EEUU: Menos Chief Sustainability Officers, más sostenibilidad distribuida

Durante más de una década, el crecimiento del número de Chief Sustainability Officers (CSO) fue considerado uno de los principales indicadores de la consolidación de la sostenibilidad en las grandes empresas. Sin embargo, ese proceso parece haber entrado en una nueva etapa. El estudio “The 2026 Chief Sustainability Officer Report. Rooted in Business“, elaborado por Weinreb Group, registra por primera vez una caída en la cantidad de ejecutivos que ocupan ese cargo. Lejos de interpretar el dato como un retroceso, el informe sostiene una hipótesis diferente: la sostenibilidad estaría dejando de concentrarse en una figura específica para integrarse de manera más profunda en la gestión empresarial.

Foto: Ellen Weinreb, fundadora de Weinreb Group.

El cambio no ocurre en un momento cualquiera. La investigación se publica en medio de un escenario marcado por el endurecimiento del debate político sobre los criterios ESG, una creciente presión regulatoria, mayor incertidumbre económica y tensiones geopolíticas que obligan a las empresas a revisar prioridades. En ese contexto, la pregunta ya no es únicamente cuántos CSO existen, sino cómo están evolucionando las estructuras que sostienen la agenda de sostenibilidad.

La primera caída en 16 años

El dato más visible del informe es la reducción del 10% en el número de CSO de empresas estadounidenses que cotizan en bolsa. La cifra pasó de 216 ejecutivos en 2025 a 193 en 2026, marcando la primera disminución desde que Weinreb Group comenzó a monitorear el cargo hace 16 años.

Vista de forma aislada, la estadística podría interpretarse como un síntoma del retroceso que atraviesa la agenda ESG en Estados Unidos. Sin embargo, el resto de los indicadores recogidos por el estudio apunta en otra dirección.

Los presupuestos destinados a sostenibilidad permanecieron, en su mayoría, sin cambios significativos. También se mantuvo estable el tamaño de los equipos especializados. Al mismo tiempo, la cantidad de profesionales que trabajan en sostenibilidad desde otras áreas del negocio —es decir, fuera de las oficinas centrales de sostenibilidad— aumentó un 42% desde enero de 2025.

Ese desplazamiento constituye uno de los hallazgos centrales del informe. La responsabilidad sobre los temas ambientales y sociales comienza a distribuirse entre funciones como operaciones, compras, finanzas, asuntos legales, recursos humanos o desarrollo de productos. En lugar de concentrarse en un área específica, la sostenibilidad parece integrarse cada vez más en la gestión cotidiana de las organizaciones.

El poder cambia de lugar

La evolución del cargo también se refleja en las líneas de reporte. Hace apenas un año y medio, un tercio de los CSO reportaba directamente al CEO. Hoy ese porcentaje cayó al 14%.

En otro momento, esa modificación probablemente habría sido interpretada como una pérdida de influencia política dentro de las organizaciones. Sin embargo, Weinreb Group propone una lectura diferente. El estudio sostiene que, a medida que la sostenibilidad madura, deja de depender del patrocinio directo del director ejecutivo y pasa a sostenerse mediante estructuras institucionales más consolidadas.

Los datos respaldan esa interpretación. El 88% de los CSO afirma que la participación de los directorios en asuntos de sostenibilidad aumentó o, al menos, se mantuvo estable. Además, el 87% considera que los mecanismos de gobernanza vinculados a la sostenibilidad ya están firmemente establecidos en sus organizaciones.

La pregunta clásica sobre a quién debería reportar un CSO pierde, así, parte de su relevancia. Según el informe, la respuesta depende cada vez más de dónde el cargo pueda generar mayor valor para la empresa o responder mejor a las exigencias regulatorias del sector.

La sostenibilidad ya no depende de la convicción

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que identifica un cambio en los motores que impulsan la agenda empresarial.

Durante muchos años, el avance de la sostenibilidad estuvo asociado principalmente al liderazgo de determinados ejecutivos o al compromiso público de algunas compañías. Hoy, en cambio, aparecen factores mucho más estructurales.

La demanda de los clientes, las regulaciones cada vez más exigentes, la necesidad de gestionar riesgos y las oportunidades de reducción de costos figuran entre los principales elementos que mantienen vigente la agenda, incluso en un entorno político menos favorable.

En otras palabras, la sostenibilidad parece haber dejado de depender exclusivamente de la voluntad corporativa para convertirse en una respuesta a exigencias crecientes del mercado y del entorno regulatorio.

Liderar bajo presión

Aunque la arquitectura institucional se fortalece, el contexto para quienes lideran estas agendas se ha vuelto considerablemente más complejo.

El 62% de los CSO identifica la incertidumbre económica y de mercado como su principal desafío. Le siguen las exigencias regulatorias (57%) y la volatilidad geopolítica (55%).

El dato resulta revelador porque muestra que las preocupaciones de estos ejecutivos ya no se limitan a cuestiones ambientales o sociales. Sus prioridades están estrechamente vinculadas con las mismas variables que hoy condicionan las decisiones del resto del C-suite.

Aun así, el informe destaca un elemento que aparece de manera consistente en las respuestas: los CSO mantienen una fuerte sensación de propósito y consideran que su trabajo continúa generando impacto para el negocio.

¿Corrección o cambio de tendencia?

Weinreb Group evita presentar la reducción en el número de CSO como el inicio de un proceso de desmantelamiento de la sostenibilidad corporativa.

La consultora recuerda que la expansión acelerada del cargo durante los primeros años de la década respondió a un contexto político, económico y social excepcional. Bajo esa perspectiva, la caída registrada en 2026 podría representar una normalización más que un retroceso.

La hipótesis que atraviesa todo el informe es que la sostenibilidad está ingresando en una nueva etapa de madurez. Una etapa en la que el éxito ya no se mide por la cantidad de ejecutivos que llevan la palabra “sostenibilidad” en su cargo, sino por el grado en que los criterios ambientales, sociales y de gobernanza pasan a formar parte de las decisiones habituales de toda la organización.

Si esa lectura es correcta, el descenso en el número de CSO no marcaría el debilitamiento de la función, sino una consecuencia de su propia evolución: cuando una capacidad se integra plenamente al negocio, deja de depender exclusivamente de un área especializada para convertirse en una responsabilidad compartida.

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