Biodiversidad, medición de impactos y transparencia: las brechas que enfrenta la sostenibilidad empresarial en Chile

El estudio analizó las prácticas ambientales, sociales y de gobernanza de 67 empresas socias de Acción Empresas, sobre un universo de 110 compañías de Chile. Con un puntaje general de 66,6 sobre 100, casi diez puntos por encima del resultado de 2025 (56,8), el diagnóstico muestra una evolución positiva en la incorporación de la sostenibilidad a la gestión empresarial. Sin embargo, el desempeño continúa siendo desigual entre las distintas dimensiones: gobernanza alcanzó 71,7 puntos, la dimensión social obtuvo 71,3 y la ambiental quedó rezagada, con 56,7 puntos.

Biodiversidad: el principal desafío ambiental

Entre los 14 temas evaluados, biodiversidad y naturaleza registró el menor desempeño, con 41 puntos sobre 100. Solo el 34% de las compañías participantes evalúa su dependencia de la naturaleza, una práctica fundamental para identificar los riesgos asociados a la pérdida de ecosistemas y comprender cómo las actividades empresariales dependen de los servicios que estos proporcionan.

El diagnóstico también muestra que el 51% de las empresas gestiona sus instalaciones ubicadas cerca de áreas protegidas. No obstante, la identificación de los impactos y dependencias sobre la naturaleza todavía presenta un desarrollo limitado. Una señal positiva es que el porcentaje de compañías que realizó diagnósticos de impacto en biodiversidad aumentó del 32% en 2025 al 46% en 2026.

La brecha entre medir y gestionar también aparece en otros ámbitos ambientales. El 82% de las empresas mide su huella de carbono, pero solo el 57% dispone de un plan y metas de carbononeutralidad. En materia hídrica, mientras el 79% mide su consumo de agua, apenas el 57% identifica si realiza extracciones en zonas con estrés hídrico. En residuos, el 87% realiza mediciones, aunque el porcentaje que cuenta con metas de circularidad desciende al 70%.

Para Constanza Pantaleón, directora ejecutiva de Acción Empresas, el desafío consiste en convertir la información disponible en mejores decisiones empresariales. “Los resultados del DSE muestran avances en la medición de los impactos ambientales y nos plantean el desafío de utilizar esa información para gestionar mejor. El siguiente paso es transformar los indicadores sobre emisiones, consumo de agua y residuos en metas, planes de acción y decisiones del negocio”, señaló.

En biodiversidad, agregó, las compañías necesitan avanzar en la identificación de sus dependencias de la naturaleza y de los impactos que generan. En esa dirección, Acción Empresas impulsa herramientas como Radar Sostenible, orientada a identificar niveles de madurez y brechas para establecer prioridades de gestión.

Ética y derechos humanos: los ámbitos de mayor desarrollo

En contraste con el desempeño ambiental, las prácticas relacionadas con la gobernanza y la dimensión social muestran niveles de implementación más elevados. Ética e integridad encabezó los resultados, con 88 puntos sobre 100. El 100% de las empresas consultadas declara contar con un código de ética y el 97% dispone de canales de denuncia.

También se destacan los resultados en derechos humanos, diversidad e inclusión, que alcanzaron 86,3 puntos, y en gestión de personas, con 77,3 puntos.

La comparación con mediciones anteriores permite identificar avances relevantes. Las políticas de derechos humanos, cuyo puntaje se había mantenido entre 61 y 64 puntos durante tres años, llegaron a 83,6 en 2026. Asimismo, la incorporación de criterios ambientales, sociales y de gobernanza en la selección de proveedores pasó de 29,5 puntos en 2023 a 64 en la última medición.

Sin embargo, la cadena de valor constituye una de las principales señales de alerta del diagnóstico. La proporción de empresas que identifica impactos en este ámbito cayó del 82,5% al 70%, convirtiéndose en la única práctica analizada que registró una disminución tanto en su nivel de implementación como en su puntaje.

Transparencia: políticas que no llegan al ámbito público

Otro de los hallazgos del estudio se relaciona con la distancia entre las prácticas de gestión que las empresas efectivamente implementan y la información que ponen a disposición de sus grupos de interés.

El 49% de las compañías realiza acciones a partir de los resultados de sus mediciones de clima laboral, pero no comunica públicamente esa información. Una situación similar se observa en la gestión de reclamos de clientes: el 48% mide su resolución sin divulgar los resultados.

La brecha también alcanza a las políticas de datos, que no son públicas en el 42% de las empresas, y a los planes de cultura ética, que el 40% tampoco comunica externamente.

Estos resultados muestran que la transparencia sigue siendo un desafío transversal, incluso en organizaciones que ya cuentan con políticas, mecanismos e indicadores de gestión. La existencia de instrumentos internos no necesariamente se traduce en información accesible para los públicos externos, lo que plantea interrogantes sobre la capacidad de las compañías para demostrar sus avances y rendir cuentas sobre sus compromisos.

Una evolución positiva, pero con desempeños desiguales

En términos generales, el Diagnóstico de Sostenibilidad Empresarial 2026 muestra una mejora significativa respecto de la medición anterior. El puntaje ambiental pasó de 40,3 a 56,7 puntos, registrando el mayor crecimiento entre las tres dimensiones. El ámbito social avanzó de 59,6 a 71,3, mientras que gobernanza se mantuvo relativamente estable, al pasar de 72,8 a 71,7 puntos.

La evolución confirma que las empresas participantes están ampliando sus prácticas de sostenibilidad, aunque los resultados también exponen una dificultad: transformar los avances en medición, políticas y procedimientos en objetivos verificables, planes de acción y mayor transparencia.

La principal tensión aparece en la dimensión ambiental, donde las compañías muestran una capacidad creciente para medir emisiones, consumo de agua y generación de residuos, pero todavía tienen dificultades para convertir esos indicadores en metas y estrategias de gestión. En biodiversidad, el desafío es aún más profundo: incorporar la naturaleza a la evaluación de riesgos y dependencias del negocio.

El diagnóstico de Acción Empresas deja así una conclusión relevante para la agenda corporativa: el avance de la sostenibilidad no depende únicamente de contar con más indicadores o políticas, sino de la capacidad de integrarlos en las decisiones empresariales, gestionar los impactos a lo largo de la cadena de valor y comunicar públicamente los resultados.

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