Minería en Argentina: la oportunidad está. El desafío es cómo la vamos a gestionar

La minería argentina atraviesa un momento de expansión que vuelve a poner al país en el radar de inversores, empresas y mercados internacionales. Con exportaciones récord y una creciente demanda global de minerales críticos, la oportunidad parece evidente. Pero, como advierte el siguiente artículo Mercedes Occhi, CEO y cofundadora de Punto ESG, el verdadero desafío no está en demostrar que Argentina tiene los recursos, sino en convertirlos en desarrollo sostenible y duradero. Para la autora, esa transformación exige mirar más allá del potencial geológico y abordar las condiciones ambientales, sociales, económicas y territoriales que determinarán qué valor deja la actividad en el país.

Foto: Mike van Schoonderwalt / Pexels.

Mientras escribo estas líneas, Salta es sede de Argentina Mining Norte 2026. La primera jornada reunió cerca de 10.000 participantes, superando ampliamente las expectativas iniciales de la organización. Empresas, inversores, proveedores, autoridades y profesionales reunidos alrededor de una industria que claramente está viviendo otro momento. Y no es solamente una percepción.

En 2025 las exportaciones mineras argentinas superaron los USD 6.000 millones, alcanzando un récord histórico y creciendo alrededor de un 30% en un año.

Esto es clave: el mundo está entrando en una etapa en la que los minerales dejaron de ser solamente “commodities” para convertirse en recursos estratégicos vinculados con la transición energética, la electrificación, la tecnología, la inteligencia artificial y hasta la seguridad económica de los países.

La Agencia Internacional de Energía proyecta que la demanda global de minerales críticos continuará creciendo fuertemente durante las próximas décadas. Para América Latina esto representa una oportunidad extraordinaria: la región ya concentra alrededor del 40% de la producción minera mundial de cobre y una cuarta parte de la producción de litio.

Argentina tiene recursos. Tiene proyectos. Empieza a tener inversiones. La pregunta es si eso alcanza.

De los recursos al desarrollo

Esta semana, en Argentina Mining, Taca Taca volvió a mostrar la dimensión de lo que está en juego. El proyecto de cobre, oro y molibdeno ubicado en la Puna salteña contempla una inversión del orden de USD 5.000 millones y podría generar hasta 2.000 empleos durante el pico de construcción. Pero durante su presentación no se habló solamente del potencial geológico. También se habló de las condiciones necesarias para hacerlo posible: caminos, energía, conectividad, acceso ferroviario, agua, permisos y relacionamiento con las comunidades.

Y ahí aparece, para mí, una de las cuestiones centrales de esta nueva etapa: el recurso está. La inversión potencial también. Pero la verdadera discusión empieza en todo lo que tiene que suceder alrededor para transformar ese recurso en un proyecto viable y sostenible durante décadas.

La propia Agencia Internacional de Energía (IEA) advierte que para capturar la oportunidad minera América Latina deberá resolver costos de financiamiento, brechas de infraestructura de energía y agua, disponibilidad de tecnología y capacidades y fortalecer el relacionamiento con los actores locales.

Es decir, la oportunidad geológica no garantiza la oportunidad económica. Y mucho menos garantiza el desarrollo sostenible.

ESG – Sostenibilidad: los impactos también crecen

A medida que crece la minería también crece la escala de sus impactos: Agua. Biodiversidad. Territorio. Comunidades. Pueblos indígenas. Empleo. Proveedores locales. Residuos y relaves. Energía. Emisiones. Seguridad. Cierre de minas.

No son temas nuevos. Lo que está cambiando es la dimensión que adquieren para el negocio.

La IEA identifica agua, emisiones de gases de efecto invernadero, biodiversidad, derechos humanos, comunidades y corrupción entre las cuestiones ESG que pueden tener implicancias directas sobre la seguridad del suministro de minerales. Y esto cambia bastante la conversación.

Porque un problema ambiental o social deja de ser solamente un “tema de sostenibilidad”. Puede convertirse en un riesgo operativo, financiero y estratégico.

El agua quizás sea el ejemplo más evidente

La minería necesita agua. Y muchos de los minerales que el mundo necesita se encuentran precisamente en regiones donde este recurso es escaso. La IEA advierte que importantes operaciones de litio y cobre se encuentran en regiones caracterizadas por elevados niveles de estrés hídrico y que una adecuada gestión del agua es necesaria no solamente para proteger el recurso, sino también para reducir riesgos de suministro y prevenir conflictos.

