Un problema de escala

Las pérdidas económicas provocadas por catástrofes naturales y eventos climáticos ya superaron los USD 800.000 millones a nivel global en los últimos tres años, mientras crece la preocupación por activos y territorios que comienzan a quedar fuera del sistema asegurador. En este artículo de opinión, Sebastian Bigorito, director ejecutivo del CEADS, advierte que el principal desafío ya no pasa únicamente por la falta de cobertura, sino por el avance de riesgos físicos que amenazan la continuidad operativa, las inversiones y el acceso al financiamiento. A partir de este diagnóstico, sostiene que la adaptación y la resiliencia climática se están convirtiendo en condiciones cada vez más relevantes para la competitividad empresarial. La propuesta de valor de CEADS para abordar esta agenda.

Foto: Sebastián Bigorito, director ejecutivo del CEADS.

En los últimos tres años, las pérdidas económicas globales ocasionadas por catástrofes naturales y eventos climáticos superaron los USD 800.000 millones. De ese total, más de la mitad de los activos no contaron con cobertura de seguros. En nuestra región, la situación es aún más crítica: entre el 70% y el 80% de las pérdidas no estuvieron aseguradas.

Este insurance gap tiene múltiples causas —costos, penetración, desarrollo de mercado—, pero una de las principales es la falta de cultura aseguradora. Sin embargo, enfocar la discusión únicamente en los activos no asegurados puede llevar a un diagnóstico incompleto.

Cuando el riesgo deja de ser asegurable

El verdadero desafío de los riesgos físicos no pasa tanto por aquellos activos asegurables que no se aseguraron, sino por aquellos que, por su localización y nivel de exposición, no van a encontrar cobertura y, en muchos casos, ya no la encuentran. La creciente frecuencia, intensidad, severidad e incertidumbre de los eventos climáticos está configurando un mapa con cada vez más áreas donde comienzan a observarse restricciones o retiros de cobertura por parte de aseguradoras y reaseguradoras.

Esto ya es visible en distintas geografías y mercados. En Estados Unidos, por ejemplo, se han reducido coberturas en zonas expuestas a incendios forestales o huracanes. En Europa, aumentan los deducibles y las limitaciones en zonas inundables. En América Latina, la baja penetración del seguro convive con una creciente exposición al riesgo.

En muchos casos, este proceso no ocurre de manera abrupta. Comienza con un encarecimiento significativo de las pólizas en función del riesgo, que progresivamente expulsa la demanda y reduce la cobertura efectiva.

Riesgo, exposición y resiliencia

En este contexto, la gestión de riesgos físicos incorpora una dimensión clave: la adaptación y resiliencia climática.

¿Por qué existen activos asegurables en países como Japón, altamente expuestos a terremotos y tsunamis, mientras que en otros contextos con niveles de riesgo similares, como Haití, la cobertura es mucho más limitada o directamente inexistente para amplios sectores?

La respuesta no radica en el fenómeno natural en sí, sino en el nivel de inversión en adaptación, infraestructura y resiliencia. En países como Japón, esto se explica por la existencia de un ecosistema que combina infraestructura resiliente —como normas de construcción antisísmica— con marcos institucionales sólidos, incluyendo esquemas de seguros público-privados para riesgos catastróficos.

Allí donde existen inversiones sostenidas en infraestructura resiliente —tanto física como social e institucional— los riesgos climáticos no desaparecen, pero sí se acotan sus efectos sobre los activos, las personas y la actividad económica. En otras palabras, el riesgo no se reduce en sí mismo, pero sí se reduce la exposición al riesgo.

La evidencia internacional es consistente: distintos estudios del Banco Mundial estiman que cada dólar invertido en resiliencia puede evitar hasta cuatro dólares en pérdidas. Estas inversiones no solo generan beneficios en el largo plazo, sino también en el mediano e incluso en el corto plazo, al mejorar el perfil de riesgo y facilitar el acceso al financiamiento.

