Un estudio de GlobeScan, ERM y Volans, basado en una encuesta a 610 especialistas de 57 países, identifica una brecha persistente entre el impacto que podrían generar las intervenciones en sostenibilidad y las posibilidades reales de implementarlas. La incertidumbre política, el avance de las resistencias a la agenda ESG y las limitaciones de los compromisos voluntarios refuerzan el reclamo de cambios estructurales.

El enfoque global de la sostenibilidad atraviesa un punto de inflexión. Aunque los especialistas reconocen oportunidades para acelerar los avances, crece la percepción de que las estrategias actuales no están produciendo los resultados necesarios. Así lo señala “Sustainability at a Crossroads 2026”, un estudio elaborado por GlobeScan, ERM y Volans en el marco del programa Routes to Transformation, que recoge las opiniones de 610 expertos en sostenibilidad de 57 países.
La encuesta, realizada entre el 9 de junio y el 9 de agosto de 2026, muestra un consenso amplio sobre la necesidad de revisar las prioridades, los instrumentos y las formas de implementación de la agenda. El 95% de los participantes considera que el enfoque actual requiere algún tipo de cambio, frente al 93% registrado en 2025. Además, el 59% reclama una revisión radical, tres puntos porcentuales por encima del resultado del año anterior, mientras que apenas el 4% se declara satisfecho con el statu quo.
El diagnóstico apunta a una diferencia entre los objetivos declarados y las transformaciones efectivamente alcanzadas. Para una parte significativa de los especialistas, la sostenibilidad ha quedado demasiado concentrada en la divulgación de información, el cumplimiento normativo y las mejoras incrementales, sin modificar suficientemente los incentivos económicos que condicionan las decisiones empresariales y financieras.
Por eso, las propuestas de cambio ponen el foco en una mayor rendición de cuentas, mecanismos regulatorios más sólidos, liderazgo político y una mejor alineación entre los incentivos económicos y los objetivos ambientales y sociales.
Una agenda que necesita pasar del compromiso a los resultados
Uno de los principales hallazgos del informe es la distancia entre el impacto potencial de las intervenciones y la viabilidad de llevarlas a la práctica. Aunque las puntuaciones de factibilidad aumentaron en todas las categorías respecto de 2025, los expertos siguen considerando que las medidas con mayor capacidad de transformación son más difíciles de implementar de lo que sería deseable.
Las mayores mejoras en factibilidad se registraron en las acciones corporativas y empresariales, con un incremento de seis puntos, y en las intervenciones de inversores y mercados de capitales, con cinco puntos adicionales. Sin embargo, el avance no elimina la brecha entre lo que podría funcionar y lo que los especialistas creen que puede concretarse en las condiciones actuales.
Esta diferencia resulta relevante para las empresas. La ampliación de los compromisos corporativos y de las exigencias de información no garantiza, por sí sola, cambios en las decisiones de inversión, los modelos de negocio, las cadenas de suministro o la asignación de capital. El desafío consiste en convertir los objetivos de sostenibilidad en decisiones operativas y financieras capaces de producir resultados verificables.
En este escenario, el estudio identifica cuatro grandes áreas de intervención con potencial para acelerar el progreso: los incentivos regulatorios, la innovación tecnológica, la transformación de las cadenas de suministro y las reformas de los mercados financieros.
La preferencia por estas medidas responde a su capacidad para modificar las condiciones en las que operan sectores enteros, en lugar de depender exclusivamente de iniciativas aisladas de empresas individuales.
Más regulación y rendición de cuentas
El informe también registra un mayor respaldo a los mecanismos obligatorios frente a los enfoques exclusivamente voluntarios. Las regulaciones más exigentes, la responsabilidad legal y los incentivos de política pública reciben, en general, mejores valoraciones que las iniciativas voluntarias como instrumentos para acelerar los resultados.
La tendencia refleja las dudas de los expertos sobre la capacidad de los compromisos corporativos y la divulgación de información para impulsar, por sí solos, transformaciones a la escala requerida. La transparencia sigue siendo una herramienta relevante, pero el estudio recoge una demanda de mecanismos que vinculen los compromisos con responsabilidades concretas y resultados medibles.
La evaluación de las instituciones ayuda a explicar esta preocupación. Las organizaciones no gubernamentales continúan recibiendo las mejores valoraciones por su contribución al desarrollo sostenible: el 48% de los encuestados las evalúa positivamente, frente al 45% de 2025. En cambio, la valoración de las Naciones Unidas descendió del 29% al 24%.
Los gobiernos y los inversores institucionales también figuran entre los actores con evaluaciones más débiles. En conjunto, estos resultados muestran que el reconocimiento de la necesidad de una acción coordinada convive con una confianza limitada en algunas de las instituciones responsables de impulsarla.
El retroceso de la agenda ESG como condición operativa
La resistencia a las políticas de sostenibilidad se mantiene como uno de los factores que condicionan su implementación. Siete de cada diez expertos afirman que en sus países existe una oposición significativa a la sostenibilidad o a los criterios ambientales, sociales y de gobernanza (ESG). La proporción se mantiene estable respecto de 2025, pero supera ampliamente el 57% registrado en 2024.
