Cómo son las actitudes sociales a nivel global frente a la sostenibilidad

Una investigación de GlobeScan, ERM y Volans, basada en más de 33.000 personas de 34 mercados, identifica un aumento de la preocupación por la crisis global, un retroceso en la confianza en las empresas y una fe en la tecnología que comienza a mostrar límites. Al mismo tiempo, el 72% respalda una mayor regulación corporativa para contribuir al bienestar de la sociedad.

La percepción de que el mundo atraviesa una crisis sin precedentes convive con una creciente incertidumbre sobre la capacidad de las empresas, los gobiernos y la tecnología para ofrecer respuestas. Esta es una de las principales conclusiones del “Global Societal Trends on Sustainability”, un estudio realizado por GlobeScan, ERM y Volans que analiza cómo evolucionan las actitudes de la población frente a los desafíos sociales, ambientales y económicos, el cambio climático, la inteligencia artificial y la responsabilidad empresarial.

La investigación, que recoge las opiniones de más de 33.000 personas en 34 mercados, muestra que el 86% considera que los problemas actuales representan la mayor crisis que ha enfrentado la humanidad. El indicador aumentó significativamente respecto de 2012, aunque se mantiene estable desde 2024.

El resultado refleja una percepción extendida de presión e incertidumbre ante la acumulación de problemas globales. Los autores describen este escenario como una permacrisis: una sucesión de desafíos persistentes que dificulta identificar respuestas efectivas y sostener la atención pública sobre múltiples cuestiones al mismo tiempo.

Según el análisis, la preocupación por determinados problemas puede disminuir no necesariamente porque hayan perdido importancia, sino también porque las personas experimentan agotamiento frente a situaciones en las que los avances son lentos o difíciles de percibir.

El cambio climático influye en decisiones personales

La crisis climática también aparece vinculada con decisiones que exceden el ámbito del consumo o las preferencias políticas. El 43% de las personas encuestadas afirma que está reconsiderando la posibilidad de tener hijos debido al cambio climático.

El porcentaje aumentó respecto de 2022 y se mantuvo estable desde 2024. Para los investigadores, este dato evidencia hasta qué punto la incertidumbre ambiental puede incidir en decisiones fundamentales para la vida personal y familiar.

La cifra no implica que todas las decisiones individuales estén determinadas por consideraciones climáticas. Sin embargo, muestra que los riesgos ambientales forman parte de las evaluaciones que una proporción significativa de la población realiza sobre su futuro.

Para las organizaciones que trabajan en sostenibilidad, esta tendencia plantea un desafío que va más allá de la gestión de emisiones o de los compromisos ambientales: comprender cómo la percepción de los riesgos globales influye en las expectativas sociales y en la relación entre las personas, las instituciones y las empresas.

La confianza en la tecnología comienza a retroceder

La tecnología continúa siendo percibida como una herramienta relevante para abordar los problemas globales, aunque la confianza en su capacidad para resolverlos ha comenzado a disminuir.

El 59% de las personas considera que la tecnología permitirá resolver el cambio climático. Sin embargo, el indicador cayó desde el 65% registrado en 2023 en los 13 mercados utilizados para esa comparación histórica.

El descenso sugiere que el optimismo tecnológico persiste, pero ya no alcanza los niveles de años anteriores. La expectativa de que la innovación pueda ofrecer soluciones también convive con una mayor atención a sus posibles consecuencias negativas.

En el caso de la inteligencia artificial, la percepción general es favorable respecto de su capacidad para contribuir a resolver distintos problemas. Las principales excepciones son la desinformación, la privacidad y el empleo, ámbitos en los que sus efectos generan preocupación.

Esta tensión tiene implicaciones que trascienden la adopción de nuevas herramientas. La circulación de información falsa puede debilitar la confianza en las instituciones políticas y empresariales, dificultando la construcción de consensos y la implementación de respuestas colectivas.

El estudio también identifica un deterioro de entre 10 y 15 puntos porcentuales en la confianza en las empresas durante los últimos dos años en países como Estados Unidos, Alemania, Kenia y Corea del Sur, entre otros. Los autores señalan que la propagación de información y desinformación forma parte de los factores que afectan esa relación.