Al mismo tiempo existe un efecto adicional, menos evidente y más estructural: la inversión en resiliencia permite que riesgos que, en determinadas condiciones, serían no asegurables, puedan volver a ser parcialmente asegurables.

En este punto, el seguro deja de ser la primera línea de respuesta y pasa a ocupar un lugar dentro de una arquitectura más amplia, donde la reducción del riesgo, la preparación y la capacidad de respuesta son condiciones necesarias para su funcionamiento.

Esta discusión no es ajena al mundo empresarial. La resiliencia frente a riesgos físicos está directamente vinculada con la continuidad operativa, a la estabilidad de las cadenas de valor y la capacidad de sostener la operación frente a eventos disruptivos.

Conceptos como business continuity o societal continuity, incorporados en estándares internacionales como la ISO 22301, reflejan esta evolución. En este marco, anticipar, resistir y recuperarse frente a eventos disruptivos se vuelve un factor central para garantizar la operación, la confiabilidad de proveedores y el acceso a mercados.

En esta línea, distintas iniciativas globales vienen impulsando la integración de los riesgos físicos del cambio climático en la toma de decisiones empresariales, desde la localización de activos hasta la gestión de cadenas de valor. Así, la resiliencia deja de ser una cuestión exclusivamente ambiental o climática y pasa a ser una condición para la competitividad.

Este proceso también se refleja en el acceso al financiamiento. Organismos multilaterales y entidades financieras están incorporando cada vez más la evaluación de riesgos físicos y la resiliencia de los activos en sus procesos de análisis. Aunque todavía no constituye una condición excluyente, la localización de inversiones, la exposición a eventos climáticos y la capacidad de adaptación empiezan a influir en las decisiones de inversión y en las condiciones de financiamiento.

El sistema asegurador está mostrando dos realidades que conviven. Por un lado, persiste un gap de cobertura en activos que podrían estar asegurados y no lo están. Por otro, emerge un desafío más profundo: activos y territorios que, por la dinámica del riesgo, empiezan a quedar fuera del sistema asegurador y de la localización de grandes inversiones.

Enfoque CEADS: Anticipación como estrategia

En este contexto, la gestión de riesgos físicos, la adaptación y la resiliencia climática comienzan a ocupar un lugar central en la agenda empresarial. Comprender estos fenómenos, desarrollar capacidades internas y trabajar de manera articulada con otros actores será clave para anticipar escenarios y sostener la competitividad en el tiempo.

Esto implica avanzar en tres dimensiones complementarias: integrar los riesgos físicos y climáticos en los sistemas de gestión de riesgos corporativos; desarrollar capacidades específicas para la identificación temprana, la adaptación y la respuesta frente a eventos climáticos; y fortalecer espacios de intercambio que permitan mejorar la preparación y la respuesta ante situaciones que afectan operaciones, personas y territorios.

La propuesta de valor de CEADS aborda esta agenda a través de ciclos de formación y espacios concretos como:

  • Gestión de Riesgos Corporativos y Sostenibilidad. Integración de riesgos ESG en los sistemas de gestión corporativa, promoviendo una visión unificada y operativa del riesgo.
  • Adaptación y Resiliencia Climática. Identificación temprana de riesgos físicos, desarrollo de planes de adaptación y fortalecimiento de la capacidad de respuesta ante eventos disruptivos.
  • Grupo de Preparación ante Riesgos y Emergencias. Espacio de articulación entre empresas y actores institucionales para mejorar la respuesta ante crisis, desde la continuidad operativa hasta la dimensión territorial.

Estos recursos permiten traducir el análisis en capacidades de gestión, compartir experiencias entre pares y avanzar en enfoques comunes frente a desafíos que requieren respuestas coordinadas.

Fuentes: Swiss Re Institute (Sigma) · World Bank (Lifelines) · ISO 22301 · WBCSD (Physical Climate Risk)

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