Coca-Cola, Nestlé y Danone modificarán sus mensajes sobre reciclaje tras proceso de diálogo con la UE

La Comisión Europea anunció que Coca-Cola, Nestlé y Danone se comprometieron a modificar las declaraciones ambientales que utilizan en las etiquetas de sus botellas de plástico, como resultado de un proceso de diálogo con las autoridades de protección al consumidor de la Unión Europea. El acuerdo no solo apunta a corregir mensajes potencialmente engañosos sobre el contenido reciclado y las posibilidades de reciclaje de los envases, sino que también establece un precedente para el conjunto de la industria embotelladora sobre cómo comunicar sus atributos ambientales.

Foto: Organización Europea de Consumidores (BEUC).

Entre los principales cambios acordados figura la sustitución de expresiones como «Soy una botella fabricada con plástico 100% reciclado» por «Esta botella es 100% reciclada. Excluyendo la tapa y la etiqueta», con el propósito de precisar qué componentes del envase están incluidos en esa declaración. También deberán reemplazar mensajes como «Recíclame otra vez» por «Recíclame», para evitar que los consumidores interpreten que la botella ya fue reciclada antes de su compra y que puede volver a convertirse en otro envase.

Los compromisos incluyen revisar la impresión general de las etiquetas y las campañas de marketing, evitando combinaciones de declaraciones o símbolos verdes que puedan transmitir una percepción exagerada de los beneficios ambientales de los envases plásticos. Las modificaciones deberán extenderse, además, a los sitios web y las redes sociales de las compañías.

El proceso comenzó en noviembre de 2023, cuando la Organización Europea de Consumidores (BEUC) presentó una alerta sobre las declaraciones ambientales utilizadas por empresas embotelladoras que comercializan botellas de plástico en la Unión Europea. A partir de entonces, la Comisión Europea y la red de Cooperación para la Protección del Consumidor (CPC) coordinaron un diálogo con Coca-Cola, Nestlé Waters y Danone, bajo el liderazgo de la Agencia Sueca del Consumidor y la Autoridad de Competencia de Hungría. Los intercambios con Coca-Cola concluyeron en junio de 2025 y los de Nestlé en febrero de 2026. Ambas compañías ya implementaron algunos de los compromisos dentro de los plazos establecidos, particularmente los relacionados con las declaraciones de reciclaje en sus campañas digitales.

Más allá de los cambios puntuales en el etiquetado, el mecanismo de diálogo constituye uno de los aspectos más relevantes del caso. La Comisión Europea y las autoridades nacionales evaluaron los compromisos propuestos por las empresas y consideraron que las nuevas declaraciones se ajustan a los requisitos de la legislación europea de protección al consumidor. De esta manera, el proceso ofrece una referencia concreta para otras compañías que comercializan productos en el mercado europeo: revisar sus mensajes ambientales, precisar el alcance de sus afirmaciones y evitar que la comunicación genere expectativas que no puedan sostenerse con las características reales de los productos. La Comisión anticipó, además, que podría extender estas conversaciones a las asociaciones de la industria embotelladora para promover condiciones equivalentes para todos los operadores del mercado.

Las autoridades nacionales de protección al consumidor serán responsables de supervisar la implementación de los compromisos y podrán adoptar medidas de cumplimiento si las empresas no respetan lo acordado. El caso se inscribe en un marco regulatorio europeo que busca reforzar el control sobre las prácticas comerciales engañosas, incluidas aquellas relacionadas con atributos ambientales. En particular, la Directiva sobre prácticas comerciales desleales y la Directiva para empoderar a los consumidores en la transición ecológica establecen mayores exigencias frente al greenwashing.

El antecedente deja como señal para la industria que no alcanza con incorporar plástico reciclado o promover el reciclaje de los envases. Las empresas también deben comunicar de manera verificable qué materiales utilizan, qué posibilidades reales de reciclaje ofrecen sus productos y cuáles son los límites de sus beneficios ambientales. En ese sentido, el diálogo impulsado por la Unión Europea marca un camino para abordar las declaraciones ambientales: combinar la revisión de las prácticas empresariales con criterios comunes de transparencia y mecanismos de supervisión.

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