Semana del Clima Nueva York 2026: La sostenibilidad requiere de mejores indicadores para mejores decisiones

La sostenibilidad empresarial enfrenta un nuevo desafío: transformar la creciente cantidad de información ambiental y social disponible en decisiones concretas de negocio. En este artículo de opinión, Sergio Rengifo Caicedo, Director Ejecutivo de CECODES, plantea la necesidad de mejorar los indicadores y, sobre todo, de conectarlos con las decisiones de inversión, innovación y gestión de portafolios. Desde esta perspectiva, sostiene que el verdadero valor de medir los impactos de una empresa está en utilizar esas señales para anticipar riesgos, identificar oportunidades y fortalecer su competitividad.

Foto: Sergio Rengifo Caicedo, director ejecutivo de CECODES.

Tener mucha información no garantiza tomar una buena decisión. Pensemos en algo sencillo: una empresa puede tener un tablero que le advierte dónde están sus mayores riesgos y oportunidades, pero si esas señales no llegan a quienes deciden dónde invertir, qué producto fortalecer o qué línea de negocio transformar, difícilmente podrá aprovechar todo el valor de esa información. Eso es, en buena medida, lo que está ocurriendo hoy con la sostenibilidad.

En los últimos años hemos avanzado. Las empresas tienen estrategias de sostenibilidad, metas climáticas, evaluaciones de ciclo de vida, herramientas de ecodiseño y análisis cada vez más sofisticados. El desafío aparece cuando preguntamos: ¿cuánto de esa información está influyendo realmente en las decisiones sobre inversión, innovación, productos, mercados y clientes?

No nos falta necesariamente información. Nos falta conectarla mejor con las decisiones que determinan el futuro del negocio. Esta discusión cobra especial importancia en la Semana del Clima de Nueva York. No se trata solamente de otro encuentro internacional sobre cambio climático. La conversación empresarial está evolucionando de los compromisos hacia la implementación, la competitividad, la resiliencia y la creación de valor. De hecho, el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD), nuestra casa matriz, ha planteado su participación este año alrededor de convertir la sostenibilidad en ventaja competitiva y conectar las prioridades de sostenibilidad con las decisiones de inversión y asignación de capital.

Considero que este cambio era necesario. Durante años hicimos un enorme esfuerzo por medir mejor nuestros impactos. Ahora tenemos que dar el siguiente paso: utilizar esa información para tomar mejores decisiones empresariales. Esto cambia la pregunta. Ya no basta con preguntarnos qué tan sostenible es nuestra empresa. Tenemos que hacernos una pregunta más difícil: ¿qué tan preparado está nuestro portafolio para competir en un mundo en transformación?

Precisamente allí cobra relevancia una iniciativa que nuestra casa matriz está impulsando: el Product Portfolio Resilience & Innovation Accelerator (PPRIA), en español, Acelerador de Resiliencia e Innovación del Portafolio de Productos. Más allá del nombre técnico, la idea es sencilla: llevar la información de sostenibilidad al lugar donde se decide qué hacer con cada producto del portafolio. Para ello, considera cinco dimensiones: cambio climático, naturaleza, impactos sociales, economía circular y seguridad del producto. Lo importante es lo que hacemos con esa información: decidir qué productos podemos escalar, cuáles debemos mejorar, cuáles necesitan transformarse, dónde existe una oportunidad de mercado y dónde estamos acumulando un riesgo que aún no vemos reflejado en los resultados.

Y no es una reflexión construida únicamente desde la teoría. PPRIA fue desarrollado durante dos años de cocreación y pruebas en contextos empresariales, con la participación de 25 empresas y más de 60 expertos, y recoge más de 50 marcos, estándares y referencias científicas. Esto permite poner sobre la misma mesa información que tradicionalmente han analizado por separado las áreas de sostenibilidad, finanzas, innovación y estrategia.

Aquí está, para mí, el verdadero cambio: dejar de mirar un impacto únicamente como un dato de sostenibilidad y empezar a preguntarnos qué significa para el negocio. Si dependemos de un recurso cada vez más escaso, si aumenta nuestra exposición regulatoria o si cambian las preferencias del mercado, tarde o temprano eso puede aparecer en los costos, los ingresos, las inversiones o el margen.

Pensemos, por ejemplo, en el agua. Dos productos pueden utilizar cantidades similares de este recurso, pero el riesgo empresarial puede ser muy diferente si uno depende de una operación ubicada en una zona con estrés hídrico. El dato ambiental es importante, pero para quien dirige una compañía la siguiente pregunta es todavía más importante: ¿qué significa esa dependencia para la continuidad y competitividad de mi negocio?

Desde CECODES, como nodo regional en Colombia del WBCSD, vemos una oportunidad muy concreta en esta conversación: llevar estas discusiones globales a la realidad de Colombia y América Latina, donde competitividad y sostenibilidad están profundamente conectadas con la biodiversidad, la disponibilidad de agua, las cadenas de suministro, la transición energética y el acceso a mercados internacionales.

Esto no significa afirmar que todo lo sostenible será automáticamente más rentable. Las transformaciones tienen costos, existen decisiones difíciles y los retornos ocurren en horizontes distintos. Precisamente por eso necesitamos mejor información para entender los equilibrios entre rentabilidad presente, exposición futura y oportunidades de crecimiento.

Para mí, la sostenibilidad tiene que entrar cada vez más en las decisiones que definen la competitividad de las empresas. No se trata de tener más indicadores, sino de saber qué hacemos con ellos. Podemos tener el mejor tablero y conocer nuestros riesgos, pero su verdadero valor está en utilizar esas señales para decidir si debemos mantener el rumbo o cambiarlo a tiempo. La ventaja estará en las empresas que sepan leer esas señales y convertirlas en decisiones de negocio.

Y quizás esa sea la pregunta que deberíamos llevar a nuestra próxima junta directiva: si hoy incorporáramos realmente la sostenibilidad en las decisiones sobre nuestro portafolio, ¿seguiríamos invirtiendo exactamente de la misma manera?

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