Salarios dignos en la industria de la moda: nuevo estudio expone la brecha entre compromisos y resultados

La séptima edición de Fashion Checker, de Clean Clothes Campaign, evaluó a 110 marcas internacionales y encontró que solo el 4% reportó avances concretos para garantizar salarios dignos. Aunque aumentó la transparencia sobre las fábricas proveedoras, la información sobre las remuneraciones sigue siendo limitada y persisten brechas significativas entre los ingresos reales y el costo de una vida digna.

Los compromisos públicos de las grandes marcas de moda con los salarios dignos no se reflejan, hasta el momento, en avances proporcionales en sus cadenas de suministro. Esa es una de las principales conclusiones de la edición 2026 de Fashion Checker, el proyecto de monitoreo de Clean Clothes Campaign que contrasta las declaraciones empresariales con información salarial y testimonios de trabajadores.

De las 110 marcas analizadas, el 32% declaró haber asumido un compromiso con los salarios dignos. Sin embargo, solo el 4% informó haber conseguido avances concretos. El dato central del estudio no es, por lo tanto, la ausencia total de compromisos, sino la distancia entre lo que las empresas anuncian y los resultados que dicen haber alcanzado.

La investigación también señala que el 96% de las marcas evaluadas todavía no garantiza un salario digno a ningún trabajador de sus cadenas de suministro. Esta conclusión, formulada por la organización a partir de su metodología de evaluación, sitúa el problema más allá de las políticas corporativas y plantea interrogantes sobre los mecanismos utilizados para verificar su implementación.

La brecha salarial en los países productores

Los datos recopilados mediante encuestas a trabajadores muestran diferencias sustanciales entre las remuneraciones percibidas y los ingresos que el estudio considera necesarios para alcanzar un nivel de vida digno.

En Bangladesh, los trabajadores consultados ganan un 73% menos que un salario digno; en Pakistán, la diferencia llega al 74%. En Serbia, la brecha es del 63%, mientras que en Turquía alcanza el 66%.

Estas cifras describen la situación de los trabajadores encuestados y no deben interpretarse como promedios representativos de toda la industria de la confección en cada país. No obstante, aportan evidencia sobre la magnitud de las diferencias salariales identificadas por la investigación.

El informe incorpora, además, testimonios que permiten observar las consecuencias de esas brechas. Una trabajadora de Bangladesh, vinculada a la producción para grandes marcas internacionales como Next, Hugo Boss y Marks & Spencer, relató las dificultades para cubrir las necesidades básicas de su familia y describió situaciones de humillación y acoso en el lugar de trabajo.

Su testimonio introduce una dimensión que los compromisos corporativos no permiten evaluar por sí solos: si los ingresos efectivamente percibidos alcanzan para cubrir los gastos cotidianos y si los trabajadores cuentan con condiciones seguras para denunciar abusos.

Qué revela la información que publican las marcas

La transparencia sobre las cadenas de suministro registra avances, aunque todavía presenta limitaciones relevantes. En 2026, el 41% de las marcas analizadas divulgó información sobre las instalaciones de sus proveedores, frente a un nivel un 28% menor en 2020, según los datos de Fashion Checker.

La evolución indica una mayor disponibilidad de información sobre los lugares donde se fabrican los productos. Sin embargo, esa apertura no alcanza al componente salarial: apenas el 3% de las marcas publica datos sobre los niveles de remuneración en las instalaciones de su cadena de suministro.

La diferencia entre ambos indicadores es significativa. Identificar las fábricas proveedoras permite conocer parte de la estructura productiva, pero no necesariamente determinar cuánto cobran sus trabajadores, cómo evolucionan sus ingresos o qué distancia existe respecto de un salario digno.

El estudio también detecta limitaciones en los canales de denuncia. Una de cada cuatro marcas evaluadas —el 25%— no dispone de un mecanismo de reclamación públicamente accesible que permita a los trabajadores comunicar de forma segura problemas laborales, incluidas posibles vulneraciones salariales.

La ausencia de estos mecanismos dificulta la identificación de incumplimientos y plantea dudas sobre la capacidad de las empresas para conocer los problemas que se producen en sus cadenas de suministro.

La regulación europea y la preparación empresarial

La investigación examina también la situación de las compañías frente a la Directiva de la Unión Europea sobre diligencia debida de las empresas en materia de sostenibilidad (CSDDD).

De las 110 marcas evaluadas, 30 —el 27%— podrían quedar comprendidas en el ámbito de aplicación de la normativa cuando comience a aplicarse a las empresas alcanzadas en 2029, según las estimaciones del estudio.

Entre esas compañías, solo el 3% cuenta actualmente con un plan público de acción en materia de salarios dignos. Además, el 13% carece de un mecanismo de reclamación públicamente accesible para los trabajadores.

Los resultados sugieren una brecha entre las exigencias que plantea la agenda regulatoria y las medidas que las empresas han hecho públicas hasta ahora. Sin embargo, la ausencia de un plan publicado no demuestra por sí sola que una compañía carezca de acciones internas; el indicador permite evaluar la información disponible, no necesariamente todas las medidas que puedan estar en marcha.

Para los responsables corporativos, la cuestión consiste en determinar cómo se identifican los riesgos laborales, qué medidas se adoptan para prevenirlos y de qué manera se verifica su eficacia. La diligencia debida requiere procesos que permitan abordar los impactos identificados, más allá de la formulación de compromisos generales.

Las marcas con las puntuaciones más bajas

Entre las compañías que recibieron la puntuación más baja posible en el indicador de salarios dignos, Fashion Checker menciona a Benetton, Levi’s, Adidas, Uniqlo y H&M.

La clasificación forma parte de la metodología del proyecto, que analiza las declaraciones de las marcas junto con información salarial y testimonios de trabajadores. Por ese motivo, las puntuaciones deben interpretarse dentro del alcance de los indicadores evaluados y no como una medición exhaustiva de todas las dimensiones laborales de cada empresa.

El estudio fue desarrollado en colaboración con Wikirate y con el apoyo de investigadores voluntarios. Su séptima edición actualiza las puntuaciones sobre salarios dignos y transparencia, incorpora indicadores adicionales y amplía el análisis sobre iniciativas sectoriales, regulación de diligencia debida y mecanismos de reclamación.

La prueba pendiente: resultados verificables

A partir de sus hallazgos, Clean Clothes Campaign propone que las marcas respalden las demandas sindicales de aumentos salariales en los países productores. Entre las medidas que señala figuran el apoyo a la demanda de un salario mínimo de 250 dólares en Camboya y la reanudación de las negociaciones sobre el salario mínimo en Bangladesh. La organización también publicó una hoja de ruta, denominada Living Wage Roadmap, con recomendaciones adicionales.

La coordinadora de Fashion Checker, Aileen Robinson, sostiene que las empresas deben acompañar sus compromisos y obligaciones de diligencia debida con medidas concretas para mejorar las remuneraciones.

El balance presentado por la organización apunta a una cuestión central para la industria: la distancia entre divulgar políticas, asumir compromisos y demostrar resultados. Aunque la información pública sobre los proveedores ha aumentado, la disponibilidad de datos salariales sigue siendo escasa y las brechas identificadas en los países analizados permanecen elevadas.

Para evaluar el progreso será necesario observar no solo cuántas marcas anuncian objetivos, sino también cuántas publican información verificable sobre las remuneraciones, implementan planes de acción y consiguen mejoras sostenidas en los ingresos de los trabajadores. Esa distinción permite separar los avances declarativos de los cambios efectivos en las condiciones laborales.

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