La gobernanza supera a los factores ambientales y sociales como principal riesgo reputacional ESG

La gobernanza está desplazando a los factores ambientales y sociales en el centro de las preocupaciones corporativas. Esa es una de las principales conclusiones de la séptima edición del “Oxford-GlobeScan Global Corporate Affairs Survey 2026”, un estudio realizado entre 294 profesionales senior de Asuntos Corporativos de 51 países que muestra cómo la inestabilidad geopolítica, la inteligencia artificial y los cambios en las expectativas de los grupos de interés están redefiniendo las prioridades empresariales.

El informe sostiene que la agenda ESG está atravesando una nueva etapa. Si durante la última década el foco estuvo puesto principalmente en el cambio climático y, más recientemente, en los compromisos de diversidad, equidad e inclusión (DEI), hoy las organizaciones consideran que los desafíos vinculados con la gobernanza y la ética representan el mayor riesgo para su reputación.

La gobernanza gana protagonismo en la agenda ESG

Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es el cambio en la percepción de los riesgos reputacionales asociados a ESG. Al consultar cuál de los tres pilares —ambiental, social o gobernanza— representa actualmente la mayor amenaza para las empresas, el 45% de los encuestados señaló a la gobernanza, diez puntos porcentuales más que en 2025.

El crecimiento de esta preocupación estuvo impulsado especialmente por las respuestas provenientes de Sudamérica, Europa y África. Según el informe, las crecientes exigencias regulatorias, la incertidumbre política, las tensiones geopolíticas y las expectativas sobre la conducta ética de las organizaciones están llevando a que la calidad del gobierno corporativo cobre una relevancia sin precedentes.

Aunque el cambio climático continúa siendo la categoría ESG percibida como el riesgo más importante, su peso disminuyó de manera significativa: pasó del 51% al 40% en apenas un año. En paralelo, los temas relacionados con gobernanza y ética aumentaron 14 puntos porcentuales, consolidándose como el segundo gran foco de preocupación.

Otro cambio significativo es la pérdida de protagonismo de la agenda DEI. Mientras que en 2025 figuraba entre los principales temas corporativos, en la edición 2026 dejó de ocupar los primeros lugares, desplazada por cuestiones más vinculadas con regulación, incertidumbre política y gobernanza.

La geopolítica sigue siendo la principal amenaza para los negocios

Más allá de la evolución de la agenda ESG, el informe confirma que la geopolítica continúa siendo el principal riesgo para las empresas a nivel global. El 76% de los ejecutivos consultados la ubicó como la amenaza de corto plazo más importante, manteniendo el liderazgo que conserva desde hace siete años.

Sin embargo, el estudio señala que este concepto adquiere ahora un carácter más concreto. Las tensiones geopolíticas se manifiestan cada vez más a través de variables económicas, dando lugar a una creciente preocupación por la denominada “geoeconomía”.

Entre los factores que alimentan este escenario aparecen:

  • interrupciones en las cadenas de suministro;
  • incertidumbre económica;
  • aranceles y políticas proteccionistas;
  • incremento de los costos energéticos;
  • conflictos bélicos y mayores tensiones entre Oriente y Occidente.

Según GlobeScan y la Universidad de Oxford, estos elementos están modificando la forma en que empresas, gobiernos y consumidores planifican sus estrategias de largo plazo.

La inteligencia artificial combina oportunidades y nuevos riesgos

La inteligencia artificial también ocupa un lugar central en la agenda de Asuntos Corporativos.

El 44% de los encuestados considera que la IA representa uno de los principales riesgos para los negocios, un fuerte incremento respecto del 17% registrado en 2025. De esta manera, supera incluso a preocupaciones tradicionales como la macroeconomía y el cambio climático.

No obstante, la percepción es dual. Para el 71% de los profesionales consultados, la innovación, la digitalización y la inteligencia artificial constituyen también la mayor oportunidad de corto plazo para las compañías.

El desafío, advierte el informe, es que las organizaciones todavía no están suficientemente preparadas para gestionar los riesgos asociados a esta tecnología. Apenas el 18% afirma estar completamente preparado para enfrentar campañas de desinformación generadas mediante inteligencia artificial.

La confianza vuelve al centro de la estrategia corporativa

En un entorno caracterizado por la incertidumbre, los profesionales de Asuntos Corporativos consideran que fortalecer la relación con los grupos de interés será uno de los principales motores de creación de valor.

El compromiso con los stakeholders y la construcción de confianza aparecen como la segunda mayor oportunidad para las empresas, con un 23% de las menciones, doce puntos más que en la edición anterior.

Sin embargo, el estudio identifica una brecha importante entre la importancia que las organizaciones asignan a la reputación y su capacidad para medirla. Apenas el 49% de las áreas de Asuntos Corporativos utiliza métricas formales para evaluar su impacto, predominando aún herramientas tradicionales como el monitoreo de medios.

Una función cada vez más estratégica

El informe concluye que la función de Asuntos Corporativos está dejando de ser un área centrada exclusivamente en la comunicación para convertirse en un actor estratégico en la gestión del negocio.

Su papel se expande hacia la identificación de riesgos geopolíticos, la interpretación del contexto regulatorio, la gestión reputacional, la articulación con los grupos de interés y el apoyo a la toma de decisiones de la alta dirección.

En ese contexto, el 74% de los profesionales considera que la función necesita ser revisada para responder a un entorno mucho más complejo, mientras que un 17% sostiene que esa transformación debe ser profunda.

Para los autores del estudio, el futuro de Asuntos Corporativos dependerá de su capacidad para integrar nuevas tecnologías como la inteligencia artificial, desarrollar capacidades en áreas como comercio internacional y análisis prospectivo, y demostrar con indicadores concretos su contribución a la reputación, la confianza y el valor de largo plazo de las organizaciones.

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