El sector privado acelera la adaptación climática, pero todavía no logra cuantificar su impacto financiero

El cambio climático está modificando las prioridades de las empresas. Frente a interrupciones en las cadenas de suministro, estrés hídrico, restricciones de recursos y una mayor volatilidad geopolítica, las organizaciones están destinando más recursos a la adaptación y la resiliencia. Sin embargo, el avance de las inversiones convive con una dificultad persistente: medir con precisión los impactos financieros de los riesgos climáticos y traducir los compromisos de sostenibilidad en resultados operativos.

La quinta edición de “A World in Balance: The resilience reset”, elaborada por Capgemini Research Institute, muestra esta tensión entre una mayor conciencia de los riesgos y una capacidad de ejecución todavía desigual. El estudio encuestó a 2.100 ejecutivos de 701 organizaciones con ingresos anuales superiores a US$1.000 millones, pertenecientes a 13 países de América del Norte, Europa y Asia-Pacífico y a 12 sectores de actividad. La investigación se realizó durante junio y julio de 2026 e incluyó además una encuesta global a 6.500 consumidores y entrevistas con 15 ejecutivos.

La adaptación climática gana peso en las estrategias empresariales

La disrupción climática dejó de ser una cuestión exclusivamente asociada a objetivos ambientales de largo plazo. Según el estudio, casi nueve de cada diez organizaciones aseguran que eventos relacionados con el clima ya han afectado sus cadenas de suministro.

En este escenario, el 68% de los ejecutivos afirma que sus organizaciones priorizan activamente la adaptación climática, frente al 56% registrado en 2025. A su vez, más de tres cuartas partes señalan que están acelerando la integración de la resiliencia energética y de recursos en sus estrategias de negocio y sostenibilidad.

El acceso a recursos críticos aparece como uno de los principales factores detrás de este cambio. Casi dos tercios de los ejecutivos identifican la seguridad energética y de recursos como un impulsor de las inversiones en sostenibilidad. Más del 70% sostiene que garantizar el acceso a energía, agua y materiales tiene actualmente mayor influencia sobre las decisiones de sostenibilidad que los objetivos de reducción de emisiones.

El agua adquiere, además, un peso creciente en las perspectivas empresariales. El 61% de los ejecutivos considera que la escasez hídrica representará una restricción mayor para el crecimiento del negocio que la disponibilidad de energía durante los próximos cinco años.

La brecha entre riesgo climático y capacidad de medición

El aumento de la atención sobre los riesgos climáticos no se traduce todavía en una capacidad equivalente para cuantificarlos.

Solo el 15% de las organizaciones encuestadas ha calculado completamente el impacto financiero de las disrupciones relacionadas con el clima. Poco más de uno de cada cuatro ejecutivos afirma que su organización evaluó los riesgos climáticos a lo largo de su cadena de valor extendida o implementó herramientas y plataformas de análisis de riesgo climático.

El dato contrasta con la percepción de preparación de las empresas. La proporción de ejecutivos que considera que su organización está insuficientemente preparada frente a los impactos climáticos cayó del 54% en 2025 al 44% en 2026.

El resultado sugiere un cambio en la dirección de las estrategias empresariales, aunque con una distancia todavía significativa entre reconocer el riesgo, prepararse para enfrentarlo y poder expresarlo en términos financieros.

La sostenibilidad muestra retornos económicos

El estudio también identifica una relación creciente entre sostenibilidad y desempeño empresarial. Casi siete de cada diez organizaciones aseguran que sus iniciativas de sostenibilidad generaron un retorno de inversión neto positivo.

El 64% de los ejecutivos afirma que las inversiones en sostenibilidad contribuyeron a incrementar las ventas, frente al 47% de 2025. Además, el 74% considera que las prácticas sostenibles fortalecieron el valor de sus marcas.

La asignación de recursos también está aumentando. Las organizaciones destinaron durante el último año el equivalente al 1,04% de sus ingresos a iniciativas de sostenibilidad, por encima del 0,8% que habían presupuestado inicialmente.

