“Para Laboratorios Bagó la manera más efectiva de lograr impacto en la comunidad tiene que ver con generar alianzas”

Así lo afirmó Hernán Da Cunha, Director de Relaciones Institucionales de Laboratorios Bagó, durante una charla con Javier García Moritán, Director Ejecutivo de GDFE, realizada en el marco de la celebración de los 30 años de gestión de la compañía a través de alianzas con impacto positivo en la sociedad. El encuentro permitió repasar la evolución de la inversión social privada, el rol de las empresas como actores sociales y la importancia de construir modelos de colaboración capaces de generar impactos sostenibles y de largo plazo.

Foto: Hernán Da Cunha, Director de Relaciones Institucionales de Laboratorios Bagó, durante la charla con Javier García Moritán, Director Ejecutivo de GDFE.

Para Da Cunha, las alianzas constituyen hoy un componente central de la estrategia de sustentabilidad de Bagó. La compañía entiende que la articulación entre distintos actores permite sumar esfuerzos y recursos, pero, fundamentalmente, multiplicar el impacto de las iniciativas. Esta mirada se apoya, además, en una experiencia histórica de más de nueve décadas: desde sus orígenes, la empresa familiar sostiene un compromiso con la comunidad que, con el tiempo, evolucionó hacia un modelo de trabajo basado en la colaboración.

Para Bagó, la sustentabilidad es una forma de desarrollar nuestro propósito”, señaló Da Cunha. En esa línea, explicó que la compañía busca avanzar hacia un modelo de “ecosistemas de colaboración”, en el que los participantes puedan establecer una agenda común y desarrollar alianzas orientadas a generar un impacto colectivo elevado.

De la experiencia científica a la acción social

El enfoque de Bagó también encuentra un punto de conexión con la propia actividad de la compañía. Da Cunha explicó que la cooperación y el trabajo en equipo constituyen elementos fundamentales para el desarrollo científico y farmacéutico. Esa experiencia de trabajar con objetivos comunes y valores compartidos fue trasladada al ámbito de la sustentabilidad.

La lógica, según explicó, es que la sinergia entre actores que comparten valores y objetivos puede producir resultados más sostenibles que los esfuerzos individuales. Por eso, la estrategia de sustentabilidad de la compañía busca integrar las dimensiones social, económica y ambiental desde una perspectiva de largo plazo.

En ese proceso, la escucha activa ocupa un lugar relevante. Da Cunha destacó que Bagó no define sus prioridades de sustentabilidad únicamente desde la perspectiva interna de la compañía, sino que incorpora las necesidades y expectativas de sus principales públicos y de las comunidades con las que interactúa.

El análisis de materialidad permite identificar esas necesidades y, a partir de allí, alinear la estrategia de sustentabilidad con la estrategia corporativa y con aliados que puedan aportar experiencia y capacidades específicas. A su vez, la compañía procura que las iniciativas estén vinculadas con su actividad, por lo que concentra buena parte de sus acciones de transformación social en salud y educación.

Alianzas para escalar el impacto

El modelo desarrollado por Laboratorios Bagó involucra a más de 60 instituciones sociales. Para Da Cunha, esa red permite conocer de manera más profunda las necesidades de cada territorio, ajustar las estrategias y construir impactos de largo plazo.

Uno de los desafíos identificados es precisamente ampliar el alcance de las iniciativas. La compañía busca que sus acciones no queden restringidas a las localidades donde posee plantas u oficinas, sino que puedan alcanzar distintas regiones del país. Para ello, apuesta por comenzar con experiencias concretas y localizadas, aprender de ellas y luego escalarlas hacia otros territorios.

Un ejemplo de esta lógica aparece en el trabajo desarrollado en educación junto a un colegio industrial cercano a una de sus plantas. La iniciativa comenzó con prácticas profesionalizantes para estudiantes de química y posteriormente incorporó la participación de trabajadores de la compañía en la institución educativa. Según Da Cunha, este tipo de experiencias permite comenzar desde lo local y, a partir de los aprendizajes obtenidos, pensar en su replicabilidad a escala nacional.

