La sostenibilidad enfrenta una paradoja: mientras crece el escepticismo sobre el cumplimiento de los compromisos climáticos y los objetivos globales, también aumenta la expectativa de que nuevas herramientas económicas, regulatorias y judiciales impulsen transformaciones concretas. Esta es una de las principales conclusiones de “Gray Rhino Territory: The Sustainability Outlook”, un informe elaborado por John Elkington (Volans), junto con GlobeScan y ERM Sustainability Institute, que recoge las opiniones de 610 especialistas de 57 países y examina los factores que podrían redefinir la agenda global hasta 2037.

Foto: John Elkington junto a la portada de “Gray Rhino Territory: The Sustainability Outlook”.
El título del documento introduce una metáfora que ayuda a entender su diagnóstico. El concepto de «rinoceronte gris», acuñado por Michele Wucker, identifica amenazas de alta probabilidad y gran impacto que son visibles, pero que suelen ser desatendidas por quienes tienen responsabilidad de actuar. A diferencia de un cisne negro, que representa un acontecimiento excepcional e imprevisible, el rinoceronte gris no aparece de manera repentina: sus señales están presentes y sus consecuencias pueden anticiparse.
Para los autores, la sostenibilidad está ingresando en ese territorio. La combinación de polarización política, incertidumbre regulatoria, tensiones geopolíticas y dificultades económicas está poniendo a prueba los mecanismos que durante décadas orientaron la respuesta de gobiernos y empresas. El problema no es únicamente la magnitud de los desafíos ambientales y sociales, sino también la capacidad de las instituciones para responder a ellos.
El informe plantea que el modelo que impulsó buena parte de la agenda desde la publicación de Nuestro futuro común, en 1987, muestra signos de agotamiento. La secuencia basada en establecer objetivos internacionales, promover compromisos voluntarios de las empresas y evaluar su cumplimiento mediante reportes y divulgación enfrenta dificultades para traducirse en cambios suficientes en los mercados y en las operaciones empresariales.
Una brecha entre compromisos y resultados
Los resultados de la encuesta Sustainability at a Crossroads II, realizada entre junio y agosto de 2026, muestran el nivel de desconfianza que existe respecto de algunas de las principales metas de sostenibilidad.
Solo el 10% de los especialistas consultados considera que el mundo alcanzará las cero emisiones netas en 2050. La confianza es todavía menor cuando se pregunta por el sector privado: apenas el 5% cree que la mayoría de las empresas cumplirá sus objetivos climáticos para 2030.
El cuestionamiento también alcanza a los instrumentos utilizados para impulsar la agenda. Los reportes voluntarios de sostenibilidad aparecen entre las herramientas con menor impacto percibido, mientras que los compromisos corporativos y otros mecanismos declarativos reciben evaluaciones inferiores a las de instrumentos capaces de modificar las condiciones económicas y regulatorias.
Estos resultados no demuestran que la transparencia o los compromisos empresariales hayan perdido toda utilidad. Sí indican que, desde la perspectiva de los expertos consultados, resultan insuficientes cuando no están acompañados por incentivos, obligaciones y mecanismos efectivos de cumplimiento.
La encuesta identifica, además, un cambio en la percepción sobre los motores del progreso. El 64% de los especialistas considera que las crisis y las disrupciones impulsan la sostenibilidad con mayor fuerza que la acción colectiva planificada. Es una señal de que las transformaciones podrían estar menos asociadas a la adopción voluntaria de objetivos y más condicionadas por acontecimientos que obliguen a revisar las reglas económicas, políticas y empresariales.
Al mismo tiempo, el panorama no es exclusivamente negativo. De las 128 evaluaciones interanuales de intervenciones de sostenibilidad comparadas entre 2025 y 2026, 108 mejoraron. El dato sugiere que, aunque las expectativas sobre el cumplimiento de las metas siguen siendo bajas, existe una percepción más favorable sobre determinadas herramientas de intervención.
Cinco cambios en las reglas de la sostenibilidad
A partir de este diagnóstico, Gray Rhino Territory identifica cinco transiciones que podrían modificar la forma en que empresas, gobiernos y mercados incorporan la sostenibilidad.
La primera es el paso de una sostenibilidad «blanda» a una «dura». Los compromisos voluntarios, las declaraciones públicas y los programas corporativos podrían perder centralidad frente a regulaciones obligatorias, impuestos sobre externalidades, litigios y exigencias relacionadas con la seguridad económica y la soberanía de los recursos. El cambio supone que el desempeño ambiental y social estará cada vez más condicionado por obligaciones verificables y no solamente por decisiones voluntarias.
La segunda transición es de la globalización a la «reglobalización». La fragmentación geopolítica está modificando las relaciones comerciales, las cadenas de suministro y las políticas industriales. Los acuerdos multilaterales conviven con estrategias de regionalización, restricciones comerciales y mecanismos de protección de sectores considerados estratégicos. Para las empresas, esto significa que las variables ambientales y sociales deberán analizarse también en función de los riesgos geopolíticos y de las nuevas condiciones de acceso a los mercados.
