Antoni Ballabriga, director global de Inteligencia en Sostenibilidad de BBVA, planteó esta conclusión en un artículo de opinión sobre la Semana del Clima de Nueva York 2026. Tras una semana con más de 1.000 eventos, el ejecutivo identificó cinco tendencias que reflejan la evolución de la agenda: su creciente vínculo con la competitividad empresarial, la necesidad de movilizar inversiones, la expansión de la electrificación, el protagonismo de la adaptación climática y los desafíos de la cooperación internacional.

Foto: Antoni Ballabriga, director global de Inteligencia en Sostenibilidad de BBVA.
La Semana del Clima de Nueva York 2026, celebrada en paralelo a la Asamblea General de Naciones Unidas, volvió a reunir a gobiernos, empresas, entidades financieras, inversores y organizaciones de la sociedad civil. Sin embargo, para Ballabriga, el principal mensaje del encuentro no fue la incorporación de nuevos compromisos, sino la necesidad de convertir los objetivos de sostenibilidad en resultados concretos.
En su análisis, el directivo de BBVA sostuvo que la agenda atraviesa una nueva etapa. Después de años centrados en definir objetivos, establecer compromisos y elevar la ambición climática, el desafío pasa por crear las condiciones necesarias para implementar las transformaciones. Una orientación que también se refleja en los preparativos de la COP31, prevista en Antalya, Turquía, y concebida bajo el concepto de la «COP de la Implementación».
Ballabriga recordó que, en 2024, su lectura de la Semana del Clima apuntaba a que la sostenibilidad había llegado para quedarse. Un año después, destacó la transformación que experimentaba en un escenario geopolítico más complejo. En 2026, su conclusión es que la agenda no pierde relevancia, sino que amplía su alcance y se conecta cada vez más con las decisiones económicas y empresariales.
La sostenibilidad se integra en la estrategia de negocio
La primera tendencia identificada por Ballabriga es la integración de la sostenibilidad en una agenda económica más amplia. Aunque el cambio climático mantiene un lugar central, las discusiones incorporan cada vez más cuestiones como el crecimiento, la competitividad, la resiliencia, la seguridad energética, la política industrial y la seguridad de las cadenas de suministro.
La fragmentación geopolítica contribuye a explicar este desplazamiento. En un escenario de tensiones comerciales y preocupación por la disponibilidad de recursos estratégicos, las decisiones vinculadas con la sostenibilidad se relacionan directamente con la capacidad de las empresas para competir, invertir y gestionar riesgos de largo plazo.
En consecuencia, la agenda ambiental, social y de gobernanza (ESG) deja de funcionar como un ámbito separado de la gestión corporativa y adquiere mayor relevancia en las decisiones centrales del negocio. Para las compañías, esto supone vincular sus objetivos de sostenibilidad con la asignación de capital, la planificación industrial y la evaluación de oportunidades y riesgos.
El desafío de convertir los proyectos en inversiones financiables
La segunda tendencia se relaciona con las condiciones necesarias para movilizar capital privado. Según el análisis de Ballabriga, uno de los mensajes recurrentes durante la Semana del Clima fue que la disponibilidad de capital no constituye, por sí sola, el principal obstáculo para acelerar la transición. También resulta necesario contar con proyectos financiables, marcos regulatorios predecibles y estructuras capaces de distribuir los riesgos.
En este escenario, los gobiernos tienen un papel central en la creación de condiciones que favorezcan la inversión mediante regulaciones, permisos, contratación pública, mecanismos de fijación del precio del carbono y políticas que impulsen la demanda de nuevas soluciones.
La financiación pública y multilateral también puede contribuir a movilizar recursos privados cuando asume riesgos que los inversores comerciales no están en condiciones de absorber de manera eficiente. Entre los instrumentos mencionados por el ejecutivo figuran las garantías, la financiación combinada o blended finance, la agregación de proyectos y las plataformas de inversión por países.
Este enfoque también redefine la contribución del sector financiero. Ballabriga sostiene que los bancos no deben determinar la ambición climática de la sociedad: esa orientación corresponde a los gobiernos, mientras que las empresas toman sus decisiones de inversión. La contribución de las entidades financieras consiste en facilitar que esas decisiones se traduzcan en proyectos viables mediante financiación, asesoramiento y gestión de riesgos.
Electrificación e infraestructura: una nueva ola de inversiones
La tercera tendencia es la expansión de la electrificación y de las infraestructuras necesarias para sostenerla. El crecimiento de la inteligencia artificial y los centros de datos, la electrificación industrial y la digitalización de las economías están impulsando la demanda de electricidad.
