Un estudio de PROhumana, basado en el diálogo con 46 líderes de 38 empresas y organizaciones, advierte que la adopción de inteligencia artificial está superando el desarrollo de los mecanismos para gestionar sus consecuencias. El desafío para los directorios y la alta dirección es definir qué decisiones delegar, quién asume la responsabilidad por sus resultados y cómo preservar las capacidades humanas necesarias para el futuro del negocio.

La inteligencia artificial (IA) está transformando los negocios, los procesos de trabajo y las capacidades que necesitan las organizaciones. Sin embargo, su adopción avanza más rápido que los mecanismos de gobernanza destinados a orientar esa transformación. Esta brecha plantea una cuestión estratégica para las empresas: ¿cómo aprovechar las oportunidades de la tecnología sin perder el control sobre las decisiones, los riesgos y las consecuencias que genera?
Esta es una de las principales conclusiones de la Mesa Redonda Gobernar la IA: Comprender y Liderar la Transformación, impulsada por PROhumana, que reunió las reflexiones de 46 líderes de 38 empresas y organizaciones durante cinco jornadas de diálogo. Los resultados se presentaron el 22 de octubre de 2026, en un encuentro con más de 60 participantes, en el que se analizaron las implicancias de la inteligencia artificial para el liderazgo empresarial, los modelos de negocio y el desarrollo de las personas.
El diagnóstico propone ampliar la mirada sobre la gobernanza de esta tecnología. Aunque las empresas avanzan en políticas de uso, protección de datos, ciberseguridad y controles, esos mecanismos no necesariamente alcanzan para conducir los cambios que la IA introduce en la estrategia, la cultura organizacional, la toma de decisiones y las relaciones laborales.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en establecer reglas para utilizar una herramienta, sino en decidir qué transformación quiere impulsar cada organización y bajo qué criterios.
De la adopción tecnológica a las decisiones estratégicas
Durante la presentación de los resultados, Soledad Teixidó, fundadora y presidenta ejecutiva de PROhumana, sostuvo que las organizaciones pueden alcanzar un alto nivel de desarrollo tecnológico sin desarrollar una capacidad equivalente para gobernar sus consecuencias.
Desde esta perspectiva, la gobernanza de la IA deja de ser un asunto exclusivamente tecnológico y pasa a formar parte de las responsabilidades de la alta dirección y los directorios. La cuestión central es cómo incorporar la inteligencia artificial sin que las decisiones sobre el futuro de la empresa queden determinadas por la velocidad de adopción o por las posibilidades técnicas disponibles.
Teixidó planteó que las organizaciones deben definir para qué quieren incorporar la IA y qué objetivos pretenden alcanzar. La tecnología, señaló, no constituye la estrategia empresarial, sino que actúa como un catalizador capaz de acelerar su ejecución, ampliar capacidades y abrir nuevas oportunidades de creación de valor.
Esta distinción tiene consecuencias concretas. Una iniciativa puede mejorar la productividad o reducir costos y, al mismo tiempo, generar efectos no previstos sobre la estructura de trabajo, las capacidades profesionales o la lógica económica del negocio. Por eso, la evaluación de sus resultados requiere ir más allá de los indicadores tradicionales de eficiencia.
La mesa redonda identificó como uno de los desafíos centrales la necesidad de reconocer cuándo la automatización deja de ser una mejora operativa y comienza a modificar aspectos estructurales de la empresa. En ese punto, las decisiones sobre la IA requieren una evaluación estratégica que considere tanto las oportunidades económicas como sus consecuencias organizacionales y humanas.
La responsabilidad no se puede delegar a un algoritmo
Uno de los interrogantes que atraviesa las conclusiones del estudio es quién responde cuando una decisión apoyada o ejecutada por inteligencia artificial produce consecuencias relevantes para la organización y sus grupos de interés.
La capacidad de la tecnología para intervenir en más procesos obliga a precisar quién decide, quién supervisa, quién asume la responsabilidad y quién tiene autoridad para intervenir cuando resulta necesario. La existencia de sistemas automatizados no elimina la responsabilidad de quienes los incorporan, definen sus objetivos o utilizan sus resultados.
