En la siguiente columna de opinión, Fernando Passarelli, founder & CEO de DCOC, pone en cuestión el optimismo que rodea a la transición hacia modelos productivos circulares y advierte que el principal obstáculo no es conceptual sino operativo. Con foco en las fricciones de la logística inversa, la falta de trazabilidad en proveedores de múltiples niveles y los incentivos económicos que aún favorecen a la materia prima virgen, Passarelli sostiene que la economía circular enfrenta un desafío estructural en la complejidad de las cadenas globales de suministro y que su consolidación exigirá algo más que buenas intenciones: requerirá rediseño industrial, innovación tecnológica y, sobre todo, cooperación empresarial a gran escala.

Foto: Fernando Passarelli, Founder & CEO de DCOConsultores.
La promesa es seductora: un mundo sin desperdicios donde cada residuo es, en realidad, materia prima para un nuevo ciclo. Sin embargo, a medida que las industrias intentan transitar del modelo lineal de “extraer-fabricar-desechar” hacia la economía circular, se están topando con un muro invisible pero resistente: la complejidad de la cadena de suministros global.
Lo que sobre el papel parece una línea continua, en la realidad es un laberinto de logística inversa, falta de transparencia y fricciones económicas que amenazan con estancar la transición verde.
Tres pilares del conflicto
Para entender por qué no estamos reciclando todo lo que producimos, debemos observar tres desafíos críticos que enfrentan las empresas hoy:
- La pesadilla de la logística inversa: Diseñar una cadena para entregar productos es “relativamente” sencillo. Pero, ¿cómo recuperas millones de envases o componentes electrónicos dispersos por todo el mundo? El costo de transporte y clasificación a menudo supera el valor del material recuperado.
- El déficit de trazabilidad: No se puede reciclar lo que no se conoce. Muchas empresas desconocen el origen exacto o la composición química de los componentes de sus proveedores de segundo o tercer nivel, lo que imposibilita un tratamiento circular seguro.
- El diseño “egoísta”: Seguimos fabricando productos pensados para la eficiencia de ensamblaje, no para la facilidad de desmontaje. Si un smartphone requiere calor extremo y disolventes para separar la batería de la carcasa, el círculo se rompe antes de empezar.
La paradoja del costo: ¿Es más caro ser sostenible?
Actualmente, la materia prima virgen (como el plástico derivado del petróleo) suele ser más barata y de calidad más predecible que la materia reciclada. Esta brecha económica desincentiva la inversión en infraestructuras de recuperación.
“La economía circular no es solo un reto ambiental, es un cambio de paradigma contable. Necesitamos dejar de medir el éxito solo por el volumen de ventas y empezar a medirlo por la retención de valor del material a largo plazo”.
Hacia una solución: Pasaportes Digitales de Producto
La luz al final del túnel parece venir de la mano de la tecnología. Los Pasaportes Digitales de Producto (DPP) están emergiendo como la herramienta clave. Se trata de registros digitales (a menudo basados en blockchain) que acompañan al producto, detallando su composición, historial de reparaciones y guías de reciclaje.
| Desafío | Solución emergente |
| Fragmentación de datos | Blockchain para trazabilidad total |
| Residuos textiles | Clasificación automatizada por IA |
| Obsolescencia | Product-as-a-Service (Alquiler en lugar de venta) |
El futuro: de cadenas a redes
La conclusión es clara: la economía circular no puede ser un esfuerzo aislado de una sola marca. Requiere una colaboración radical entre competidores para estandarizar materiales y compartir infraestructuras de recolección. El desafío ya no es solo técnico, es de voluntad política y cooperación industrial.
Si no logramos cerrar el círculo en la cadena de suministros, seguiremos simplemente “haciendo menos mal” en lugar de “hacer el bien” de forma sistémica.


