La etapa pragmática de la sostenibilidad: menos ambición, más implementación y presupuestos ajustados

La sostenibilidad empresarial está atravesando un cambio de paradigma. Después de una década marcada por la expansión de los compromisos ESG y la fijación de metas cada vez más ambiciosas, las grandes compañías están concentrando sus esfuerzos en ejecutar lo ya comprometido, aunque con menos recursos, prioridades más acotadas y una creciente presión regulatoria.

Esa es la principal conclusión del informe State of Sustainable Business 2026, elaborado por BSR y GlobeScan a partir de una encuesta realizada entre abril y mayo de este año a 124 profesionales de sostenibilidad de empresas con ingresos superiores a los US$1.000 millones.

El estudio identifica el inicio de una etapa “más pragmática” para la sostenibilidad corporativa, caracterizada por el desplazamiento desde la definición de grandes ambiciones hacia la implementación, el cumplimiento normativo y la demostración de resultados concretos.

La regulación desplaza a los motores tradicionales

Uno de los cambios más significativos registrados por el estudio es la transformación de los factores que impulsan las estrategias de sostenibilidad.

Mientras que en 2016 solo el 31% de los encuestados señalaba a la regulación como el principal motor de acción, en 2026 esa cifra ascendió al 76%, convirtiéndose en el factor dominante.

También creció con fuerza la influencia de la demanda de consumidores y clientes, que pasó del 21% al 44% en el mismo período. En contraste, los impulsores vinculados al crecimiento del mercado perdieron relevancia, con una caída superior al 40%.

Según el informe, esta evolución refleja un cambio desde una visión orientada a la generación de oportunidades hacia otra centrada en la gestión de riesgos, el cumplimiento regulatorio y la protección de la reputación corporativa.

Una brecha entre los equipos de sostenibilidad y la alta dirección

El estudio también evidencia una importante diferencia de percepción dentro de las empresas.

El 77% de los responsables de sostenibilidad considera que esta agenda constituye un impulsor estratégico para el negocio en el largo plazo. Sin embargo, apenas el 39% cree que esa visión es compartida por la alta dirección.

Por el contrario, los ejecutivos senior tienden a interpretar la sostenibilidad principalmente como un asunto de cumplimiento normativo y gestión de riesgos.

Para BSR y GlobeScan, esta desconexión limita la capacidad de integrar la sostenibilidad en las decisiones centrales del negocio y dificulta mantener el respaldo interno necesario para sostener inversiones de largo plazo.

Más implementación, pero con menos recursos

Aunque el discurso corporativo se orienta cada vez más hacia la ejecución, los recursos destinados a sostener esa transición no acompañan el mismo ritmo.

El 90% de las empresas afirma que mantiene o incrementa la implementación de iniciativas de sostenibilidad. Sin embargo, más de una cuarta parte (27%) reconoce estar reduciendo sus inversiones en esta materia.

Las perspectivas presupuestarias tampoco muestran una mejora significativa:

  • Solo el 18% espera un aumento del presupuesto de sostenibilidad en el próximo ciclo.
  • El 40% prevé que los recursos permanecerán sin cambios.
  • El 25% anticipa nuevos recortes.

Los autores advierten que esta combinación podría generar una creciente brecha entre los compromisos asumidos y la capacidad efectiva para implementarlos.

Prioridades más acotadas

Lejos de abandonar la agenda, las empresas parecen estar redefiniéndola.

Más de la mitad (56%) de los profesionales consultados considera que durante los próximos cinco años la sostenibilidad se enfocará en un conjunto más reducido y claro de prioridades.

En la práctica, el 54% de las compañías ya modificó o redefinió sus objetivos de sostenibilidad durante los últimos 12 a 18 meses.

No obstante, el estudio señala que esta revisión no implica necesariamente una pérdida de ambición. De hecho, el 19% elevó sus metas, mientras que solo el 13% las redujo.

Además, más del 60% de los encuestados sostiene que sus organizaciones realizan más acciones de sostenibilidad de las que comunican públicamente, reflejando una tendencia hacia una comunicación más prudente frente al creciente escrutinio sobre las declaraciones corporativas.

Menor integración con otras áreas del negocio

Otra tendencia detectada es la disminución del trabajo transversal dentro de las organizaciones.

Los equipos de sostenibilidad reportan una menor interacción con 11 de las 16 funciones empresariales evaluadas respecto de hace una década.

La caída más pronunciada se registra en la relación con la oficina del CEO, mientras que las áreas de Asuntos Legales, Gestión de Riesgos y Tecnología de la Información aumentaron su nivel de participación.

Por su parte, las relaciones con el directorio y con el área de Relaciones con Inversores permanecen relativamente estables.

Según el informe, esta evolución refleja un mayor protagonismo de las funciones vinculadas al cumplimiento regulatorio frente a aquellas relacionadas con la innovación y la estrategia empresarial.

El desafío pendiente de la adaptación climática

La gestión del riesgo climático físico continúa avanzando, aunque la adaptación todavía muestra importantes rezagos.

Casi el 60% de las empresas ya incorporó este tipo de riesgos en sus procesos generales de gestión de riesgos.

Sin embargo, solo el 30% cuenta con planes de adaptación para sus propias operaciones y apenas el 15% dispone de estrategias específicas para su cadena de suministro.

Para los investigadores, el desafío ya no consiste en identificar los riesgos climáticos, sino en traducir esos diagnósticos en acciones concretas que fortalezcan la resiliencia empresarial.

Derechos humanos e inteligencia artificial

El informe también identifica cambios en otras áreas clave de la sostenibilidad.

En materia de derechos humanos, las empresas están concentrando sus esfuerzos principalmente en sus operaciones directas y proveedores de primer nivel.

La gestión de impactos en proveedores de segundo nivel y posteriores cayó 13 puntos porcentuales desde 2017, situándose actualmente en el 33%, mientras que el trabajo sobre las propias operaciones sigue siendo ampliamente mayoritario, con un 79%.

Respecto de la inteligencia artificial, aunque su utilización continúa expandiéndose, especialmente en aplicaciones vinculadas con la sostenibilidad, la gobernanza avanza con mucha menor velocidad.

Solo una de cada tres empresas dispone actualmente de mecanismos formales para gestionar los impactos ambientales y sociales derivados del uso de la inteligencia artificial.

Asia gana influencia y Estados Unidos pierde protagonismo

El estudio también refleja cambios en la geografía de la sostenibilidad empresarial.

El 62% de los encuestados considera que la influencia de Asia-Pacífico sobre la agenda global de sostenibilidad aumentará durante los próximos tres años.

En sentido contrario, el 43% prevé una disminución de la influencia de Estados Unidos en ese mismo período.

La capacidad de ejecución marcará la diferencia

Como conclusión, BSR y GlobeScan sostienen que la sostenibilidad corporativa está ingresando en una etapa donde el éxito dependerá menos de anunciar nuevos compromisos y más de la capacidad de implementarlos.

Los autores plantean tres prioridades para las empresas: concentrar los esfuerzos en menos objetivos, pero más relevantes; desarrollar las capacidades organizacionales necesarias para ejecutar esas prioridades; y lograr que la sostenibilidad vuelva a ocupar un lugar central dentro de la estrategia de negocio, demostrando su aporte a la competitividad, la resiliencia y la creación de valor de largo plazo.

En un contexto de mayores exigencias regulatorias, recursos más limitados y creciente escrutinio por parte de los grupos de interés, el informe concluye que la capacidad de convertir los compromisos en resultados medibles será el principal factor diferenciador entre las empresas durante los próximos años.

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