El informe propone que la gobernanza evolucione a medida que aumenta el alcance de la IA. Un uso individual o limitado puede requerir controles diferentes de los necesarios cuando la tecnología empieza a influir en decisiones estratégicas, procesos críticos o áreas que afectan directamente a las personas.
Esto supone establecer límites claros sin convertir la gobernanza en un obstáculo para la innovación. Las empresas necesitan condiciones para experimentar, explorar aplicaciones y desarrollar nuevas soluciones, pero también criterios que permitan identificar riesgos y determinar qué decisiones deben permanecer bajo supervisión y criterio humanos.
El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre autonomía tecnológica y responsabilidad organizacional, evitando que la velocidad de implementación supere la capacidad de comprender y gestionar sus efectos.
El impacto sobre el talento y las oportunidades de desarrollo
Las consecuencias de la IA sobre el trabajo constituyen otra de las preocupaciones destacadas en el diálogo. La automatización no solo modifica tareas y funciones existentes: también puede afectar las oportunidades mediante las cuales los profesionales adquieren experiencia, desarrollan conocimientos y construyen su criterio.
Cristián Vergara, gerente general de Essbio, destacó la importancia de preservar los cargos y las oportunidades de desarrollo para los profesionales jóvenes, cuyas primeras experiencias laborales pueden verse afectadas por la automatización.
Su planteo apunta a una dimensión menos visible de la transformación tecnológica. Algunas tareas que hoy pueden ser realizadas por sistemas de IA también cumplen una función formativa: permiten aprender a resolver problemas, comprender el funcionamiento de una organización y desarrollar las capacidades necesarias para asumir responsabilidades de mayor complejidad.
Si esas experiencias desaparecen sin alternativas que las reemplacen, las empresas podrían debilitar los procesos de formación del talento que necesitarán en el futuro. La decisión de automatizar, por lo tanto, no debería limitarse a comparar costos y productividad, sino considerar también cómo se construyen las capacidades profesionales a largo plazo.
Vergara también puso el foco en el uso de los datos, la importancia del criterio humano y la necesidad de establecer límites claros. A esto sumó un desafío relacionado con los proveedores: la capacidad de una gran empresa para gobernar la IA puede ser superior a la de las organizaciones que integran su cadena de valor, lo que introduce diferencias en la implementación de controles y buenas prácticas.
La gobernanza, en consecuencia, no depende únicamente de las políticas internas. También exige considerar el alcance de la tecnología en las relaciones comerciales y en los actores de los que depende la operación empresarial.
Formación continua y nuevas métricas de desempeño
Carmen Román, directora de empresas, entre ellas Coca-Cola Andina, abordó los desafíos culturales y estratégicos que plantea una transformación acelerada. Su intervención puso énfasis en la necesidad de desarrollar procesos de formación más ágiles y continuos, orientados tanto al uso de la IA como al fortalecimiento de las capacidades humanas.
La curiosidad, la creatividad y el criterio para evaluar información y tomar decisiones adquieren especial relevancia en un entorno en el que la tecnología puede generar respuestas, automatizar actividades y acelerar procesos a gran escala.
Román advirtió también sobre los riesgos de adoptar modelos uniformes de gobernanza. Cada empresa necesita comprender sus propios riesgos, sus necesidades y las características de su modelo de negocio antes de definir cómo incorporar la IA.
En ese sentido, propuso revisar los criterios con los que se evalúa el avance de la transformación. Además de la productividad y la eficiencia, las organizaciones deberían observar cómo evolucionan las capacidades de sus equipos y si la adopción tecnológica está contribuyendo al desarrollo de las personas.
Esta perspectiva implica ampliar los indicadores utilizados para medir el desempeño de las iniciativas de IA. Una implementación puede ser eficiente desde el punto de vista operativo, pero insuficiente si no desarrolla las competencias necesarias para sostener los resultados o si debilita capacidades relevantes para el futuro.
La cuestión no es frenar la adopción tecnológica, sino evitar que su velocidad impida comprender qué está cambiando dentro de la organización y qué capacidades necesita fortalecer.
