Los inversores pierden confianza en las calificaciones ESG y priorizan los datos para sus propios análisis

El estudio “Rate the Raters 2026”, elaborado por el ERM Sustainability Institute, muestra que las evaluaciones de sostenibilidad siguen teniendo relevancia para las decisiones de inversión, pero han perdido peso frente a otras fuentes de información. Los inversores valoran cada vez más los datos que sustentan las puntuaciones, cuestionan la calidad de las metodologías y esperan una mayor alineación con los estándares regulatorios.

Las calificaciones ambientales, sociales y de gobernanza (ESG, por sus siglas en inglés) continúan formando parte de los procesos de análisis de los inversores, aunque su utilidad está siendo evaluada con mayor rigor. En lugar de tomar las puntuaciones generales como una referencia determinante, los profesionales de inversión buscan acceder a los datos que las sustentan para incorporarlos a sus propios modelos de análisis, gestión de riesgos y construcción de carteras.

Esta es una de las principales conclusiones de “Rate the Raters 2026: Beyond the Score – Investor Views on ESG Ratings”, el informe del ERM Sustainability Institute que examina cómo los inversores utilizan y evalúan los proveedores de calificaciones ESG. La investigación se basa en una encuesta realizada a 53 profesionales de inversión entre febrero y julio de 2026, complementada con 10 entrevistas a participantes y referentes del sector. Las organizaciones representadas gestionan, en conjunto, aproximadamente US$ 23,5 billones en activos.

El estudio constituye la sexta edición de la iniciativa Rate the Raters y complementa la investigación de 2025, centrada en la perspectiva de las empresas. Su objetivo es identificar cómo evolucionan las expectativas sobre las calificaciones ESG en un escenario marcado por mayores exigencias regulatorias, una creciente divulgación corporativa obligatoria y cambios tecnológicos en la recopilación y el procesamiento de información.

De las puntuaciones generales a los datos subyacentes

Uno de los cambios más relevantes identificados por el informe es la pérdida de protagonismo de las puntuaciones generales de sostenibilidad como fuente principal para las decisiones de inversión.

Aunque más de la mitad de los encuestados afirmó utilizar productos y servicios de calificación ESG más de una vez por semana, disminuyó la proporción de inversores que consulta estas evaluaciones de manera habitual respecto de 2023. Los resultados sugieren que las calificaciones no están desapareciendo de los procesos de inversión, sino que están dejando de funcionar como una referencia independiente y suficiente.

En su lugar, los inversores combinan la información de los proveedores especializados con investigaciones propias, el diálogo directo con las empresas y los informes corporativos de sostenibilidad. La información ESG también se integra cada vez más en actividades tradicionales del negocio financiero, como el análisis de inversiones, la construcción de carteras, la gestión de riesgos, la comparación de desempeño y los reportes a clientes.

El informe identifica, además, una preferencia por los datos desagregados, las puntuaciones parciales por tema y la información específica de cada compañía, en detrimento de los indicadores agregados.

Esta diferencia es relevante porque dos proveedores pueden asignar puntuaciones distintas a una misma empresa, debido a sus metodologías, ponderaciones y criterios de evaluación. Para los inversores, acceder a los datos subyacentes permite examinar esos criterios y desarrollar una interpretación propia, en lugar de depender exclusivamente de una calificación final.

La tendencia también se refleja en el uso de las fuentes de información corporativa: los informes de sostenibilidad de las empresas registraron el mayor incremento de popularidad y se ubicaron como la tercera fuente más utilizada por los inversores para analizar el desempeño ESG. En cambio, las puntuaciones generales dejaron de figurar entre las tres fuentes consideradas más útiles para las decisiones de inversión.

Menor confianza y mayor escrutinio de los proveedores

La preferencia por información más detallada coincide con una caída en la valoración general de las calificaciones ESG.

MSCI se ubicó en el primer puesto entre los proveedores evaluados, tanto en calidad percibida como en utilidad. Obtuvo una puntuación promedio de 3,50 sobre 5 en calidad y de 3,58 en utilidad. También fue el proveedor más conocido entre los participantes: tres de cada cuatro inversores que respondieron la encuesta le asignaron una puntuación.

Sin embargo, el liderazgo de MSCI se produce en un contexto de mayor escepticismo hacia el conjunto del mercado. El promedio de confianza de los inversores en las calificaciones ESG descendió de 3,31 sobre 5 en 2023 a 3,05 en 2026. Si bien persiste una confianza moderada, la evolución muestra una mayor disposición a cuestionar la información recibida.

El estudio no atribuye esta tendencia a una única causa. La creciente supervisión de los proveedores, la expansión de las obligaciones de divulgación corporativa y las nuevas exigencias regulatorias han aumentado el escrutinio sobre la consistencia y la transparencia de las evaluaciones. Al mismo tiempo, los inversores necesitan determinar en qué medida estas herramientas aportan información útil para evaluar riesgos y oportunidades financieras.

En este escenario, la reputación de un proveedor ya no parece suficiente para garantizar su relevancia. La calidad de los datos, la utilidad para el análisis propio y la capacidad de responder a necesidades específicas adquieren mayor importancia.

Menos proveedores y mayor atención a los costos

El informe también identifica cambios en la selección de proveedores. La mayoría de los inversores trabaja con uno o dos proveedores de calificaciones ESG o con un grupo de entre tres y cinco, lo que indica que el mercado sigue dependiendo de múltiples fuentes, pero con una cartera relativamente acotada.

