Una consulta regional de UNICEF, realizada en 14 países y con más de 5.200 participantes, revela una brecha entre las expectativas de niñas, niños, adolescentes y jóvenes y la percepción que tienen sobre el compromiso empresarial. El cambio climático aparece como la principal prioridad, mientras que la falta de consulta, la escasa representación en la publicidad y las dificultades para ser escuchados plantean desafíos para las compañías.

Para niñas, niños, adolescentes y jóvenes de América Latina y el Caribe, la relación con las empresas no se limita a comprar un producto o utilizar un servicio. Las compañías forman parte de sus vidas como empleadores, generadores de contenidos y publicidad, operadores de plataformas digitales y actores con capacidad para transformar los entornos donde estudian, viven y se desarrollan.
Esa mirada quedó reflejada en una consulta regional impulsada por UNICEF en 14 países, que reunió las opiniones de más de 5.200 niñas, niños, adolescentes y jóvenes. El relevamiento buscó conocer cómo perciben el impacto de las actividades y decisiones empresariales sobre sus derechos, su bienestar y sus oportunidades.
Los resultados, que se presentaron en el X Foro Regional sobre las Empresas y los Derechos Humanos, dejan un mensaje exigente: las nuevas generaciones reconocen a empresas y gobiernos como actores corresponsables y esperan de ambos acciones concretas frente a los principales desafíos sociales, ambientales y económicos.
El clima ocupa el primer lugar
El cambio climático y la protección del medio ambiente constituyen la principal demanda identificada por la consulta. Tres de cada diez participantes consideran que este debería ser el ámbito prioritario de actuación conjunta entre empresas y gobiernos.
La preocupación atraviesa los distintos grupos de edad y género y muestra que la cuestión ambiental forma parte de las expectativas de las nuevas generaciones hacia el sector privado. No se trata únicamente de una demanda hacia los gobiernos: también implica que las empresas revisen sus impactos y adopten medidas concretas para reducirlos.
Después de la acción climática aparece la calidad de vida familiar y laboral como una de las principales prioridades. La agenda se completa con otras preocupaciones como la salud mental, la generación de oportunidades de trabajo digno para los jóvenes, la igualdad y la inclusión y la posibilidad de participar efectivamente en las decisiones que los afectan.
Una relación marcada por la falta de escucha
Uno de los datos más significativos de la consulta está relacionado con la participación. Seis de cada diez participantes señalaron que nunca fueron consultados por empresas.
Cuando existen mecanismos de consulta, además, suelen concentrarse en cuestiones vinculadas con la calidad o seguridad de los productos y servicios. Esto revela una participación todavía limitada: las empresas escuchan a las nuevas generaciones principalmente en su condición de consumidores, pero en menor medida como un grupo de interés cuyos derechos y perspectivas deberían incorporarse a la toma de decisiones.
La percepción sobre el compromiso empresarial tampoco resulta favorable. Más del 60% considera que a las empresas les importan “poco o nada” las niñas, niños, adolescentes y jóvenes. Esta valoración negativa se profundiza entre quienes tienen entre 20 y 24 años.
El desafío, por lo tanto, no parece reducirse a comunicar mejor las iniciativas existentes, sino a construir mecanismos de diálogo capaces de demostrar que las opiniones recibidas efectivamente tienen consecuencias sobre las decisiones empresariales.
La coherencia pesa más que el discurso
La consulta también revela qué factores tienen mayor peso cuando las nuevas generaciones toman decisiones de consumo.
Uno de cada cuatro participantes señala que la coherencia entre lo que una empresa dice y lo que hace es el principal criterio para elegir un producto o servicio. A su vez, uno de cada tres adopta una mirada integral al momento de tomar esa decisión.
El dato adquiere especial relevancia frente a la creciente presencia de discursos vinculados con sostenibilidad, inclusión y responsabilidad corporativa. Para este segmento, la credibilidad no depende únicamente de las declaraciones públicas de una compañía, sino de la correspondencia entre esas declaraciones y sus prácticas.
Sin embargo, aparece una brecha entre las prioridades declaradas y las decisiones efectivas de consumo. Aunque el ambiente constituye la principal preocupación de los participantes, solo el 13% afirma priorizar el cuidado ambiental al momento de comprar.
La diferencia sugiere que las preocupaciones ambientales no siempre se traducen en decisiones de mercado, algo que puede estar relacionado con factores como precio, disponibilidad, información y hábitos de consumo.
Una publicidad que no logra representar a las nuevas generaciones
Otro de los hallazgos se refiere a la comunicación comercial. Más de ocho de cada diez participantes no se sienten representados por la publicidad de las empresas o no están seguros de estarlo.
Solo el 15% percibe una representación positiva.
