“En Pacto Global creemos que es hora de ampliar la narrativa sobre la sostenibilidad corporativa”

Flavio Fuertes, director ejecutivo de Pacto Global Argentina, planteó durante la 10.ª Asamblea Nacional de la iniciativa que las empresas necesitan vincular la sostenibilidad con la resiliencia, la competitividad y la continuidad operativa. Frente a la incertidumbre regulatoria y los cambios políticos, sostuvo que el desafío es reforzar el caso de negocio y conectar las decisiones de corto plazo con la transformación estructural de largo plazo.

Foto: Flavio Fuertes, director ejecutivo de Pacto Global Argentina, exponiendo en la 10.ª Asamblea Nacional.

Las empresas continúan invirtiendo en desarrollo sostenible, crecimiento inclusivo, resiliencia climática y prácticas empresariales éticas, aunque los cambios políticos, la incertidumbre regulatoria y los retrocesos en algunas políticas públicas están modificando las condiciones en las que avanzan estas agendas. Para Flavio Fuertes esta combinación de factores exige revisar la manera en que se explica y se justifica la sostenibilidad corporativa ante los directorios, los inversores y el conjunto de los grupos de interés.

Durante su exposición en la 10.ª Asamblea Nacional de Pacto Global Argentina, Fuertes propuso ampliar la narrativa de la sostenibilidad para incorporar con mayor fuerza el concepto de resiliencia. La idea no consiste en abandonar los argumentos tradicionales vinculados con el crecimiento verde y la generación de impacto positivo, sino en complementarlos con una perspectiva que permita comprender cómo las decisiones empresariales contribuyen a reducir riesgos, fortalecer la autonomía estratégica y sostener las operaciones en escenarios de incertidumbre.

“Creemos que es la hora de ampliar la narrativa sobre la sostenibilidad corporativa, una que abarque la adaptación a corto plazo, pero también la transformación estructural de largo plazo”, afirmó.

El planteo parte de una tensión que atraviesa la gestión empresarial: mientras aumentan las presiones ambientales, sociales y económicas para transformar los modelos de negocio, las organizaciones deben responder a exigencias inmediatas de rendimiento y operar en un escenario político y regulatorio menos previsible.

Los incentivos existen, pero no siempre se traducen en acción

Fuertes señaló que la presión de los grupos de interés a favor de la sostenibilidad corporativa seguirá aumentando, pese a los cambios en las condiciones políticas y económicas. Como argumentos para sostener esa afirmación, presentó tres indicadores: el 74% de los inversores profesionales considera que aumentará sus inversiones en empresas sostenibles durante los próximos años; uno de cada tres sectores de actividad económica está altamente expuesto a riesgos climáticos físicos o presenta algún grado de riesgo; y tres de cada cuatro integrantes de la Generación Z y los millennials consideran que el impacto social de una organización es un factor importante al elegir dónde trabajar.

Estas cifras, citadas durante la exposición, apuntan a diferentes dimensiones de la relación entre sostenibilidad y desempeño empresarial: acceso al capital, exposición a riesgos físicos y capacidad para atraer talento.

Sin embargo, la persistencia de estos incentivos no garantiza que las empresas aceleren sus transformaciones. Fuertes identificó una de las razones en la dificultad para construir un caso de negocio suficientemente claro, capaz de competir con las prioridades financieras de corto plazo.

“Demasiadas veces las empresas recurren a un pensamiento de corto plazo y, sin un caso empresarial claro de la sostenibilidad, esta queda relegada a un segundo plano”, advirtió.

El problema, desde esta perspectiva, no radica únicamente en la existencia de obstáculos externos. También está relacionado con la forma en que las organizaciones incorporan la sostenibilidad a sus decisiones económicas y estratégicas. Si sus beneficios se presentan exclusivamente como resultados futuros o como contribuciones generales al bien común, pueden perder peso frente a otras necesidades operativas más inmediatas.

La resiliencia como argumento empresarial

La propuesta planteada por Fuertes consiste en vincular la sostenibilidad con la capacidad de las empresas para resistir perturbaciones, reducir dependencias y mantener sus operaciones en condiciones de incertidumbre.

En ese marco, la resiliencia funciona como un puente entre las decisiones de corto plazo y el posicionamiento estratégico de largo plazo. La gestión de los riesgos climáticos, la disponibilidad de energía y materiales y la estabilidad de los entornos sociales dejan de ser cuestiones periféricas para convertirse en variables que pueden afectar la continuidad del negocio y sus perspectivas de crecimiento.

Los impactos físicos del cambio climático ya plantean desafíos para las operaciones empresariales. Fuertes mencionó fenómenos como los incendios forestales y la subida del nivel del mar para ilustrar cómo las transformaciones ambientales modifican los entornos en los que funcionan las organizaciones.

Desde esa perspectiva, invertir en sostenibilidad también implica anticipar interrupciones, limitar vulnerabilidades y reducir la exposición a factores que pueden comprometer la actividad económica.

