Con esa definición, Ioannis Ioannou, profesor de la London Business School, resumió uno de los principales desafíos que, a su juicio, enfrentarán las empresas en los próximos años. Durante su exposición en el Festival of Minds de la universidad, analizó las implicancias del creciente cuestionamiento a las estrategias ambientales, sociales y de gobernanza corporativa; y planteó la necesidad de que las organizaciones pasen de defender una sigla o una narrativa a construir trayectorias creíbles.

Foto: Ioannis Ioannou, profesor de la London Business School, durante su exposición en el Festival of Minds.
La intervención, titulada The Day After The Sustainability War, partió de una premisa: el debate ya no gira en torno a la existencia de la sostenibilidad como agenda empresarial, sino sobre las condiciones bajo las cuales las compañías pueden justificarla y ejecutarla en un entorno cada vez más polarizado.
Ioannou recordó que, durante la última década, el concepto ESG funcionó como un lenguaje común para actores con intereses diversos. Inversores, reguladores, empresas y directorios encontraron en ese marco una forma compartida de abordar cuestiones relacionadas con el riesgo climático, las expectativas sociales y la calidad del gobierno corporativo. Aunque imperfecta, esa narrativa permitió ordenar discusiones que anteriormente se desarrollaban de manera fragmentada.
Sin embargo, sostuvo que el backlash contra los criterios ESG modificó sustancialmente ese escenario. En distintos mercados, las iniciativas asociadas a la sostenibilidad comenzaron a enfrentar críticas políticas, regulatorias y empresariales que cuestionan tanto sus costos como su efectividad. Como resultado, la legitimidad de estas estrategias dejó de darse por sentada.
Según el académico, las organizaciones ya no pueden asumir que sus compromisos de sostenibilidad serán aceptados automáticamente por inversores, clientes o la opinión pública. Por el contrario, deberán demostrar con mayor precisión cómo generan valor, qué riesgos buscan mitigar y cuáles son los costos y compensaciones asociados a sus decisiones.
Uno de los puntos centrales de su análisis fue la creciente distancia entre los acuerdos generales y las decisiones concretas. Mientras existe un amplio consenso sobre la necesidad de enfrentar desafíos como el cambio climático o la degradación ambiental, las diferencias emergen cuando las medidas propuestas impactan sobre variables sensibles como el precio de la energía, el empleo, las inversiones de capital o las preferencias de consumo.
Para Ioannou, es precisamente en ese terreno donde se definirá la próxima etapa de la sostenibilidad corporativa. El desafío ya no consistirá en defender una sigla o una narrativa, sino en construir trayectorias creíbles que permitan demostrar cómo la sostenibilidad contribuye a fortalecer la resiliencia empresarial y a mejorar la calidad del crecimiento económico.
Durante su exposición también destacó que gran parte de esta transformación ocurrirá lejos de los anuncios públicos. Mencionó, por ejemplo, decisiones de directorio que incorporan la exposición climática como un riesgo estratégico o la adopción de modelos de negocio circulares y regenerativos que buscan generar valor en un contexto de restricciones ecológicas cada vez más evidentes.
Desde esta perspectiva, Ioannou planteó que el período posterior al backlash ESG podría resultar más determinante que la controversia misma. A su entender, los consensos pueden facilitar el inicio de los procesos de cambio, pero rara vez son suficientes para sostener transformaciones profundas.
La conclusión de su análisis apunta a una exigencia creciente para los líderes empresariales: actuar con claridad cuando la legitimidad de las decisiones es objeto de debate, cuando la evidencia es examinada con mayor rigor y cuando las presiones para reducir o abandonar compromisos se vuelven más intensas. En ese escenario, sostuvo, la capacidad de construir confianza y demostrar resultados concretos será un factor decisivo para el futuro de la agenda de la sostenibilidad.