Las entrevistas revelan que las organizaciones están evaluando con mayor atención la superposición entre bases de datos, los costos de suscripción y la dependencia de un único proveedor. La integración de la información con los sistemas internos y la cobertura de compañías y mercados también forman parte de los criterios de selección.

Esta revisión abre oportunidades para proveedores especializados que ofrecen datos diferenciados sobre cuestiones concretas, como cambio climático, naturaleza y derechos humanos. En lugar de depender exclusivamente de plataformas generalistas, los inversores muestran interés en complementar sus fuentes habituales con herramientas capaces de cubrir áreas específicas de análisis.

La evolución sugiere que la competencia entre proveedores no se limitará a la amplitud de sus bases de datos o al reconocimiento de su marca. También dependerá de su capacidad para ofrecer información relevante, integrable y económicamente justificable para las necesidades de cada organización.

La regulación podría aumentar la demanda de datos ESG

La pérdida de confianza en las calificaciones no implica necesariamente una reducción futura de su uso. De hecho, la mayoría de los inversores encuestados espera que la utilización de estas herramientas y de sus datos subyacentes aumente como consecuencia de una regulación más estricta de los productos de inversión sostenible.

A medida que las normas exigen demostrar la alineación de los productos financieros con determinadas definiciones y criterios de sostenibilidad, los inversores necesitan información que permita respaldar sus decisiones y documentar sus evaluaciones.

El estudio identifica cuatro prioridades para mejorar el mercado: una mayor atención a los asuntos materiales para cada empresa o sector, una mejor alineación con los estándares obligatorios de información, una regulación más sólida de los proveedores de calificaciones y metodologías más transparentes y de mayor calidad.

Estas demandas reflejan una tensión central. Por un lado, los inversores cuestionan la utilidad de las puntuaciones agregadas y exigen mayor rigor. Por otro, prevén que la necesidad de demostrar el cumplimiento de los requisitos regulatorios incrementará la demanda de datos ESG.

Para los proveedores, el desafío será responder a ambas tendencias: ofrecer información más confiable y comparable, y facilitar su integración en los procesos de análisis y cumplimiento normativo.

La inteligencia artificial gana espacio en el análisis ESG

La inteligencia artificial aparece como otro factor de transformación del mercado. Según el informe, la mayoría de los inversores espera utilizar estas tecnologías para verificar la calidad de los datos, automatizar la recopilación y el procesamiento de información procedente de distintas fuentes y monitorear acontecimientos y controversias relacionados con las empresas.

Estas aplicaciones podrían reducir la dependencia de procesos manuales y facilitar la validación de información dispersa. También pueden contribuir a identificar inconsistencias o cambios relevantes en el desempeño corporativo.

El estudio señala que esta transformación ya se observa en el uso de herramientas tecnológicas especializadas, como Clarity AI y Auquan, que comienzan a complementar a los proveedores de calificaciones más establecidos.

No obstante, el potencial de estas soluciones depende de la calidad de las fuentes y de la capacidad para verificar los resultados obtenidos. En un mercado donde la confianza en las evaluaciones tradicionales está disminuyendo, la automatización no elimina la necesidad de contar con metodologías transparentes y mecanismos de control.

Inversores y empresas no evalúan las calificaciones de la misma manera

La comparación con la edición corporativa de Rate the Raters 2025 muestra coincidencias y diferencias entre empresas e inversores.

Ambos grupos reconocen a proveedores como MSCI, CDP, S&P Global y EcoVadis entre los actores relevantes del mercado. Sin embargo, los inversores asignan puntuaciones promedio más bajas en calidad y utilidad que las empresas, lo que refleja expectativas distintas sobre el valor de estas herramientas.

Para las compañías, las calificaciones suelen utilizarse en procesos de divulgación, comparación con competidores, seguimiento de proveedores y gestión del desempeño. También pueden servir como referencia para identificar brechas y orientar mejoras en sus prácticas de sostenibilidad.

Los inversores, en cambio, priorizan los datos que pueden incorporar a sus propios modelos y utilizar para evaluar riesgos, oportunidades y resultados financieros. Desde esta perspectiva, una puntuación general resulta insuficiente si no permite comprender los factores que la explican y su relevancia para una decisión concreta.

Esta divergencia tiene implicaciones para las empresas. Una buena calificación puede contribuir a mejorar su posicionamiento ante determinados grupos de interés, pero no garantiza que los inversores consideren que la información disponible es suficiente para su análisis. La calidad, la consistencia y la accesibilidad de los datos corporativos adquieren así una importancia creciente.

Un mercado en transición

Los resultados de Rate the Raters 2026 describen un mercado que conserva su relevancia, pero atraviesa una revisión de sus criterios de utilidad y credibilidad. Las calificaciones ESG continúan formando parte del análisis financiero, aunque pierden centralidad frente a una combinación de fuentes que incluye datos desagregados, investigación propia, diálogo con las empresas e informes de sostenibilidad.

Para los proveedores, el desafío consiste en demostrar que sus evaluaciones aportan información confiable, transparente y pertinente, además de responder a las necesidades regulatorias y operativas de los clientes. Para los inversores, la prioridad pasa por integrar distintas fuentes y desarrollar capacidades propias para interpretar la información. Para las empresas, el cambio refuerza la importancia de divulgar datos consistentes y explicar cómo se relacionan sus resultados de sostenibilidad con los riesgos y las perspectivas del negocio.

La principal conclusión es que el futuro de las calificaciones ESG no dependerá únicamente de su capacidad para producir una puntuación, sino de cuánto contribuyan a mejorar la calidad de las decisiones de inversión.

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