La sostenibilidad corporativa está atravesando una nueva etapa. Luego de años en los que las empresas concentraron sus esfuerzos en establecer compromisos climáticos, metas de descarbonización y estrategias ESG de largo plazo, el foco comienza a desplazarse hacia la ejecución. La pregunta ya no es qué objetivos se fijan las organizaciones, sino cómo los implementan y qué valor generan para el negocio.

Esa es la principal conclusión del June 2026 Quarterly Trends Report, elaborado por la consultora ERM, que identifica cuatro tendencias que marcaron el segundo trimestre del año y que están redefiniendo la gestión empresarial de la sostenibilidad.
El informe sostiene que la combinación de conflictos geopolíticos, disputas comerciales, polarización política, avances acelerados de la inteligencia artificial (IA) y una creciente divergencia regulatoria está obligando a las compañías a revisar estrategias que fueron diseñadas en un contexto muy distinto al actual.
En ese escenario, las organizaciones líderes están priorizando la ejecución sobre la aspiración y orientando sus inversiones hacia iniciativas capaces de generar beneficios tangibles en el corto plazo, sin abandonar sus objetivos de largo plazo.
De la ambición a la implementación
Según ERM, la sostenibilidad dejó de ser únicamente una agenda vinculada al cumplimiento de compromisos ambientales para convertirse en una herramienta de desempeño empresarial.
La presión de inversores, reguladores y mercados está impulsando una mayor demanda de resultados medibles, información útil para la toma de decisiones y evidencia concreta de creación de valor.
En esa línea, el informe destaca que las compañías están integrando la sostenibilidad en la planificación financiera, la gestión integral de riesgos y las operaciones centrales del negocio, buscando simultáneamente reducir costos, mejorar la resiliencia y fortalecer su competitividad.
La consultora también señala que esta visión quedó reflejada recientemente en la actualización del estándar corporativo de emisiones netas cero de Science Based Targets Initiative (SBTi), que enfatiza que los objetivos climáticos constituyen apenas el punto de partida y deben estar acompañados por planes concretos de implementación.
Las cuatro tendencias que marcaron el segundo trimestre
1. La inteligencia artificial redefine la agenda climática
La rápida expansión de la inteligencia artificial aparece como uno de los principales motores de transformación de la sostenibilidad empresarial.
ERM advierte que el crecimiento de los centros de datos está incrementando significativamente la demanda de electricidad, agua e infraestructura, generando nuevos desafíos para las estrategias de descarbonización.
Frente a ese escenario, las empresas están revisando sus hojas de ruta climáticas, asegurando el acceso a energía limpia y recurriendo, cuando es necesario, a los mercados de carbono para compensar brechas temporales en sus trayectorias de reducción de emisiones.
Al mismo tiempo, la IA comienza a consolidarse como una herramienta para acelerar resultados de sostenibilidad mediante aplicaciones orientadas a optimizar procesos industriales, mejorar la eficiencia energética, fortalecer la gestión de cadenas de suministro y apoyar la toma de decisiones basada en datos.
Sin embargo, el informe advierte que este potencial deberá convivir con desafíos físicos y operativos, especialmente en materia de disponibilidad energética, recursos hídricos y capacidad de infraestructura.
2. La sostenibilidad debe demostrar rentabilidad
La segunda tendencia identifica un cambio profundo en la forma en que empresas e inversores evalúan la sostenibilidad.
La prioridad ya no está únicamente en cumplir compromisos ambientales o sociales, sino en demostrar su impacto financiero.
De acuerdo con ERM, las organizaciones están alineando sus estrategias de sostenibilidad con la planificación económica, la gestión de riesgos corporativos y los indicadores financieros, incorporándolas como parte del funcionamiento habitual del negocio.
Esta evolución también implica abandonar una lógica basada exclusivamente en la fijación de metas para pasar a una etapa centrada en la implementación, donde la ejecución efectiva se convierte en el principal indicador de desempeño.
3. Seguridad energética y transición conviven bajo tensión
El informe identifica una creciente tensión entre los objetivos de descarbonización y las necesidades de seguridad energética.
Las tensiones geopolíticas y el aumento sostenido de la demanda eléctrica están obligando tanto a gobiernos como a empresas a priorizar la resiliencia del sistema energético junto con la reducción de emisiones.
Aunque las energías renovables continúan expandiéndose —e incluso ya superan al carbón en generación eléctrica global, según destaca ERM— la infraestructura de redes continúa siendo uno de los principales cuellos de botella para acelerar la transición.
Como respuesta, numerosas compañías están diversificando sus fuentes de abastecimiento energético e invirtiendo en mayor flexibilidad operativa para reducir riesgos frente a interrupciones o restricciones del suministro.
4. Cambia el escenario regulatorio para ambiente, salud y seguridad
La cuarta tendencia se concentra en la evolución de la regulación ambiental, sanitaria y de seguridad ocupacional (EHS).
ERM observa una creciente divergencia entre Estados Unidos y la Unión Europea, lo que incrementa la complejidad para las empresas multinacionales que deben adaptarse simultáneamente a marcos regulatorios diferentes.
Mientras Europa continúa endureciendo los requisitos de cumplimiento, especialmente en relación con contaminantes como las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS), en Estados Unidos algunas regulaciones están siendo eliminadas o postergadas.
Paralelamente, el informe destaca el creciente interés por las inversiones en restauración de la naturaleza y recursos hídricos, que comienzan a consolidarse como estrategias de resiliencia, remediación ambiental y gestión de riesgos tanto para gobiernos como para el sector privado.
La sostenibilidad entra en una etapa de ejecución
Más allá de las tendencias específicas, ERM concluye que el principal cambio observado durante el segundo trimestre de 2026 es conceptual.
La sostenibilidad corporativa ya no está definida únicamente por la magnitud de las ambiciones climáticas o sociales anunciadas por las empresas. En cambio, el mercado comienza a evaluar la capacidad de transformar esos compromisos en acciones concretas, con impactos verificables sobre el desempeño empresarial.
Según los autores, ante la creciente incertidumbre global las organizaciones que logren combinar resiliencia, disciplina de ejecución y generación de valor estarán mejor posicionadas para competir en los próximos años.


