El desafío del packaging flexible: por qué el papel podría ser parte de la solución

El papel podría desempeñar un rol relevante para reducir la contaminación por envases plásticos flexibles, uno de los tipos de residuos de más rápido crecimiento a nivel global. Así lo sostiene un nuevo informe publicado por la Fundación Ellen MacArthur, que reúne el respaldo de 47 empresas, ONG, inversores y académicos comprometidos con acelerar la innovación en soluciones de embalaje basadas en papel. Los desafíos a resolver.

El reporte —titulado “Paper-Based Flexible Packaging – The role it could play in tackling small-format flexible plastic pollution in markets with high leakage rates”— analiza el potencial del papel como alternativa para envases flexibles de pequeño formato, como sachets, envoltorios o pouches, ampliamente utilizados en productos cotidianos como snacks, café, leche o shampoo.

Según el estudio, este tipo de empaques se ha convertido en el segmento de mayor crecimiento dentro del packaging plástico global. En países con sistemas limitados de recolección y reciclaje, además, representa una de las principales fuentes de contaminación: se estima que cerca del 80 % de los envases plásticos que llegan a los océanos corresponde justamente a este tipo de formatos.

En ese contexto, el papel aparece como una alternativa prometedora. A diferencia de muchos plásticos flexibles, los envases basados en papel pueden diseñarse para ser reciclables y biodegradables con mayor facilidad. Esto permitiría que, una vez que existan sistemas de recolección y reciclaje adecuados, estos materiales puedan reintegrarse al ciclo productivo, al mismo tiempo que reducirían la persistencia de residuos plásticos si terminan en el ambiente.

Sin embargo, el informe advierte que el cambio de material no garantiza por sí solo beneficios ambientales. Sin un diseño y abastecimiento responsables, los envases de papel podrían trasladar el problema a otras áreas, como la deforestación o el aumento de emisiones.

Para evitarlo, el estudio establece seis criterios clave que deberían guiar el desarrollo de estas soluciones: abastecimiento responsable que no contribuya a la degradación forestal; procesos de producción que minimicen el impacto climático y el uso de agua; viabilidad técnica, económica y para los consumidores; reciclabilidad local respaldada por infraestructura de recolección; ausencia de químicos peligrosos o plásticos persistentes; y su integración dentro de estrategias más amplias de economía circular inclusiva.

La contaminación por envases plásticos flexibles es un desafío sistémico”, señaló Sander Defruyt, líder de estrategia de plásticos de la Fundación. Según sus estimaciones, alrededor de 20 billones de unidades de este tipo de envases podrían ingresar a los océanos en los próximos 15 años. En ese escenario, explicó, las alternativas basadas en papel no constituyen una solución única, pero sí amplían el conjunto de herramientas disponibles para abordar el problema, junto con otras estrategias prioritarias como los modelos de reutilización.

El informe también reconoce que, aunque existen innovaciones prometedoras, los envases flexibles de papel aún no están disponibles a la escala, el costo ni el nivel de desempeño necesarios para competir plenamente con el plástico. Por eso, la Fundación llama a empresas y responsables de políticas públicas a acelerar el desarrollo tecnológico y a establecer marcos regulatorios que garanticen su implementación responsable.

Desde la industria del consumo masivo, algunas compañías ya observan este cambio como una prioridad estratégica. Pablo Costa, responsable global de packaging en Unilever, señaló que la nueva generación de envases flexibles de papel constituye uno de los focos principales de innovación para el sector.

Aun así, el informe insiste en que el papel debe considerarse solo una parte de la solución. La prioridad, subraya, debería seguir siendo reducir la dependencia de envases flexibles de pequeño formato —independientemente del material— mediante el rediseño de productos y el escalamiento de sistemas de reutilización.

En ese marco, la investigación se integra a la Agenda 2030 sobre plásticos promovida por la Fundación, que identifica este tipo de envases como una de las principales barreras sistémicas para lograr una economía circular del plástico. La apuesta por el papel, concluye el informe, requerirá innovación material, colaboración entre sectores y evaluaciones basadas en datos para desarrollar soluciones que protejan tanto el producto como el planeta.

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