La brecha es particularmente marcada entre las mujeres, según los resultados de UNICEF. Para las compañías, el dato plantea un desafío que excede la diversidad en las campañas publicitarias: implica revisar qué imágenes de la niñez, la adolescencia y la juventud están construyendo las marcas y qué grupos quedan fuera de esas representaciones.
Reclamar no significa necesariamente ser escuchado
Los mecanismos de quejas y reclamos constituyen otro punto crítico. Apenas uno de cada cuatro participantes utilizó alguno de los canales disponibles en las empresas y solo el 8% afirmó haberse sentido escuchado.
La experiencia se vuelve más problemática a medida que aumenta la edad.
El dato plantea una cuestión central para la conducta empresarial responsable: no alcanza con disponer formalmente de canales de atención si quienes los utilizan no perciben que sus reclamos generan una respuesta.
En términos de derechos, estos mecanismos adquieren una importancia particular cuando se considera que las empresas pueden generar impactos sobre niñas, niños y jóvenes tanto de manera directa como indirecta, por ejemplo, a través de las condiciones laborales de sus madres, padres y personas cuidadoras.
Trabajo infantil: una dimensión crítica de la relación entre empresas y niñez
La preocupación por las condiciones laborales también encuentra un correlato en la situación del trabajo infantil en la región. Un estudio realizado por UNICEF y la Organización Internacional del Trabajo en Chile muestra que la problemática responde a una combinación de factores económicos, familiares, territoriales y culturales.
Según la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes de 2023, el 15,5% de los niños, niñas y adolescentes de entre 5 y 17 años en Chile se encontraba en situación de trabajo infantil. Esto equivale a 507.833 personas.
La incidencia es mayor en las zonas rurales: alcanza al 22,1%, frente al 14,7% registrado en las zonas urbanas. También existen diferencias por género según el tipo de actividad. El trabajo infantil en la ocupación y otras actividades económicas presenta una prevalencia mayor entre los niños, mientras que los servicios no remunerados peligrosos afectan en mayor proporción a las niñas.
El estudio identifica además a la pobreza multidimensional, la ruralidad, el nivel educativo de la jefatura del hogar y las trayectorias laborales tempranas de los cuidadores como factores asociados al fenómeno.
La evidencia refuerza una idea central para las empresas: la protección de los derechos de la niñez no puede analizarse únicamente desde aquello que ocurre dentro de sus instalaciones. Las cadenas de suministro, las condiciones laborales de las familias y los contextos socioeconómicos en los que operan también pueden formar parte de sus impactos.
Salud mental y empleo juvenil, dos preocupaciones emergentes
La consulta regional también identifica dos cuestiones que adquieren especial relevancia para adolescentes y jóvenes: la salud mental y el acceso a oportunidades laborales.
Las nuevas generaciones demandan que las empresas contribuyan a fortalecer el bienestar mental y, al mismo tiempo, favorezcan una transición efectiva entre la educación y el mundo del trabajo.
La expectativa no se limita a crear puestos de empleo. El reclamo apunta a oportunidades de trabajo digno para jóvenes, con condiciones adecuadas y posibilidades reales de desarrollo.
Esto coloca a las empresas frente a una agenda que conecta educación, empleabilidad, inclusión y desarrollo de capacidades, pero también frente a la necesidad de evitar que la incorporación temprana al mercado laboral se convierta en una vulneración de derechos.
El mensaje para las empresas: pasar de la consulta a la participación
Los resultados de UNICEF plantean, en definitiva, un cambio en la manera de entender a niñas, niños, adolescentes y jóvenes como grupo de interés.
No son solamente consumidores actuales o futuros. Son personas cuyos derechos pueden verse afectados por las decisiones empresariales y que, al mismo tiempo, poseen una perspectiva propia sobre cuestiones como cambio climático, salud mental, trabajo, inclusión y representación.
La consulta muestra una combinación de expectativas elevadas y confianza limitada. Más del 60% percibe un bajo compromiso empresarial, seis de cada diez no fueron consultados y apenas el 8% de quienes utilizaron canales de reclamo sintió que fue escuchado.
Frente a esta brecha, UNICEF plantea una agenda de responsabilidad compartida: empresas responsables y Estados garantes de derechos. Para las compañías, esto supone identificar y gestionar sus impactos, desarrollar políticas y prácticas responsables y generar espacios efectivos de participación. Para los gobiernos, implica fortalecer políticas públicas capaces de proteger derechos, orientar la actividad empresarial y supervisar su cumplimiento.
El desafío es, en última instancia, transformar la escucha en acción. Las más de 5.200 voces recogidas por UNICEF no solo expresan qué esperan de las empresas y los gobiernos. También ofrecen una señal sobre qué condiciones serán necesarias para construir confianza con las generaciones que deberán convivir con las consecuencias de las decisiones que se toman hoy.


