Las Empresas en Chile frente a la irrupción de la IA y el fin de la excepcionalidad humana

La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en las empresas ya no se limita a una discusión sobre productividad o automatización. El desafío, según plantea la organización chilena PROhumana, apunta a una cuestión más profunda: definir qué lugar ocupará la dimensión humana en organizaciones cada vez más influenciadas por sistemas capaces de ejecutar tareas cognitivas complejas.

Esa fue la principal conclusión de la Mesa Redonda “La Empresa ante el fin de la Excepcionalidad Humana”, un proceso de reflexión desarrollado por PROhumana junto a 52 líderes empresariales de distintos sectores y presentado en un seminario realizado el 18 de junio. El informe, construido a partir de cuatro jornadas de diálogo, analiza cómo las compañías enfrentan el avance de la IA y qué transformaciones deberán impulsar para preservar capacidades humanas consideradas esenciales para el futuro del trabajo.

La iniciativa surge en un contexto en el que la adopción de tecnologías de inteligencia artificial se acelera en las organizaciones, obligando a revisar no solo procesos productivos, sino también conceptos vinculados a la identidad profesional, la toma de decisiones, la creatividad y el propósito del trabajo.

Durante la presentación, la fundadora y presidenta ejecutiva de PROhumana, Soledad Teixidó, sostuvo que la IA representa una fuerza disruptiva capaz de modificar profundamente la experiencia humana dentro de las empresas. Según señaló, si durante las últimas décadas las organizaciones aprendieron a gestionar y asumir la responsabilidad de sus impactos sociales y ambientales, el desafío emergente consiste en hacerse cargo de cómo la tecnología redefine lo humano en el ámbito laboral.

El seminario reunió a especialistas provenientes de la academia, el sector privado y organismos internacionales. Entre ellos participó Abel Wajerman, profesor del Instituto de Éticas Aplicadas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, quien advirtió que atributos como la vulnerabilidad y la fragilidad, frecuentemente considerados ineficientes desde una lógica tecnológica, constituyen precisamente elementos centrales de la condición humana. A su juicio, esas características son las que impulsan la creatividad, la experimentación y la capacidad de generar innovaciones genuinamente originales.

Desde una perspectiva laboral, Juan Jacobo Velasco, oficial senior de Información Laboral de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el Cono Sur, remarcó que los cambios tecnológicos no son neutrales. Señaló que la expansión de la IA genera consecuencias éticas, sociales y productivas que requieren marcos regulatorios claros para orientar su implementación y contribuir a construir el futuro del trabajo que las sociedades buscan desarrollar.

La dimensión creativa también ocupó un lugar destacado en el debate. Isidora Cabezón, directora ejecutiva del Centro Revolución Tecnológica en Industrias Creativas (CRTIC), afirmó que la IA abre posibilidades inéditas para ampliar la producción creativa. Sin embargo, advirtió que estas herramientas deben entenderse como complementos y no como sustitutos de la creatividad humana, que continúa siendo la fuente principal de generación de valor.

Por su parte, Hernán Orellana, socio de Adapsys IA y consejero de PROhumana, sostuvo que muchas de las preocupaciones actuales provienen de la capacidad de estas tecnologías para automatizar procesos de juicio y autonomía humana. Frente a ello, planteó que las organizaciones deben impulsar el pensamiento crítico como una competencia estratégica, capaz de diferenciar a las personas en un entorno crecientemente automatizado.

La humanidad como ventaja competitiva

El informe identifica dos grandes ámbitos de acción para las empresas. El primero se relaciona con la protección y fortalecimiento de capacidades humanas dentro de las organizaciones.

Entre las recomendaciones destacan resguardar el pensamiento crítico para evitar la dependencia cognitiva respecto de los sistemas automatizados, fortalecer la autonomía en la toma de decisiones y revalorizar el criterio humano como elemento diferenciador. También propone abordar los impactos que la IA puede generar sobre la identidad profesional de los trabajadores, prevenir la simulación de competencias mediante el uso indiscriminado de herramientas tecnológicas e incorporar la dimensión emocional de los procesos de transformación.

La alfabetización en inteligencia artificial aparece como otro desafío central. Sin embargo, el informe aclara que no se trata únicamente de enseñar el uso de nuevas herramientas, sino de desarrollar capacidades para comprender sus implicancias éticas, sociales y organizacionales.

Asimismo, los participantes señalaron la necesidad de proteger el sentido y propósito del trabajo y de diseñar una evolución humana que avance de manera paralela al desarrollo tecnológico.

Gobernanza y ética para una adopción consciente

El segundo eje de conclusiones se centra en la gestión y gobernanza de la IA dentro de las empresas. En este punto, el documento propone mantener al ser humano en el centro de los sistemas organizacionales y comprender cómo estas tecnologías pueden modificar las estructuras de poder y los procesos de decisión.

Las recomendaciones incluyen asegurar transparencia en los mecanismos mediante los cuales la IA influye en decisiones empresariales, fortalecer culturas organizacionales basadas en la confianza más que en el control y ampliar la reflexión ética más allá de los aspectos técnicos para incorporar sus impactos sobre las personas.

El informe también subraya la importancia de construir resiliencia organizacional que no dependa exclusivamente de la tecnología y de que las empresas asuman un rol activo en la dirección estratégica de estas herramientas, evitando una adopción meramente reactiva.

Más allá de las conclusiones específicas, el trabajo de PROhumana plantea una discusión de alcance más amplio. Los participantes coincidieron en que la inteligencia artificial no constituye únicamente un desafío tecnológico o empresarial, sino un fenómeno social que involucra a gobiernos, organizaciones, trabajadores y ciudadanos.

En ese marco, la pregunta que atraviesa todo el informe no es únicamente cómo utilizar mejor la inteligencia artificial, sino qué tipo de humanidad desean preservar y proyectar las organizaciones en una era en la que las capacidades tradicionalmente consideradas exclusivas de las personas comienzan a ser compartidas con las máquinas. Para PROhumana, esa definición será una de las decisiones estratégicas más relevantes para la viabilidad de los negocios durante los próximos años.

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