Cerrar la brecha de género en los sectores vinculados a la transición energética no es solo una cuestión de equidad: es una decisión económica de alto impacto. Así lo concluye el informe “Coste de oportunidad de la brecha de género en la transición energética”, elaborado por Afi y presentado por ClosinGap en España, que estima que alcanzar la paridad entre mujeres y hombres en este ámbito podría aportar hasta 122.000 millones de euros anuales al PIB, el equivalente al 7,7% del PIB español de 2024.

El estudio, impulsado por Enagás, pone cifras a una realidad persistente: solo una de cada cuatro personas que trabajan en sectores de transición energética es mujer. Esta infrarrepresentación supone una pérdida sistemática de talento en áreas estratégicas para la competitividad, la innovación y la lucha contra el cambio climático. A pesar de que la transición energética se perfila como uno de los principales motores de crecimiento y empleo del futuro, el potencial femenino continúa infrautilizado.
Según el informe, la desigualdad no responde a una falta de formación. Las mujeres representan el 38% de los empleados con estudios universitarios en el sector, pero apenas concentran el 24% del empleo total, con mayor presencia en áreas administrativas y menos remuneradas, y una participación limitada en puestos técnicos, operativos y de liderazgo. El denominado “techo de cristal” sigue siendo evidente: solo el 22% de los cargos directivos están ocupados por mujeres.
La brecha se reproduce desde las etapas formativas. La escasa presencia femenina en itinerarios de Formación Profesional y en carreras universitarias STEM vinculadas a la energía reduce el acceso a los empleos verdes emergentes. De hecho, apenas el 11% de las mujeres egresadas en titulaciones relacionadas logra insertarse laboralmente en el sector, frente al 23% de los hombres. Esta desconexión entre formación y empleo retrasa el avance hacia la igualdad y amplifica el coste económico de la brecha.
El informe advierte que, de mantenerse las tendencias actuales, la paridad de género no se alcanzaría hasta 2061. Incluso con políticas activas, el horizonte se adelantaría solo hasta 2043. Alcanzar los objetivos internacionales de igualdad en 2030 exigiría un giro radical: incrementar la incorporación femenina al sector a un ritmo cinco veces superior al actual.
Durante la presentación, distintas voces subrayaron que la transición energética no puede entenderse únicamente como un proceso tecnológico o ambiental. Para Judit Carreras, directora del Instituto de Transición Justa, se trata también de “una palanca para la calidad del empleo y para avanzar hacia una sociedad más justa”, donde una mayor ambición en igualdad acelera la convergencia económica y el bienestar colectivo. En la misma línea, desde Enagás se remarcó que medir la desigualdad y sus efectos es clave para diseñar políticas eficaces y no seguir perdiendo talento y oportunidades.
Más allá del mercado laboral, el informe también visibiliza un impacto social menos evidente: la pobreza energética afecta con mayor intensidad a hogares encabezados por mujeres, en particular monomarentales y pensionistas, profundizando desigualdades en salud, cuidados y acceso a derechos básicos. Paradójicamente, las mujeres muestran un mayor compromiso con la acción climática. Según el CIS, más del 94% de las mujeres de la generación Z considera la transición energética una oportunidad para la innovación y el desarrollo empresarial.


