“Las empresas deben transformar su compromiso sostenible en acciones a la escala que el mundo demanda”

La nueva carta anual de Sanda Ojiambo, CEO y Directora Ejecutiva de Pacto Global de las Naciones Unidas, ofrece algo más que un mensaje institucional al inicio de 2026. Leída con atención, funciona como un balance crítico del papel del sector privado en un escenario global atravesado por tensiones geopolíticas, estancamiento económico y una creciente presión social y ambiental sobre las empresas. El documento plantea como tesis central que la sostenibilidad ya no es una narrativa aspiracional, sino un componente estructural de la resiliencia corporativa y de la estabilidad de los mercados.

Foto: Sanda Ojiambo, CEO y Directora Ejecutiva de Pacto Global.

Ojiambo parte de una constatación que atraviesa toda la carta: el escrutinio sobre el comportamiento empresarial es hoy más intenso y las expectativas sociales son más volátiles. En ese contexto, sostiene que las compañías que mantienen compromisos responsables de forma consistente —más allá de los vaivenes políticos o económicos— tienden a mostrar mayor capacidad de adaptación. La sostenibilidad, afirma, no solo mitiga riesgos reputacionales, sino que impulsa innovación, refuerza la confianza de los inversores y contribuye a sostener mercados funcionales en entornos inestables.

El análisis se inscribe en un momento simbólico. En 2025, las Naciones Unidas cumplieron 80 años y Pacto Global celebró su 25.º aniversario. Según la autora, estos hitos sirvieron para reafirmar la misión original de la iniciativa: anclar el crecimiento económico en principios universales. Sin embargo, la carta reconoce que ese propósito fue puesto a prueba. Más de la mitad de la población mundial participó en procesos electorales que alteraron el equilibrio político en numerosos países, mientras las empresas enfrentaban regulaciones cambiantes, inflación persistente y un aumento de la desigualdad. Todo ello ocurrió en paralelo a uno de los años más calurosos registrados, con eventos climáticos extremos que volvieron a evidenciar el lento avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Frente a ese panorama, Ojiambo destaca una serie de señales que, desde su perspectiva, confirman la continuidad del compromiso empresarial. Menciona los compromisos ambientales asumidos en la cumbre climática de Belém, la participación del sector privado en el foro anticorrupción de la ONU en Doha y el rol de líderes empresariales en espacios como el B20 y la Segunda Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social. El denominador común, señala, fue el reconocimiento de que la conducta responsable no es un costo adicional, sino un requisito para el crecimiento a largo plazo.

La carta también pone el foco en la infraestructura del propio Pacto Global. En 2025 se ampliaron las Redes Nacionales, con nuevas incorporaciones en Asia Central, Islandia y Guatemala. Hoy, la iniciativa articula más de 60 redes y cinco centros regionales que agrupan a más de 20.000 empresas en más de 160 países. Esta expansión, según Ojiambo, permitió reforzar el vínculo entre transparencia y ejecución, a través de instrumentos como la Comunicación sobre el Progreso renovada y plataformas como Forward Faster, que canalizan compromisos empresariales en áreas como clima, igualdad de género, salarios dignos, agua y finanzas sostenibles.

Uno de los apartados más reveladores del documento es el que recoge los resultados del último Estudio de CEOs del Pacto Global. Pese a las presiones políticas y económicas, la mayoría de los directores ejecutivos encuestados considera que la justificación empresarial para invertir en sostenibilidad es hoy más sólida que hace cinco años. La integración de estos criterios en la estrategia corporativa aparece asociada a beneficios concretos: reducción de costos, mayor resiliencia de las cadenas de suministro y mejor gestión de riesgos.

El texto no elude nuevas tensiones. Ojiambo advierte que la rápida expansión de la inteligencia artificial y de los centros de datos está incrementando la presión sobre los sistemas energéticos y la disponibilidad de agua, lo que obliga a empresas de sectores tradicionalmente ajenos al debate climático a acelerar inversiones en eficiencia y energías renovables. Al mismo tiempo, señala el potencial de la IA generativa para acelerar soluciones de sostenibilidad, siempre que exista un marco de uso responsable.

La carta culmina con la presentación de la estrategia 2026–2030 del Pacto Global, definida como un período decisivo. El objetivo declarado es traducir compromisos en acciones medibles y a gran escala. Para ello, la organización priorizará tres líneas de trabajo: dotar a las empresas de herramientas prácticas y formación aplicada; catalizar la acción colectiva para superar barreras sistémicas en ámbitos como clima, trabajo decente e igualdad de género; y reforzar la evidencia sobre el vínculo entre liderazgo responsable y creación de valor a largo plazo.

El mensaje final plantea que los gobiernos no pueden alcanzar los ODS sin el sector privado; la cooperación global no prospera sin empresas comprometidas; y las propias empresas dependen de sociedades estables e inclusivas para sostener su crecimiento. En ese cruce de dependencias, Ojiambo formula un llamado a renovar el compromiso con los Diez Principios del Pacto Global y a invertir en estrategias basadas en la ciencia y la responsabilidad social. Más que una exhortación moral, la carta presenta la sostenibilidad como una condición operativa para navegar un mundo cada vez más incierto.

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