‘Rainbow Ghosting’: Cae el apoyo público a la diversidad y las empresas no son la excepción

El respaldo público de empresas, medios e instituciones a las políticas de diversidad, equidad e inclusión (DEI) pierde fuerza mientras aumentan los discursos de odio y los sistemas de inteligencia artificial comienzan a reproducir esos mismos sesgos. Esa es la principal conclusión del informe Orgullo en “visto”, elaborado por LLYC, que advierte sobre un fenómeno al que denomina Rainbow Ghosting: la retirada progresiva del apoyo público al colectivo LGBTIQ+ por parte de actores que hasta hace pocos años ocupaban un rol activo en la promoción de la inclusión.

El estudio muestra que el compromiso corporativo alcanzó su punto máximo en 2023, pero desde entonces comenzó un retroceso sostenido. Actualmente, las empresas y marcas que mantienen políticas activas y visibles de inclusión representan apenas dos tercios de las registradas hace dos años. En paralelo, la cobertura mediática sobre diversidad, equidad e inclusión también se redujo significativamente: en 2023 se publicaban el doble de noticias sobre estos temas que en 2025 y hasta seis veces más que en la actualidad.

Según LLYC, esta pérdida de visibilidad no implica una disminución de las demandas del colectivo, sino un cambio en la respuesta del ecosistema que antes contribuía a amplificarlas. El informe sostiene que marcas, medios, instituciones y plataformas han reducido la frecuencia y continuidad de sus mensajes públicos, dejando un espacio que es ocupado cada vez más por narrativas hostiles.

Albert Medrán, Global Brand & ESG Head de LLYC y coordinador del estudio, afirmó que la investigación revela “la retirada progresiva y por goteo del apoyo público a la diversidad LGBTIQ+ por parte de marcas, instituciones y medios”. A su juicio, esa menor presencia facilita que los discursos de odio ganen terreno y que incluso la inteligencia artificial comience a incorporarlos en sus respuestas.

Empresas reducen su exposición pública

Uno de los principales hallazgos del informe es el repliegue de las voces corporativas. LLYC detectó que numerosas grandes compañías han optado por modificar su lenguaje, reformular sus políticas de diversidad o disminuir su exposición pública por cautela frente al contexto político y social.

Entre las empresas que integran el índice Fortune 500, aquellas que mantienen políticas DEI activas y visibles representan actualmente solo dos tercios de las que las sostenían en 2023. El estudio también identifica un fenómeno similar en el ámbito universitario, donde el 85% de las modificaciones recientes relacionadas con diversidad corresponden a cierres, cancelaciones o debilitamientos de programas.

Para la consultora, este repliegue tiene consecuencias que van más allá de la comunicación corporativa, ya que reduce las señales públicas de inclusión y debilita los contrapesos frente a los discursos discriminatorios.

Menos cobertura mediática y una conversación cada vez más estacional

El informe también advierte sobre una disminución sostenida de la cobertura periodística sobre diversidad. Desde 2021, las publicaciones en prensa escrita y digital caen un promedio del 2,5% por trimestre, una tendencia que se aceleró hasta acercarse al 10% trimestral durante los últimos tres años.

Además, la conversación se concentra crecientemente en junio, durante el Mes del Orgullo. Mientras que en 2023 el segundo trimestre reunía el 28,5% de las publicaciones anuales, en los años posteriores esa proporción superó el 32%. Para LLYC, esto no significa que exista una mayor visibilidad, sino que el debate anual se vuelve más breve y estacional.

En las redes sociales también se observa una contracción. En X, la conversación global sobre el colectivo LGBTIQ+ pasó de 26,1 millones de publicaciones en 2023 a 12,7 millones en el período más reciente. Sin embargo, esa reducción no estuvo acompañada por una disminución de la hostilidad. Por el contrario, el discurso de odio aumentó un 38% en promedio en ocho de cada diez países analizados y actualmente tres de cada cinco mensajes constituyen ataques directos.

La inteligencia artificial reproduce los sesgos

Uno de los aspectos más novedosos del estudio es el análisis del comportamiento de los sistemas de inteligencia artificial generativa. Tras evaluar respuestas de distintos modelos frente a perfiles LGBTIQ+ y cisheterosexuales, LLYC concluye que los algoritmos ya reflejan el deterioro del entorno comunicacional.

Las respuestas dirigidas a perfiles cisheterosexuales asocian conceptos de autonomía, independencia y éxito profesional con una intensidad 140% superior respecto de los perfiles LGBTIQ+. En cambio, las personas del colectivo reciben muchas más referencias relacionadas con el miedo, la vulnerabilidad, el respeto, la dignidad o la exclusión.

El sesgo también aparece en el plano emocional y visual. Siete de cada diez respuestas destinadas a jóvenes LGBTIQ+ se construyen desde sentimientos y emociones, frente a solo la mitad en el caso de hombres cisheterosexuales. Asimismo, el 70% de las imágenes generadas para perfiles LGBTIQ+ incorpora símbolos explícitos de identidad, mientras que el 97% de los perfiles solicitados sin contexto son representados como personas caucásicas.

Para la consultora, estos resultados muestran que la inteligencia artificial no solo reproduce sesgos preexistentes, sino que puede amplificarlos si las organizaciones no intervienen de manera activa.

Un llamado a mantener el compromiso

Como respuesta a este escenario, LLYC propone que las organizaciones abandonen el “silencio digital” y consoliden estrategias permanentes de inclusión. Entre las recomendaciones figuran mantener las políticas de diversidad durante todo el año, alinear la comunicación externa con la experiencia interna de los empleados, representar al colectivo desde perspectivas de liderazgo y desarrollo, impulsar oportunidades para las nuevas generaciones y auditar las herramientas de inteligencia artificial para detectar y corregir sesgos algorítmicos.

Según el informe, la continuidad del compromiso corporativo será clave para evitar que la pérdida de visibilidad pública termine consolidando narrativas discriminatorias tanto en el espacio digital como en las tecnologías que moldearán las futuras interacciones sociales.

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