La adopción de objetivos climáticos dejó de ser un diferencial para convertirse en una práctica generalizada entre las grandes compañías estadounidenses. Sin embargo, transformar esos compromisos en reducciones efectivas de emisiones sigue siendo una tarea pendiente. Así lo revela un estudio elaborado por The Conference Board junto con ESGAUGE, que muestra una creciente brecha entre las metas anunciadas y los resultados alcanzados.

Según el informe, el 84% de las empresas que integran el índice S&P 500 informó en 2025 algún tipo de objetivo climático, ya sea de reducción de emisiones o de carbono neto cero. En particular, el 68% cuenta con metas de reducción de emisiones y el 53% se comprometió a alcanzar el net zero.
No obstante, el avance real es considerablemente más lento de lo esperado. Entre las compañías que fijaron objetivos para reducir sus emisiones de Alcance 1 —aquellas generadas directamente por sus operaciones, como plantas industriales o flotas de vehículos—, el 58% no logró disminuirlas de manera significativa desde 2021, registrando emisiones estables o incluso en aumento.
La situación es aún más compleja en el caso de las emisiones de Alcance 3, que abarcan la cadena de valor, incluyendo proveedores, transporte y uso de los productos. Allí, el 62% de las empresas con objetivos reportó emisiones estables o crecientes durante el mismo período. Se trata precisamente de la categoría más difícil de medir y gestionar, pero también de la que suele representar la mayor proporción de la huella de carbono corporativa.
La excepción aparece en las emisiones de Alcance 2, vinculadas al consumo de electricidad, calefacción y refrigeración adquiridas. En este caso, el 40% de las compañías informó emisiones estables o en aumento, un porcentaje significativamente inferior al observado en los otros alcances, reflejando que la transición hacia electricidad renovable continúa siendo una de las estrategias más accesibles para reducir emisiones.
La confianza en el cumplimiento de las metas también se debilita
El estudio también evidencia que los propios responsables de sostenibilidad mantienen crecientes dudas sobre la posibilidad de cumplir los compromisos públicos asumidos.
Solo el 24% de los ejecutivos de sostenibilidad consultados afirmó tener plena confianza en que su empresa alcanzará sus objetivos climáticos, mientras que el 59% manifestó una confianza baja o moderada.
Para Andrew Jones, investigador principal de The Conference Board y autor del informe, muchas organizaciones están ingresando en una etapa más exigente de sus estrategias climáticas. “A medida que 2030 deja de ser un horizonte lejano para convertirse en un plazo cercano, las empresas pueden necesitar más capital, planes de ejecución más claros o incluso recalibrar sus objetivos. Esa recalibración no implica necesariamente un retroceso, sino una evaluación más realista de lo que demandará alcanzar esas metas“, señaló.
El costo pasa a dominar la agenda climática
La principal explicación detrás de este escenario no es una menor ambición ambiental, sino las crecientes restricciones económicas.
El 55% de los ejecutivos identificó al costo, la asignación de capital y el retorno sobre la inversión (ROI) como el principal factor que podría llevar a sus empresas a retrasar o modificar sus objetivos climáticos.
A ello se suman la evolución de los requerimientos regulatorios (45%) y el nivel de madurez tecnológica disponible para implementar determinadas soluciones (37%).
Brian Campbell, líder del Governance & Sustainability Center de The Conference Board, sostuvo que la competencia por los recursos financieros se intensificó dentro de las organizaciones. “Las inversiones climáticas hoy compiten con prioridades estratégicas como la inteligencia artificial, la infraestructura y otras iniciativas críticas para el negocio. La asignación de capital se está convirtiendo en un factor determinante para que los objetivos climáticos permanezcan encaminados“, afirmó.
Del compromiso a la ejecución
El informe plantea que la discusión corporativa ya no gira en torno a si las empresas deben fijar objetivos climáticos, sino sobre su capacidad para demostrar avances medibles.
En esa línea, Umesh Chandra Tiwari, director ejecutivo de ESGAUGE, destacó que el desafío ahora consiste en mostrar resultados concretos, especialmente en aquellas fuentes de emisiones más difíciles de controlar.
Los resultados reflejan una etapa de maduración de la agenda climática empresarial. Tras varios años en los que la prioridad fue anunciar compromisos de descarbonización, las compañías enfrentan ahora el desafío de convertir esas promesas en reducciones verificables. Con los plazos hacia 2030 cada vez más próximos y mayores presiones sobre la rentabilidad y la asignación de recursos, la credibilidad de las estrategias climáticas dependerá cada vez más de la capacidad de demostrar avances concretos, más que de anunciar nuevas metas.