“Creemos que para las empresas hay un argumento sólido para posicionar la sostenibilidad como un motor de resiliencia que puede ayudar a garantizar independencia estratégica en energías, materiales, y también garantizar la estabilidad social de nuestras sociedades”, sostuvo.

El enfoque también busca responder a una dificultad concreta: cómo justificar las inversiones en sostenibilidad ante los inversores cuando el respaldo político y las políticas públicas no mantienen una dirección consistente. Para Fuertes, una estrategia que demuestre su contribución a la capacidad de adaptación y a la continuidad del negocio puede ofrecer argumentos adicionales para sostener esas inversiones, incluso en escenarios de menor apoyo institucional.

De la promesa de impacto a la capacidad de perdurar

El director ejecutivo de Pacto Global Argentina no planteó reemplazar la idea de que las empresas pueden generar valor mientras contribuyen al bienestar social y ambiental. Su propuesta es ampliar ese razonamiento para incorporar la capacidad de las organizaciones de adaptarse y prosperar en un contexto más fragmentado.

“La promesa original de ‘hacer el bien haciendo el bien’ no ha desaparecido del todo. Pero reconozcamos que en un mundo más fragmentado e incierto debe complementarse con la idea de que la sostenibilidad va a permitir a las empresas perdurar, adaptarse y, en última instancia, prosperar”, señaló.

La afirmación refleja un cambio en el argumento utilizado para impulsar la agenda corporativa. El impacto positivo continúa siendo relevante, pero necesita conectarse de manera más explícita con cuestiones como la gestión de riesgos, la seguridad del suministro, la estabilidad de las operaciones y la capacidad de responder a cambios económicos y regulatorios.

Fuertes también reconoció que el debilitamiento de algunos marcos políticos plantea una tensión para las compañías. Mientras crece la necesidad de invertir en resiliencia, las presiones por obtener resultados inmediatos pueden dificultar la asignación de recursos a transformaciones cuyos beneficios no siempre se materializan en el corto plazo.

Por eso, consideró que la evolución de la narrativa no es opcional. Las condiciones políticas, sociales y ambientales que acompañaron las primeras etapas de la sostenibilidad corporativa han cambiado, y las empresas necesitan argumentos que respondan a las nuevas circunstancias sin abandonar sus compromisos de largo plazo.

El papel de Pacto Global ante un escenario incierto

En este contexto, Fuertes explicó que Pacto Global deberá profundizar su acompañamiento a las empresas para mejorar sus estrategias, fortalecer los argumentos económicos de la sostenibilidad y proporcionar herramientas para llevarlos a la práctica.

La iniciativa también buscará promover acciones colectivas, en línea con su alcance internacional, que reúne a más de 25.000 empresas en todo el mundo. Entre sus prioridades mencionó la generación de conocimiento, evidencia, orientación y marcos de referencia que permitan a las organizaciones adaptarse a las nuevas condiciones.

A la vez, planteó la necesidad de mantener la colaboración con gobiernos, empresas, socios de Naciones Unidas y organizaciones de la sociedad civil para reforzar la sostenibilidad como prioridad de la agenda de desarrollo global.

Durante su exposición, Fuertes anunció además el próximo lanzamiento, en Montevideo, de una coalición de líderes empresariales de América Latina y el Caribe, con la participación prevista de Sanda Ojiambo, directora ejecutiva de Pacto Global. Según indicó, al menos una empresa argentina ya había aceptado la invitación a integrarse a la iniciativa, y la organización esperaba sumar más compañías.

La propuesta apunta a fortalecer la cooperación regional y ampliar la participación empresarial en las respuestas a los desafíos del desarrollo sostenible.

Convertir la sostenibilidad en un impacto concreto

Hacia el cierre de su intervención, Fuertes vinculó la evolución de la agenda con la capacidad de demostrar resultados tangibles, especialmente para las personas que interactúan con las empresas.

Entre las líneas de trabajo de Pacto Global Argentina mencionó el fortalecimiento de su marca y visibilidad, la ampliación de alianzas con actores empresariales y no empresariales, la diversificación de programas y la consolidación de una presencia federal mediante encuentros y actividades en distintas ciudades del país.

También señaló la intención de generar nuevas plataformas de intercambio con directores ejecutivos y otros líderes empresariales. En ese esquema, la Comunicación de Progreso tendría un papel relevante no solo como herramienta para reforzar la integridad de la iniciativa, sino también como un recurso para que las empresas identifiquen y comuniquen el valor empresarial de sus compromisos.

Fuertes expresó, además, su expectativa de que las organizaciones integrantes de la red se apropien de la propuesta de valor de Pacto Global y de que el nuevo directorio, que asumiría en los días posteriores a la Asamblea, contribuya a ampliar su alcance y relevancia.

El desafío que dejó planteado en la 10.ª Asamblea Nacional es cómo sostener la transformación empresarial cuando las condiciones políticas y económicas se vuelven menos previsibles y las prioridades de corto plazo ganan peso. Su respuesta es ampliar los argumentos que justifican la sostenibilidad: además de generar impacto positivo, debe demostrar cómo contribuye a reducir vulnerabilidades, preservar la continuidad operativa y construir capacidad de adaptación.

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