La crisis ambiental ya no es solamente un problema ecológico: también se convirtió en un desafío económico. Sequías, pérdida de biodiversidad y degradación de ecosistemas afectan cadenas de suministro, mercados y niveles de inversión en todo el mundo. Frente a este escenario, el Cambridge Institute for Sustainability Leadership (CISL) propone una salida concreta: transformar los modelos de negocio para alinearlos con una economía de “naturaleza positiva”, capaz no solo de reducir impactos, sino también de restaurar la naturaleza.

Foto: David Riaño Cortés / Pexels.
Esa es la principal conclusión del paper “Aligning business models with a nature positive economy: from theory to practice”, elaborado en el marco del proyecto europeo A-Track. El informe busca traducir la discusión ambiental en herramientas aplicables para las empresas, mostrando ejemplos reales, casos de estudio y modelos comerciales que ya están generando valor económico mientras contribuyen a la recuperación de ecosistemas.
El documento sostiene que la transición hacia una economía positiva para la naturaleza no ocurrirá únicamente a través de compromisos climáticos o metas corporativas aisladas. La clave, plantea el CISL, está en modificar la lógica central de los negocios: cómo producen, cómo diseñan sus cadenas de valor y cómo generan ingresos. En esa línea, el reporte identifica distintos “arquetipos” de modelos de negocio capaces de integrar resultados ambientales dentro de su estructura comercial, en lugar de tratarlos como acciones paralelas o programas de compensación.
Uno de los aportes más relevantes del estudio es que pone el foco en las soluciones y en las condiciones necesarias para escalarlas. Entre ellas, destaca la necesidad de desarrollar nuevas capacidades dentro de las organizaciones, fortalecer la gobernanza corporativa y generar incentivos regulatorios claros. También subraya que las empresas que adopten una estrategia proactiva podrían posicionarse mejor frente a los cambios económicos y regulatorios que ya empiezan a redefinir los mercados globales.
El informe remarca además que ninguna empresa podrá avanzar sola. Por eso, propone una articulación más estrecha entre gobiernos, sector financiero y cadenas de valor. Según el CISL, los gobiernos deben ofrecer reglas previsibles y objetivos ambientales consistentes, mientras que el sector financiero tiene un rol decisivo al direccionar capital hacia compañías capaces de minimizar su impacto y contribuir activamente a la restauración de la naturaleza.
Lejos de presentar la sostenibilidad como un costo, el paper plantea que la economía de “naturaleza positiva” puede convertirse en una fuente de innovación y resiliencia. En un contexto donde los riesgos ambientales afectan cada vez más la estabilidad económica, el reporte sugiere que rediseñar los modelos de negocio ya no es solamente una cuestión reputacional, sino una estrategia para asegurar competitividad y viabilidad en el largo plazo.