La lógica de alianzas también se extiende a la gestión estratégica del negocio. La compañía trabaja de manera colaborativa con organismos científicos y académicos, otras empresas del sector y el ecosistema emprendedor, con el objetivo de impulsar innovación, soluciones tecnológicas y el acceso a nuevos productos y tratamientos.

Sustentabilidad y negocio: dos caminos que se complementan

Otro de los puntos centrales de la conversación fue la necesidad de vincular la estrategia de sustentabilidad con la estrategia de negocio. Para Da Cunha, no se trata de dos caminos paralelos, sino de procesos que deben complementarse y potenciarse mutuamente.

En este sentido, la efectividad aparece como una condición para sostener las iniciativas en el tiempo. La definición de objetivos claros, indicadores, métricas y asignación de recursos resulta, según explicó, indispensable para evaluar los resultados y garantizar la continuidad de los proyectos.

La misma lógica se aplica a la selección de aliados. Además de compartir valores y objetivos, las organizaciones involucradas deben contar con una filosofía de trabajo orientada al largo plazo. Para Bagó, la sostenibilidad de los proyectos depende en buena medida de esa coincidencia de criterios.

Da Cunha también planteó que todavía existe un amplio espacio para profundizar la cooperación entre el sector privado y el sector público. La posibilidad de escalar proyectos locales o provinciales requiere, en su visión, una mayor articulación entre actores y la construcción de ecosistemas más horizontales.

En paralelo, destacó la importancia de fortalecer el diálogo dentro de las propias compañías. La experiencia de Bagó muestra, según explicó, que la construcción transversal de objetivos e indicadores de sustentabilidad puede generar conversaciones y compromisos internos que exceden las funciones habituales de los colaboradores. De allí que uno de los desafíos sea multiplicar el diálogo tanto hacia adentro como hacia afuera de la organización.

Javier García Moritán: pasar de las alianzas a la acción colectiva

Durante el encuentro, Javier García Moritán propuso una mirada sobre los 30 años de evolución de la inversión social privada y sobre los desafíos que enfrenta actualmente el sector. Su reflexión partió de una idea central: reconocer a la empresa como un “actor social” implica ampliar la mirada sobre su responsabilidad y sobre el lugar que ocupa en los contextos donde desarrolla sus actividades.

Para García Moritán, las últimas tres décadas estuvieron marcadas por un proceso de profesionalización de la inversión social privada: se pasó de respuestas más reactivas frente a las demandas sociales a modelos planificados, estratégicos y con mayor capacidad de medición. En paralelo, las colaboraciones puntuales fueron dando lugar a alianzas y esquemas de gobernanza compartida capaces de sostener compromisos en el tiempo.

En ese recorrido, destacó especialmente el caso de Bagó, que comenzó a desarrollar su estrategia de inversión social mediante alianzas hace tres décadas. Según señaló, la compañía cuenta actualmente con una red de más de 60 organizaciones, y durante el último año destinó más de 365 millones de pesos a iniciativas vinculadas con salud y educación, además de haber facilitado más de 4.500 tratamientos médicos.

Sin embargo, García Moritán planteó que la consolidación de estos modelos abre una nueva pregunta: si las empresas y organizaciones pueden ir más allá de los límites de sus propias misiones y responsabilidades para contribuir a transformaciones de mayor alcance.

En su visión, las alianzas pueden convertirse en una plataforma para pasar de la cooperación entre organizaciones a la construcción de misiones comunes. Esto supone no solamente identificar dónde puede generar impacto positivo cada compañía, sino también alinear capacidades, recursos y esfuerzos con otros actores para abordar desafíos que trascienden los límites individuales.

El desafío hacia adelante, concluyó, consiste en aprovechar las redes institucionales y las alianzas construidas durante estas tres décadas para avanzar hacia una acción colectiva con mayor capacidad transformadora. De esta manera, la profesionalización de la gestión social no sería un punto de llegada, sino la base para una nueva etapa en la que las empresas, entendidas como actores sociales, puedan contribuir junto con otros actores a la generación de bienes públicos más amplios y sostenibles.

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