Diez desafíos para gobernar la transformación
A partir de las jornadas de diálogo, PROhumana identificó diez desafíos para que las empresas conduzcan conscientemente su transformación mediante la inteligencia artificial, en lugar de adaptarse de manera reactiva a sus posibilidades:
- Pasar de gobernar la tecnología a gobernar la transformación: El desafío es ampliar la gobernanza al mismo ritmo que se amplía la capacidad transformadora de la IA.
- Alinear la eficiencia con el propósito y la estrategia: El desafío es asegurar que la eficiencia habilitada por la IA esté al servicio del propósito y la estrategia de la empresa, y no se convierta en un fin en sí misma.
- Gobernar cuando la IA comienza a transformar la lógica económica del negocio: El desafío es reconocer cuándo la eficiencia comienza a transformar la lógica económica del negocio y gobernar ese cambio equilibrando las nuevas oportunidades de creación de valor con sus consecuencias organizacionales y humanas.
- Transformar la formación del talento al mismo ritmo que cambian las capacidades necesarias: El desafío es evolucionar desde una formación centrada en el uso de IA hacia procesos de aprendizaje que desarrollen deliberadamente las capacidades humanas necesarias para trabajar, decidir y crear valor en un entorno crecientemente atravesado por ella.
- Cerrar la distancia entre el alcance de la IA y el alcance de su gobernanza: El desafío es lograr que la capacidad de gobernanza acompañe el alcance real de la IA, incorporando progresivamente todos aquellos espacios donde comienza a generar impactos relevantes para el negocio, las personas y la organización.
- Sincronizar velocidades y niveles de madurez: El desafío es evitar una transformación desequilibrada, articulando el avance tecnológico con la evolución de la gobernanza, el liderazgo y las personas.
- Hacer evolucionar la gobernanza a medida que escala la IA: El desafío es reconocer cuándo un uso deja de ser individual u operacional y requiere otro nivel de gobernanza.
- Gobernar sin limitar la creatividad y la innovación: El desafío es construir límites claros para los riesgos, sin convertir la gobernanza en una barrera para explorar, crear y descubrir nuevas posibilidades con IA.
- Decidir conscientemente qué delegar y qué mantener bajo criterio humano: El desafío es decidir qué capacidades y decisiones delegar y cuáles mantener bajo criterio humano, incluso cuando tecnológicamente sea posible transferirlas.
- Hacer indelegable la responsabilidad por las consecuencias: El desafío es establecer con claridad quién decide, quién supervisa, quién responde y quién tiene autoridad para intervenir cuando las consecuencias de una decisión apoyada o ejecutada por IA lo exijan.
Un desafío para el gobierno corporativo
Las conclusiones de PROhumana sitúan al gobierno corporativo y a la alta dirección en el centro de la transformación. Su responsabilidad no consiste solamente en autorizar inversiones tecnológicas o supervisar el cumplimiento de las políticas, sino también en garantizar que la organización tenga una dirección definida y pueda responder por los cambios que impulsa.
En este marco, la gobernanza debe contribuir a generar confianza dentro de las empresas. Los equipos necesitan comprender que la transformación está siendo conducida de manera consciente y responsable, con criterios claros sobre el uso de la tecnología y sus efectos sobre el trabajo.
Los participantes también destacaron que la IA debe entenderse como un fenómeno que trasciende el ámbito empresarial. Sus implicancias sociales requieren una reflexión colectiva sobre las responsabilidades que asumen las organizaciones y sobre las capacidades humanas que se busca preservar y desarrollar.
La principal advertencia del estudio es que la capacidad de incorporar tecnología no equivale a la capacidad de dirigir sus consecuencias. Las empresas pueden avanzar rápidamente en la implementación de inteligencia artificial y, aun así, carecer de los mecanismos necesarios para decidir cómo quieren transformarse.
El desafío que plantea PROhumana es cerrar esa brecha: lograr que la gobernanza, el liderazgo y el desarrollo de las personas evolucionen al ritmo de la tecnología. En última instancia, la pregunta no es solamente qué puede hacer la IA por una empresa, sino qué decisiones está dispuesta a tomar esa empresa para definir el lugar que la inteligencia artificial ocupará en su futuro.

