La sostenibilidad corporativa llega a 2026 sometida a una prueba de consistencia. Entre la presión por sostener la rentabilidad, el endurecimiento —y en algunos casos la relajación— de las reglas del juego, y el avance acelerado de la tecnología, las empresas están obligadas a demostrar qué partes de sus compromisos resisten el escrutinio de la realidad. El “Annual Trends Report 2026” de ERM propone una lectura de ese momento a partir de cuatro tendencias que, según la consultora, están redefiniendo cómo las organizaciones integran los factores ambientales, sociales y operativos en sus decisiones estratégicas.

A diferencia de ediciones anteriores, el estudio reduce su marco de análisis a cuatro ejes centrales. El objetivo, según ERM, es reflejar una etapa en la que la sostenibilidad deja de expandirse en múltiples frentes para concentrarse en áreas donde se juega su viabilidad económica y operativa.
Sostenibilidad con impacto financiero medible
La primera tendencia apunta a un giro pragmático: las empresas están desplazando el foco hacia iniciativas de sostenibilidad que puedan demostrar un retorno financiero concreto. El informe señala que factores como los aranceles, las tensiones geopolíticas y la fragmentación del comercio internacional han puesto bajo presión muchos programas corporativos, forzando una priorización más estricta.
En este contexto, el desempeño ambiental y social aparece cada vez más vinculado al éxito de los proyectos de capital. ERM subraya que una gestión deficiente de estos aspectos puede derivar en retrasos, conflictos con comunidades o cancelaciones, mientras que su integración temprana en el diseño de los proyectos reduce riesgos financieros. A ello se suma una mayor exigencia sobre la calidad y el uso de los datos de sostenibilidad, impulsada por regulaciones más estrictas y por la presión de inversores.
Energía: más opciones, más complejidad
La segunda tendencia se concentra en la energía, un factor crítico para la competitividad empresarial. Según el informe, las compañías están adoptando estrategias energéticas más diversificadas, que combinan fuentes renovables y convencionales, en respuesta a la volatilidad geopolítica y al crecimiento sostenido de la demanda.
Aunque ERM reconoce que las energías renovables siguen siendo la alternativa más rápida y económica para ampliar capacidad, advierte sobre las limitaciones de las redes eléctricas. Las inversiones en infraestructura no avanzan al mismo ritmo que la demanda, lo que incrementa el interés por soluciones descentralizadas como el almacenamiento en sitio, las microrredes y la gestión inteligente de cargas. El reporte también identifica obstáculos no técnicos, como la resistencia social a nuevas infraestructuras y la escasez de personal especializado, que complican la transición energética.
La digitalización como prueba de estrés para la sostenibilidad
La tercera tendencia analiza la intersección entre sostenibilidad y economía digital, con especial atención al crecimiento acelerado de los centros de datos. El informe advierte que la presión por expandir rápidamente esta infraestructura puede relegar consideraciones ambientales y sociales si no se incorporan desde el inicio.
El acceso a energía y agua emerge como una de las principales restricciones. Frente a ello, ERM observa un aumento en las estrategias de abastecimiento directo y en las inversiones en eficiencia, no solo para reducir impactos, sino también para evitar conflictos regulatorios y comunitarios. En paralelo, la inteligencia artificial aparece en el informe con un doble rol: si bien puede aumentar el consumo energético en el corto plazo, también ofrece mejoras en eficiencia operativa, transparencia y gestión de la información de sostenibilidad.
EHS: de obligación normativa a herramienta estratégica
La cuarta tendencia pone el foco en la transformación de los sistemas de Environmental, Health and Safety (EHS). ERM sostiene que las empresas están revisando sus esquemas de inversión en esta área para alinearlos mejor con los riesgos reales que enfrentan y con objetivos de creación de valor.
El uso de inteligencia artificial, modelos híbridos de recursos y estructuras más centralizadas permite, según el informe, mejorar la calidad de los datos y superar cuellos de botella operativos. Al mismo tiempo, el aumento de los riesgos climáticos físicos y de las expectativas sociales impulsa enfoques de remediación más integrados, capaces de abordar simultáneamente impactos ambientales, regulatorios y comunitarios.
En conjunto, el reporte describe un año marcado por tensiones y contradicciones, pero también por una tendencia: la sostenibilidad se consolida como un componente estructural de la gestión empresarial, evaluado cada vez más por su capacidad de resistir la incertidumbre y sostener el desempeño económico.