Para los próximos 12 a 18 meses, el 83% prevé incrementar el gasto destinado a adaptación climática. En sectores manufactureros o intensivos en activos, casi dos tercios de los ejecutivos señalan que estas inversiones mejoraron la eficiencia operativa frente a restricciones de suministro, mientras que algo más de la mitad afirma que fortalecieron la capacidad para anticipar y responder a disrupciones operativas y de las cadenas de suministro.

El desafío de cumplir con los compromisos de net zero

El aumento de las inversiones no elimina las dificultades para ejecutar los compromisos climáticos. En 2026, el 84% de las organizaciones afirma haber establecido objetivos basados en la ciencia, tres puntos porcentuales más que en 2025. Sin embargo, solo el 42% considera que está encaminado a cumplir sus objetivos para 2030 o sus metas intermedias.

La distancia entre compromiso y ejecución resulta particularmente visible en los programas de net zero. El número de organizaciones que reconoce estar retrasada respecto de sus objetivos de cero emisiones netas aumentó más de diez veces en comparación con el año anterior. Además, el 29% afirma haber postergado sus objetivos de net zero, frente al 8% registrado en 2025.

La disponibilidad y calidad de los datos aparecen nuevamente como un obstáculo. Casi dos tercios de las organizaciones reconocen que alinear sus iniciativas de sostenibilidad con objetivos basados en la ciencia representa un desafío.

Uno de los indicadores más significativos está relacionado con las emisiones de Alcance 3. Solo el 34% de las organizaciones asegura que puede medir y recopilar datos sobre la totalidad de sus emisiones de Alcance 3, frente al 54% en 2025.

La caída resulta relevante porque estas emisiones abarcan buena parte de los impactos indirectos asociados a las cadenas de valor y, por lo tanto, requieren información de proveedores, clientes y otros actores externos a las operaciones directas de una compañía.

La inteligencia artificial abre una nueva dimensión ambiental

La inteligencia artificial aparece como otro elemento de esta transformación. Casi dos tercios de las organizaciones encuestadas utilizan IA para avanzar en sus agendas de sostenibilidad, mientras que más de un tercio utiliza o prevé utilizar IA agéntica para iniciativas vinculadas con sostenibilidad.

Al mismo tiempo, crece la preocupación por el impacto ambiental de la propia tecnología. Siete de cada diez organizaciones aseguran que las implicancias de sostenibilidad de la IA ya son discutidas en sus directorios.

Sin embargo, también en este ámbito persiste una brecha de medición. Casi la mitad de los ejecutivos afirma que la IA incrementó significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero de sus organizaciones. Pero poco más de un tercio señala que su empresa mide tanto el consumo energético de los sistemas y cargas de trabajo de IA como su correspondiente huella de carbono.

La situación plantea un nuevo desafío para las estrategias corporativas: la tecnología puede ser utilizada para mejorar la gestión de la sostenibilidad, pero al mismo tiempo genera impactos ambientales que las organizaciones todavía no están midiendo de manera generalizada.

De los compromisos a la capacidad de respuesta

Los resultados del estudio muestran un cambio en la forma en que las empresas están abordando la sostenibilidad. La resiliencia de las operaciones, la continuidad del negocio y el acceso a recursos críticos ganan peso frente a una visión centrada exclusivamente en la reducción de emisiones o el cumplimiento de objetivos.

La cuestión pendiente es convertir esa prioridad estratégica en capacidades de gestión. El incremento de la inversión en adaptación, la percepción de retornos económicos positivos y la mayor atención de los directorios conviven con dificultades para cuantificar riesgos climáticos, monitorear las emisiones de las cadenas de valor y medir los impactos ambientales de tecnologías como la inteligencia artificial.

En ese sentido, los datos de Capgemini Research Institute describen un escenario en el que la discusión empresarial sobre sostenibilidad parece desplazarse progresivamente desde la definición de compromisos hacia una cuestión más operacional: cuánto riesgo climático puede identificar una organización, cuánto de ese riesgo puede traducir en términos financieros y qué capacidad tiene para actuar antes de que se convierta en una disrupción para el negocio.

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