Argentina no es ajena a esta discusión. En Salta, por ejemplo, el Banco Mundial viene trabajando junto con las autoridades para fortalecer capacidades vinculadas con la supervisión de los recursos hídricos frente al desarrollo de la producción de litio. Aparece entonces una tensión que tendremos que aprender a gestionar.

Necesitamos desarrollar recursos que el mundo demanda para la transición energética, pero parte de esos recursos se encuentra en ecosistemas donde el agua es escasa y cumple múltiples funciones ambientales, productivas y sociales.

La respuesta no puede ser negar una de las dos realidades. Tenemos que aprender a gestionar ambas.

Y tampoco alcanza con mirar cuánto consume la minería frente a otros sectores. El impacto del agua depende de cuánto se utiliza, pero también de dónde, de qué fuente proviene, de su disponibilidad en ese territorio, de los ecosistemas que dependen de ella y de cómo ese uso convive con las necesidades de las comunidades.

La sostenibilidad empieza justamente cuando dejamos de mirar solamente el promedio y empezamos a mirar el territorio.

Lineamientos de sostenibilidad para la industria: sus impactos son locales

Este punto me parece fundamental porque la minería sucede en lugares concretos. Aquellos que conocemos sobre lineamientos internacionales como los de Global Reporting Initiative (GRI) vemos que los estándares ya tienen su suplemento sectorial específico para minería.

GRI 14 Mining Sector, vigente desde enero de 2026, identifica 25 temas probablemente materiales para las empresas mineras. Incluye cambio climático, agua, biodiversidad, comunidades, pueblos indígenas, derechos humanos, salud y seguridad, corrupción, relaves y cierre, entre otros.

Pero incorpora además algo particularmente relevante: para determinados impactos requiere información a nivel de sitio. ¿Por qué?. Porque una tonelada de mineral puede tener un precio internacional. Pero sus impactos no son globales. El lógico: el agua, la biodiversidad, las comunidades, todo es “local”.

También resulta interesante mirar qué sucede con SASB, hoy bajo IFRS Foundation. Mientras GRI permite analizar principalmente los impactos que la actividad genera sobre las personas, el ambiente y la economía, SASB pone el foco en aquellos factores de sostenibilidad que pueden transformarse en riesgos y oportunidades financieramente relevantes para la compañía y sus inversores.

Para Metals & Mining aparecen cuestiones como emisiones, calidad del aire, energía, agua y efluentes, residuos y materiales peligrosos, impactos ecológicos, derechos humanos, relaciones comunitarias y salud y seguridad.

El impacto sobre el agua puede convertirse en un riesgo para la continuidad operacional. Una mala relación con una comunidad puede transformarse en retrasos, mayores costos o paralización de un proyecto. La pérdida de biodiversidad puede generar riesgos regulatorios, financieros y reputacionales. Una deficiente gestión de relaves puede transformarse en una tragedia humana, ambiental y económica. Y una buena estrategia de proveedores locales puede generar empleo y desarrollo territorial y, simultáneamente, construir una cadena de suministro más resiliente. Esto es empezar a mirar la minería desde una lógica de Impactos, Riesgos y Oportunidades.

Y es también empezar a comprender que ESG no es algo que viene después del negocio.

Es parte del negocio.

¿Y qué queda en el territorio?

Otra de las conversaciones que apareció estos días alrededor de Argentina Mining me parece especialmente interesante. ¿Qué queda cuando termina la vida útil de una mina? La pregunta es incómoda, pero necesaria.

Porque el éxito de esta nueva etapa de la minería argentina no debería medirse solamente por cuánto exportamos o cuánto capital logramos atraer. También tendremos que preguntarnos cuánto empleo, conocimiento, infraestructura, proveedores y nuevas capacidades logramos construir alrededor de esas inversiones. Que la minería no solamente extraiga valor de un territorio, sino que contribuya a crear capacidades que permanezcan allí mucho después de que un proyecto haya terminado de operar.

Y esta es también una oportunidad enorme.

La IEA estima que América Latina actualmente refina apenas una parte de los minerales energéticos que extrae. Incrementar el procesamiento local podría aumentar significativamente el valor económico generado por la actividad. Para Argentina la discusión, entonces, no debería ser solamente cuánto podemos extraer.