El tercer desplazamiento es pasar de transformar empresas individualmente a intervenir sobre los mercados. El informe plantea que las mejoras voluntarias de compañías aisladas difícilmente alcancen la escala necesaria. En cambio, modificar precios, estándares, impuestos e incentivos permitiría influir sobre un conjunto mucho más amplio de decisiones de producción, inversión y consumo.
La cuarta transformación se refiere a la relación entre las empresas y la política. El concepto de ciudadanía corporativa, tradicionalmente asociado con compromisos públicos y programas de responsabilidad empresarial, enfrenta una exigencia adicional: demostrar coherencia entre los objetivos de sostenibilidad y las posiciones que las compañías adoptan frente a las políticas públicas. Esto incluye sus actividades de lobby, su participación en asociaciones empresariales y el financiamiento de iniciativas políticas.
El quinto cambio es generacional. El estudio anticipa un desplazamiento de los Boomers hacia los Zoomers como protagonistas de las prioridades económicas y sociales. Una transferencia de riqueza estimada entre 80 y 140 billones de dólares hacia generaciones más jóvenes podría modificar las expectativas sobre inversión, consumo y gobernanza, con mayor atención a la distribución de los costos ambientales y a la equidad intergeneracional.
El cambio también alcanza a las estructuras empresariales
Una de las implicancias más concretas del diagnóstico está relacionada con el futuro de la función de sostenibilidad dentro de las organizaciones. Las herramientas que los especialistas consideran más relevantes para acelerar la transformación dependen, en buena medida, de decisiones que exceden las atribuciones tradicionales de los equipos ESG.
Entre las intervenciones con mayor potencial de impacto aparecen la reforma fiscal y los impuestos (77%), el precio al carbono (69%), el apalancamiento de las cadenas de suministro (69%), las políticas comerciales (68%), los bancos centrales (68%) y los tribunales (61%).
La mayoría de estas herramientas involucra a actores públicos, financieros y jurídicos, o requiere la participación de distintas áreas corporativas. Por eso, el informe anticipa que el liderazgo de la sostenibilidad se distribuirá cada vez más entre las direcciones financieras, de compras, gestión de riesgos, asuntos legales, relaciones gubernamentales y desarrollo de productos.
Este escenario también plantea interrogantes sobre el papel del Chief Sustainability Officer (CSO). En lugar de concentrar la gestión de una agenda especializada, su función podría orientarse a integrar las decisiones de las distintas áreas, incorporarse a las estructuras de finanzas y riesgos o participar directamente en la asignación de capital y el diseño de productos y modelos de negocio.
No se trata necesariamente de la desaparición de los equipos de sostenibilidad, sino de una posible redistribución de responsabilidades. La cuestión central será determinar qué capacidad de influencia conservarán estas áreas cuando las decisiones de mayor impacto se trasladen a otras funciones de la organización.
2030, una fecha que concentra los riesgos
El horizonte temporal del informe también merece atención. En 2037 se cumplirán cincuenta años de la publicación de Nuestro futuro común (Informe Brundtland), mientras que 2030 aparece como un punto crítico para evaluar el desempeño de la agenda internacional.
Los autores advierten que los Objetivos de Desarrollo Sostenible llegarán al final de su ciclo en un escenario de probable incumplimiento de numerosas metas. El riesgo, según el documento, es que ese resultado sea interpretado como un fracaso de la sostenibilidad en su conjunto, en lugar de como una señal de las limitaciones del modelo utilizado para impulsarla.
El informe plantea dos posibles trayectorias para la década: una curva en U, en la que la crisis actual permita liberar recursos y generar las condiciones para un nuevo ciclo de transformación, o un vórtice descendente, caracterizado por el debilitamiento institucional, la pérdida de confianza y una menor capacidad de respuesta. La evolución dependerá, entre otros factores, de la capacidad de los gobiernos para sostener políticas de largo plazo y de la disposición de los mercados y las empresas a modificar sus prácticas.
Para el sector privado, el diagnóstico introduce una discusión que va más allá de la continuidad de los programas de sostenibilidad o de la publicación de nuevos compromisos. La agenda empieza a involucrar cuestiones centrales del negocio: costos, inversiones, abastecimiento, acceso a mercados, riesgos legales y relaciones con los gobiernos.
La pregunta que deja planteada Gray Rhino Territory no es si la sostenibilidad seguirá formando parte de la agenda empresarial, sino bajo qué condiciones avanzará y quiénes tendrán capacidad efectiva para impulsarla. En un escenario de mayor fragmentación e incertidumbre, la distancia entre los compromisos públicos y las decisiones económicas concretas será uno de los principales aspectos sobre los que se medirá la respuesta de empresas e instituciones.