Las empresas siguen siendo necesarias, pero pierden credibilidad

La investigación identifica una tensión central para el sector privado: aunque la mayoría de la población considera que las compañías deben participar en la solución de los grandes problemas globales, disminuye la confianza en su desempeño y en la información que comunican.

El 79% de las personas encuestadas considera que las empresas son esenciales para resolver las crisis globales. Sin embargo, el indicador cayó desde el 85% registrado en 2023.

La percepción sobre la honestidad de las compañías muestra un retroceso más marcado. Actualmente, solo el 48% de la población considera que las empresas comunican con honestidad su desempeño social y ambiental, frente al 57% registrado en 2023 en los 18 mercados comparables.

Los resultados muestran que reconocer la importancia del sector privado no equivale a confiar en su actuación. Las empresas continúan siendo consideradas actores necesarios para impulsar soluciones, pero su legitimidad depende, en parte, de la credibilidad de sus compromisos y de la información que proporcionan sobre sus resultados.

Esta brecha plantea interrogantes para las estrategias corporativas de sostenibilidad y comunicación. En un entorno de mayor incertidumbre y circulación de información contradictoria, las declaraciones públicas sobre compromisos ambientales y sociales deben sostenerse en datos verificables y avances concretos.

La pérdida de confianza también puede dificultar la cooperación entre empresas, gobiernos y sociedad civil, precisamente cuando los problemas que se busca abordar requieren respuestas coordinadas.

La regulación gana respaldo social

Frente a la percepción de una crisis persistente, las dudas sobre la tecnología y el deterioro de la confianza empresarial, la regulación aparece como una herramienta con amplio apoyo público.

El 72% de las personas encuestadas en los 18 mercados analizados para esta serie de indicadores respalda que las empresas estén reguladas para ir más allá de sus funciones económicas y contribuir a construir una sociedad mejor. El resultado se encuentra cerca de uno de los niveles históricos más altos registrados por el estudio.

El dato sugiere que una parte significativa de la población espera que la contribución empresarial al bienestar colectivo no dependa exclusivamente de iniciativas voluntarias. La intervención regulatoria aparece como un mecanismo para establecer expectativas y modificar las condiciones en las que operan las compañías.

La demanda adquiere relevancia en un escenario en el que la confianza en la comunicación corporativa pierde terreno. Si las personas dudan de que las empresas informen con honestidad sobre su desempeño social y ambiental, las reglas externas pueden ser percibidas como una vía para exigir mayor responsabilidad y reducir la distancia entre los compromisos declarados y los resultados.

No obstante, el respaldo a una mayor regulación también abre una discusión sobre su diseño. Según los autores, el desafío consiste en establecer mecanismos capaces de generar impactos concretos y, al mismo tiempo, fortalecer la confianza en las instituciones y en el funcionamiento del sistema.

Un nuevo escenario para la agenda corporativa de sostenibilidad

En conjunto, los resultados del Global Societal Trends on Sustainability describen una relación compleja entre la percepción de las crisis globales, las expectativas sobre las soluciones y la confianza en los actores responsables de impulsarlas.

La población continúa considerando que las empresas son indispensables para afrontar los desafíos sociales y ambientales, pero disminuye la confianza en su honestidad y en la capacidad de la tecnología para resolver los problemas. Al mismo tiempo, crece la relevancia de la regulación como instrumento para orientar el comportamiento corporativo.

Para las compañías, el escenario plantea una exigencia que va más allá de comunicar compromisos o presentar la innovación como respuesta a los desafíos de sostenibilidad. La credibilidad depende también de demostrar resultados, ofrecer información confiable y responder a expectativas sociales que incluyen una mayor responsabilidad por los impactos de la actividad económica.

La investigación no plantea que la tecnología, las empresas o la regulación hayan perdido su potencial para contribuir a la transformación. Su principal advertencia es que ese potencial se desarrolla en un contexto de confianza más frágil y de expectativas crecientes sobre la capacidad de las instituciones para producir cambios efectivos.

En ese marco, la cuestión central para los líderes empresariales no es únicamente cómo impulsar soluciones sostenibles, sino también cómo demostrar que esas soluciones generan resultados y pueden sostenerse sobre bases verificables de responsabilidad y confianza.

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