El académico estadounidense Robert G. Eccles publicó recientemente un artículo de opinión en el que sostiene que, pese a la gravedad del calentamiento global, el cambio climático no debe considerarse una crisis existencial para la humanidad. Según argumenta, la narrativa dominante en medios y en parte de la política —de carácter apocalíptico— está distorsionando el debate y dificultando la construcción de políticas públicas sostenibles y bipartidistas.

Foto: Robert G. Eccles, profesor de la Universidad de Oxford y exprofesor titular de la Escuela de Negocios de Harvard.
Eccles se apoya en un estudio elaborado por Roger Pielke Jr. y Ruy Teixeira para el American Enterprise Institute (AEI), basado en una encuesta a más de 3.000 votantes estadounidenses. El trabajo revela que el 77% de los consultados cree que el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) sostiene que existen puntos de no retorno que llevarían al colapso de la civilización humana. Sin embargo, el profesor recuerda que los informes del IPCC, si bien advierten sobre riesgos severos como pérdida de biodiversidad o deshielo irreversible, no califican el fenómeno como un escenario apocalíptico.
El efecto de las narrativas extremas
El autor advierte que los mensajes catastrofistas pueden generar un efecto contraproducente: ansiedad, fatalismo o desinterés en amplios sectores de la población. En lugar de movilizar a la ciudadanía, señala Eccles, podrían alimentar la desconfianza hacia la ciencia y provocar reacciones de rechazo. “Decir que estamos condenados a menos que todos conduzcan un auto eléctrico y se hagan veganos no ayuda a construir soluciones”, ironiza en su artículo.
También cita un informe paralelo de la Universidad de Yale y la Universidad George Mason, el cual muestra que el 69% de los estadounidenses cree que el cambio climático está ocurriendo y el 60% lo atribuye principalmente a la acción humana, lo que confirma que la mayoría lo percibe como un desafío real. No obstante, Eccles plantea que el discurso del “fin del mundo” ha contaminado la conversación pública, impulsado por líderes políticos y organizaciones ambientalistas que han instalado tres premisas: que los combustibles fósiles son intrínsecamente “malos”, que las energías renovables son una solución sin contrapartidas y que solo la falta de voluntad política impide una transición total.
La “Ecoright” y el enfoque pragmático
En contraste con las visiones más radicales, Eccles destaca la emergencia de la llamada “Ecoright”, un grupo de organizaciones conservadoras que abordan el cambio climático desde una óptica pragmática. Estas impulsan un enfoque “de todo tipo de energías”, combinando renovables, nuclear y tecnologías como la captura de carbono, junto con mejoras en infraestructura y regulación.
Para Eccles, la “Ecoright” representa un camino más realista y constructivo que el activismo de confrontación. “Me resulta más fácil discutir civilizadamente con ellos que con los sectores más ortodoxos de la izquierda climática”, afirma.
Hacia un consenso duradero
El profesor concluye que el verdadero desafío no es únicamente el calentamiento global, sino la polarización política que impide establecer políticas de largo plazo. En su visión, superar tanto el negacionismo como el catastrofismo es clave para impulsar medidas efectivas y estables, basadas en innovación, adaptación y cooperación bipartidista.