazo y sostener estrategias de inversión consistentes.
En este contexto, el sistema financiero enfrenta una paradoja: mientras la integración de datos ESG se consolida como estándar operativo, la calidad, cobertura y consistencia de esos mismos datos siguen siendo un factor crítico no resuelto. La evolución del mercado, según se desprende del relevamiento, dependerá menos de la adopción —ya generalizada— y más de la capacidad de construir una infraestructura de información que esté a la altura de esa demanda.


