Los retos de la sostenibilidad en la era del impacto tangible que refleja el IBEX 35

La sostenibilidad empieza a mostrar efectos medibles en los resultados económicos de las grandes empresas españolas, pero el avance no es homogéneo ni está exento de tensiones estructurales. Esa es una de las principales conclusiones del “IX Estudio Comparativo de los Informes de Sostenibilidad del IBEX 35”, elaborado por EY, que analiza hasta qué punto las estrategias ESG se traducen hoy en impacto tangible sobre ingresos, inversiones, gestión de riesgos y efectos concretos en el entorno.

Los datos reflejan un punto de inflexión. El 21 % de los ingresos y el 30 % de las inversiones de las empresas no financieras del IBEX 35 ya proceden de actividades consideradas sostenibles. Estas cifras superan con holgura la media europea —en 10 puntos porcentuales en ingresos y en 14 en inversiones— y sugieren que la sostenibilidad ha dejado de ser un componente periférico para integrarse en el núcleo del negocio, especialmente en sectores como energías renovables y construcción. Sin embargo, el propio informe advierte que los resultados siguen siendo desiguales y que el margen de mejora continúa siendo amplio.

El estudio plantea una pregunta de fondo: qué está cambiando realmente más allá del discurso. Para responderla, EY estructura su análisis en tres dimensiones: la creación de valor financiero, la gestión de riesgos y los efectos reales que las empresas generan en su entorno. Esta combinación es lo que la firma define como “impacto tangible”, un concepto que busca ir más allá del cumplimiento normativo y de la calidad formal de los reportes para examinar qué dicen los datos sobre el desempeño real de la sostenibilidad.

En términos de ingresos y alineación estratégica, el avance es parcial. Solo el 21 % de las actividades elegibles del IBEX 35 está plenamente alineado con la Taxonomía europea. Esto implica que cerca de la mitad del potencial sostenible del índice no se está aprovechando. La brecha abre una doble lectura: por un lado, una oportunidad de crecimiento y de generación de impacto positivo; por otro, un riesgo estratégico en un contexto de transformación acelerada, mayor escrutinio regulatorio y presión de inversores. En el sector financiero, aunque el desempeño relativo es mejor que el promedio europeo, el Green Asset Ratio apenas supera el 2 %, lo que evidencia la dificultad de trasladar la sostenibilidad a los balances.

La sostenibilidad también empieza a reflejarse en la estructura de costes y en la gestión financiera. El 83 % de las compañías incorpora el riesgo climático en su reporting y el 70 % utiliza un precio interno del carbono en sus procesos de planificación financiera, integrando las emisiones en variables económicas. No obstante, más del 40 % de las empresas aún no cuantifica plenamente el impacto económico de estos riesgos, una limitación que reduce la capacidad de tomar decisiones basadas en evidencia.

En el plano ambiental, el informe muestra avances significativos junto a nuevas alertas. Las emisiones de gases de efecto invernadero han caído un 36,8 % desde 2018 y las energías renovables ya representan el 56,5 % del consumo energético del IBEX 35, con banca y tecnología superando el 80 %. Estos datos apuntan a una mayor resiliencia energética y menor exposición a la volatilidad de precios. En contraste, el consumo de agua aumentó un 45 % en un contexto de estrés hídrico nacional, impulsado en parte por la actividad constructora. El informe identifica el agua, la biodiversidad y la contaminación como áreas donde el reconocimiento del riesgo avanza más rápido que la definición de objetivos y planes de acción.

El impacto social presenta un patrón similar. La siniestralidad laboral se redujo a menos de un tercio, pasando del 7,21 % al 2,1 %, con efectos directos sobre la productividad, y el 90 % de las empresas fija objetivos en formación y talento. Sin embargo, la brecha salarial del IBEX 35 registró un aumento del 4,12 % interanual tras un cambio metodológico, con sectores como finanzas y construcción entre los más rezagados. El estudio sugiere que la gestión social sigue siendo uno de los ámbitos más complejos, donde las métricas avanzan más rápido que los cambios estructurales.

En gobernanza, los avances son más consistentes. La presencia de mujeres en los consejos alcanza el 36,4 %, el 71 % de las empresas ha desplegado sistemas de control interno ESG y la totalidad vincula la remuneración variable a objetivos de sostenibilidad. Además, el 89 % ya reporta bajo los estándares europeos ESRS. Aun así, 24 de las 35 compañías del índice no conectan explícitamente los riesgos ESG con su mapa general de riesgos, lo que limita una visión integrada del negocio.

El momento actual nos obliga a pensar en el porqué; la sostenibilidad ya ha aprendido a hablar el lenguaje de la contabilidad y de la estrategia financiera y más allá de las normativas actuales y futuras, el reto ahora es profundizar: medir mejor, conectar riesgos con negocio y ser capaces de traducirlos en impactos tangibles”, finaliza Alberto Castilla, socio de EY.

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