El desafío consiste en responder a esa demanda con sistemas energéticos más limpios, resilientes, asequibles y seguros. Para ello, no alcanza con aumentar la capacidad de generación eléctrica: también será necesario invertir en redes, almacenamiento y otras infraestructuras que permitan integrar la nueva oferta y atender el consumo.
La electrificación del transporte, la industria y los edificios forma parte de esta transformación. Sin embargo, las redes y la capacidad de almacenamiento serán determinantes para evitar que las limitaciones físicas del sistema se conviertan en obstáculos para el crecimiento.
En este marco, Ballabriga destacó el objetivo de alcanzar un 35% de electrificación de la demanda final de energía en 2035, impulsado por la presidencia de la COP31. También señaló que, según las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía citadas en su artículo, la inversión anual en electrificación debería aumentar de aproximadamente 1,8 billones de dólares en 2025 a 3,5 billones en 2035.
Estas magnitudes muestran la dimensión financiera de la transformación y la necesidad de coordinar las políticas energéticas, la planificación de infraestructuras y las decisiones de inversión empresarial.
Adaptación climática: de la gestión del riesgo a las oportunidades de inversión
La cuarta tendencia identificada por Ballabriga es el creciente protagonismo de la adaptación y la resiliencia. A diferencia de años anteriores, las conversaciones en Nueva York prestaron mayor atención a cuestiones como las ciudades resilientes, la gestión del agua, las infraestructuras y el desarrollo de una economía de la adaptación.
El cambio supone ampliar el enfoque tradicional, centrado en estimar los costos económicos del cambio climático, para analizar también el valor que pueden generar las inversiones destinadas a reducir la vulnerabilidad frente a sus impactos.
Desde esta perspectiva, la adaptación no se limita a una respuesta defensiva ante los riesgos físicos. También puede abrir oportunidades económicas vinculadas con nuevas infraestructuras, soluciones tecnológicas y servicios que fortalezcan la resiliencia de las comunidades y las actividades productivas.
Para materializar ese potencial, advierte el ejecutivo, será necesario desarrollar estructuras financieras que conviertan las necesidades de adaptación en proyectos capaces de atraer inversión. El desafío consiste en identificar cómo se genera valor, cómo se distribuyen los beneficios y de qué manera los inversores pueden participar en esas oportunidades.
Cooperación internacional en un escenario geopolítico fragmentado
La quinta tendencia es la creciente dificultad para construir consensos internacionales, en paralelo con una mayor necesidad de cooperación. La Semana del Clima coincidió con una Asamblea General de Naciones Unidas marcada por tensiones comerciales, fragmentación geopolítica y preocupaciones relacionadas con la seguridad energética.
En ese contexto, alcanzar acuerdos globales resulta más complejo. Sin embargo, Ballabriga subraya que desafíos como el cambio climático, la inteligencia artificial, las cadenas globales de suministro y los sistemas energéticos trascienden las fronteras nacionales.
Por eso, plantea la importancia de desarrollar coaliciones pragmáticas entre gobiernos, empresas, entidades financieras y organismos multilaterales. La prioridad consiste en encontrar ámbitos de colaboración que permitan avanzar en objetivos compartidos y traducirlos en acciones concretas, incluso cuando los grandes consensos internacionales sean difíciles de alcanzar.
Este enfoque supone dar mayor importancia a los mecanismos de cooperación capaces de producir resultados verificables, sin depender exclusivamente de acuerdos amplios entre todos los actores involucrados.
De la ambición a la ejecución
Las cinco tendencias identificadas por Ballabriga convergen en una misma conclusión: la siguiente etapa de la sostenibilidad dependerá de la capacidad de implementar las transformaciones necesarias.
El directivo considera que existe una orientación general sobre los objetivos que deben alcanzarse, pero que persisten desafíos relacionados con las condiciones económicas, financieras, regulatorias y políticas que permitirán avanzar. Para superarlos, propone un liderazgo capaz de conectar la visión de largo plazo con el pragmatismo económico, acercar a los gobiernos y al capital privado y reconocer que los caminos de transición pueden variar según los países y los sectores.
La implementación también exige crear condiciones para que las empresas, las entidades financieras y los ciudadanos puedan actuar. Esto implica pasar de la formulación de compromisos a la puesta en marcha de proyectos, la movilización de recursos y la obtención de resultados concretos.
La lectura de Ballabriga sobre la Semana del Clima de Nueva York 2026 apunta, así, a una transformación del enfoque empresarial de la sostenibilidad. La agenda amplía sus vínculos con la economía, incorpora nuevas oportunidades de inversión y exige una mayor articulación entre los actores públicos y privados. El desafío ya no consiste únicamente en definir hacia dónde avanzar, sino en construir los mecanismos necesarios para convertir esa dirección en cambios efectivos.