La percepción varía según la región. Los especialistas de América del Norte y Europa informan niveles de resistencia sustancialmente superiores a los de Asia-Pacífico, una diferencia que evidencia que la evolución de la agenda no es homogénea entre mercados.
A esta resistencia se suman factores políticos y geopolíticos. La polarización política, la incertidumbre regulatoria, el autoritarismo y las tensiones geopolíticas son identificados como las principales fuerzas externas que afectan los resultados en sostenibilidad.
Para las compañías con operaciones internacionales, estas condiciones agregan complejidad a la planificación de largo plazo. Los cambios de prioridades políticas, las diferencias regulatorias entre jurisdicciones y la incertidumbre sobre la continuidad de las políticas públicas pueden alterar los incentivos para invertir y dificultar la ejecución de las estrategias corporativas.
El estudio no plantea, sin embargo, que todas las disrupciones tengan un efecto exclusivamente negativo. Algunos factores, como los impactos climáticos y las preocupaciones por la seguridad hídrica y energética, también pueden acelerar las inversiones, la innovación y la demanda de soluciones.
Un caso de negocio sólido, pero con expectativas limitadas
La distancia entre la justificación económica de la sostenibilidad y las expectativas sobre los resultados globales constituye otra de las tensiones identificadas por el informe.
El 52% de los expertos considera que el caso de negocio de la sostenibilidad es muy sólido. Sin embargo, solo el 10% manifiesta una fuerte confianza en que el mundo alcanzará las emisiones netas cero en 2050. La confianza en el cumplimiento de los compromisos climáticos corporativos es todavía menor: apenas el 5% cree que la mayoría de las empresas cumplirá sus objetivos para 2030.
Los datos no implican necesariamente que los especialistas cuestionen el valor económico de la sostenibilidad. Más bien, muestran que el reconocimiento de sus beneficios no se traduce automáticamente en confianza en la capacidad de los actores públicos y privados para cumplir sus compromisos.
Para la gestión corporativa, la diferencia plantea una cuestión central: cómo pasar de la identificación de oportunidades y riesgos a una ejecución consistente, con recursos adecuados, responsabilidades definidas e indicadores que permitan evaluar los avances.
Tecnología y acción colectiva
La innovación tecnológica aparece entre las herramientas con mayor potencial de impacto y factibilidad. No obstante, los especialistas no la consideran una solución autónoma ni un sustituto de la cooperación entre empresas, gobiernos, inversores y sociedad civil.
El informe señala que solo una minoría considera que la innovación tecnológica es más importante que la acción colectiva. Su contribución depende, en buena medida, de la existencia de políticas de apoyo, instituciones capaces de sostener su implementación y mecanismos de coordinación que permitan ampliar las soluciones más allá de proyectos individuales.
La disponibilidad de energía renovable es identificada como el principal factor habilitador del progreso en sostenibilidad entre regiones y sectores. Al mismo tiempo, la seguridad energética, los efectos del cambio climático y la seguridad hídrica ganan peso como impulsores de inversiones y nuevas respuestas empresariales.
Esta combinación muestra que la agenda puede avanzar incluso en un entorno político complejo cuando existen necesidades concretas, oportunidades tecnológicas y condiciones económicas que favorecen la adopción de soluciones.
Renovación del liderazgo y una visión más amplia
Los resultados también ponen en cuestión quiénes definen las prioridades de la sostenibilidad y qué dimensiones reciben mayor atención.
El 55% de los participantes respalda una renovación generacional en el campo, mientras que el 50% considera que la agenda está excesivamente liderada por actores del Norte Global. Las respuestas reflejan una demanda de nuevas perspectivas, mayor participación del Sur Global y una consideración más equilibrada de las prioridades ambientales, sociales y económicas.
La discusión no se limita a la representación. También involucra la manera en que se definen los problemas y se diseñan las respuestas. Una agenda con mayor diversidad de perspectivas puede incorporar distintas realidades productivas, sociales y regulatorias, especialmente en regiones donde las prioridades de desarrollo y las capacidades institucionales difieren de las de las economías más avanzadas.
De la revisión de la agenda a su implementación
El diagnóstico de Sustainability at a Crossroads 2026 no supone un abandono de la sostenibilidad. Por el contrario, muestra que el reconocimiento de su importancia económica convive con una creciente insatisfacción respecto de los mecanismos utilizados para alcanzar resultados.
La demanda de cambios se concentra en una mayor capacidad de ejecución: reglas e incentivos alineados con los objetivos, responsabilidades verificables, innovación tecnológica y coordinación entre actores públicos y privados. También plantea revisar una agenda que, según los expertos, corre el riesgo de concentrarse en el cumplimiento formal sin transformar suficientemente las decisiones económicas que determinan sus resultados.
Para las empresas, el desafío consiste en evaluar si sus estrategias están integradas en la asignación de capital, la gestión de riesgos, las operaciones y las cadenas de valor, o si permanecen principalmente vinculadas a compromisos y reportes.
La conclusión central del estudio es que el debate ya no se limita a establecer qué acciones serían necesarias para avanzar. La cuestión es cómo crear las condiciones políticas, institucionales y económicas que permitan implementarlas a escala. La brecha entre impacto potencial y factibilidad sigue abierta, y reducirla será una de las principales pruebas para la próxima etapa de la agenda global de sostenibilidad.


