Resiliencia climática: el desafío ya no es medir el riesgo, sino convertirlo en acción

Las empresas cuentan hoy con una amplia variedad de herramientas para gestionar los riesgos físicos derivados del cambio climático, pero la falta de integración entre esos recursos continúa dificultando que las organizaciones pasen del diagnóstico a la implementación de estrategias concretas. Esa es la principal conclusión de un estudio elaborado por el Center for Climate and Energy Solutions (C2ES) en colaboración con Systemiq, que analizó el estado de la resiliencia climática corporativa y las principales barreras que enfrentan las compañías.

El informe, basado en entrevistas en profundidad y mesas de trabajo con representantes de más de 40 grandes empresas internacionales de distintos sectores, sostiene que el problema ya no radica en la ausencia de metodologías o estándares, sino en la dificultad para conectarlos y traducir los riesgos climáticos en decisiones de inversión respaldadas por criterios financieros.

Como parte de la investigación, los autores evaluaron 30 marcos de referencia, estándares, herramientas y análisis de mercado utilizados para fortalecer la resiliencia empresarial frente a los impactos físicos del cambio climático. El análisis abarcó organismos internacionales de normalización, marcos orientados a inversionistas, guías empresariales, plataformas de análisis de riesgos y estudios independientes, evaluando cada recurso a lo largo de seis etapas del proceso de construcción de resiliencia corporativa, desde la identificación de riesgos hasta la colaboración con actores externos para fortalecer la resiliencia a nivel sistémico.

Uno de los principales obstáculos detectados es la dificultad para expresar los beneficios económicos de las inversiones en resiliencia. Según el estudio, muchas empresas no logran cuantificar en términos financieros aspectos como las pérdidas evitadas, la continuidad operativa o la ventaja competitiva derivada de una mayor preparación frente a eventos climáticos extremos. Como consecuencia, estas inversiones suelen quedar relegadas frente a proyectos con retornos financieros más inmediatos.

La investigación también identifica un problema de gobernanza interna. Los riesgos físicos asociados al cambio climático afectan simultáneamente a las operaciones, la cadena de suministro, la seguridad de los trabajadores y las finanzas, pero la responsabilidad suele estar distribuida entre distintas áreas de la organización, sin un liderazgo que coordine una estrategia integral.

A ello se suma la creciente complejidad del ecosistema de herramientas disponibles. Si bien la oferta de estándares y guías continúa expandiéndose y resulta especialmente sólida para la evaluación de riesgos, ninguna herramienta ofrece un acompañamiento completo durante todo el proceso de planificación e implementación. En consecuencia, las empresas deben combinar recursos diseñados para distintos objetivos y públicos, lo que dificulta su aplicación práctica.

Frente a este escenario, el estudio plantea que el desafío ya no consiste únicamente en mejorar la evaluación de riesgos, sino en construir una arquitectura que permita integrar los recursos existentes y acelerar la toma de decisiones. En esa línea, C2ES y Systemiq publicaron dos recursos de acceso abierto: un catálogo que reúne herramientas, estándares y buenas prácticas disponibles sobre resiliencia climática, y un prototipo de autoevaluación que permite a las empresas medir su nivel de madurez en la incorporación de estrategias de resiliencia a escala organizacional.

El informe también presenta cuatro recomendaciones para fortalecer la resiliencia empresarial. La primera propone desarrollar un sistema que facilite la navegación entre las distintas herramientas disponibles, permitiendo identificar con mayor claridad cuáles utilizar en cada etapa del proceso. La segunda impulsa la creación de un modelo de madurez que ayude a las organizaciones a evaluar su progreso y definir los pasos necesarios para avanzar.

Las otras dos recomendaciones apuntan a promover un marco integral ampliamente aceptado para evaluar, valorar y divulgar la resiliencia climática corporativa, alineando a directorios, ejecutivos, responsables de riesgos y equipos financieros bajo un mismo enfoque, así como desarrollar guías específicas para cada sector económico que traduzcan los principios generales de adaptación en acciones concretas según las características de cada industria.

Para Nat Keohane, presidente de C2ES, la resiliencia se está convirtiendo en un factor determinante del desempeño empresarial. A medida que se intensifican los riesgos físicos derivados del cambio climático, señaló, las compañías capaces de mantener la continuidad de sus operaciones, proteger sus cadenas de suministro y conservar la confianza de clientes, reguladores e inversores obtendrán una ventaja competitiva.

En la misma línea, Jeremy Oppenheim, socio director global de Systemiq, afirmó que el riesgo físico asociado al cambio climático ya está siendo incorporado por los mercados. Según indicó, durante la última década las empresas con menor exposición climática generaron casi el doble de valor que aquellas más vulnerables, por lo que consideró que la resiliencia debe dejar de verse como un costo y comenzar a entenderse como un elemento estratégico para la competitividad.

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