También debería ser cuánto valor podemos generar alrededor de lo que extraemos y cuánto de ese valor puede permanecer en nuestros territorios.

Reportar más no necesariamente significa gestionar mejor

Ultimo dato interesante. En 2020, aproximadamente el 60% de las 25 grandes compañías mineras analizadas por la IEA reportaban su desempeño sobre diez indicadores ambientales y sociales clave. En 2023 ya lo hacía alrededor del 85%.

La expectativa de transparencia claramente está creciendo. Pero ya saben lo que opino: reportar no es gestionar. Podemos tener excelentes indicadores y malos procesos de decisión.

Podemos publicar cientos de páginas y no comprender nuestros principales impactos. Podemos cumplir un estándar y seguir reaccionando tarde frente a un riesgo. Necesitamos mejores datos, trazables y comparables. Necesitamos comprender qué sucede a nivel de cada operación. Necesitamos materialidad. Necesitamos conectar impactos con riesgos financieros y oportunidades. Y, sobre todo, necesitamos que esa información llegue a las personas que toman decisiones.

Finalmente, humanidad

Vivimos un momento paradójico. Nunca tuvimos tantos datos, estándares, herramientas de monitoreo y tecnología disponibles para gestionar impactos.

La inteligencia artificial nos permitirá analizar cantidades de información que hasta hace poco eran imposibles de procesar. Podremos medir mejor el agua, modelar escenarios climáticos, monitorear biodiversidad, anticipar riesgos y analizar información social. Todo eso será indispensable. Pero no será suficiente.

Porque podemos medir el consumo de agua, pero decidir cómo gestionar un recurso escaso frente a necesidades diferentes requiere criterio. Podemos medir impactos sociales, pero construir confianza con una comunidad requiere escucha.

Podemos utilizar inteligencia artificial para identificar riesgos, pero decidir qué riesgos estamos dispuestos a asumir, quién soportará sus consecuencias y cómo distribuimos los beneficios requiere juicio y responsabilidad.

Y quizás esto sea especialmente importante en minería. Los proyectos se planifican durante años, requieren inversiones enormes y pueden transformar territorios durante décadas.

Por eso creo que, paradójicamente, cuanto más sofisticadas sean nuestras herramientas, más importantes serán algunas capacidades profundamente humanas. Escuchar. Comprender. Dialogar. Ejercer criterio. Asumir responsabilidad.

No es una mirada romántica de la sostenibilidad. Es gestión.

La oportunidad está. Ahora empieza el verdadero desafío

Argentina tiene minerales que el mundo necesita. Tiene recursos, proyectos, inversión y una ventana internacional extraordinaria. La convocatoria que estamos viendo estos días en Salta es también una muestra del enorme interés que está generando el sector.

Pero tener los recursos no garantiza capturar la oportunidad. Y quizás este sea el punto más importante.

El futuro de la minería argentina no se define solamente debajo de la tierra.

Se va a definir también en nuestra capacidad para construir infraestructura, desarrollar proveedores y talento, gestionar el agua y la biodiversidad, relacionarnos con las comunidades, generar confianza, atraer capital y transformar inversiones de enorme magnitud en desarrollo que permanezca en los territorios.

Por eso la discusión que tenemos por delante ya no debería ser simplemente minería sí o minería no.

Tampoco ESG sí o ESG no. La pregunta es bastante más exigente:

¿Qué minería necesitamos construir para que esta oportunidad pueda sostenerse durante las próximas décadas?: Una minería competitiva, porque sin competitividad no habrá inversión. Responsable, porque sin gestión de impactos será cada vez más difícil sostener los proyectos. Transparente, porque sin información no hay confianza. Y capaz de generar valor más allá de la vida útil de una mina, porque extraer recursos sin construir capacidades difícilmente pueda llamarse desarrollo.

Vamos a necesitar inversión. Regulación. Tecnología. Información. Estándares. Infraestructura.

Pero también vamos a necesitar algo que ningún estándar puede imponer y ninguna tecnología puede reemplazar completamente: criterio, escucha, responsabilidad y humanidad para gestionar las tensiones que inevitablemente aparecerán en el camino.

Argentina tiene una oportunidad extraordinaria.

El desafío ya no es demostrar que tenemos los recursos. Es demostrar qué somos capaces de hacer con ellos.

Porque la sostenibilidad no elimina las decisiones difíciles. Nos obliga a tomarlas mejor.

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