Lufthansa Group reemplazará la denominación Green Fare por Impact Fare para reforzar la transparencia de su comunicación ambiental. La oferta permite a los pasajeros contribuir al uso de combustibles sostenibles de aviación y financiar proyectos climáticos. Desde su lanzamiento en 2023, más de cinco millones de pasajeros contrataron esta modalidad.

Lufthansa Group cambiará el nombre de su tarifa Green Fare, que pasará a denominarse Impact Fare, en una decisión que busca adecuar su comunicación ambiental a las nuevas exigencias regulatorias contra el greenwashing. La modificación no implica la creación de un nuevo producto, sino un cambio en la manera de presentar una oferta que la compañía introdujo en 2023 para que los pasajeros contribuyan a determinadas medidas de sostenibilidad vinculadas con sus vuelos.
La nueva denominación pone el foco en la contribución que realizan los clientes y busca reflejar con mayor precisión el funcionamiento de la tarifa. Al contratarla, los pasajeros financian el uso adicional de combustible sostenible de aviación —conocido como SAF, por sus siglas en inglés— en las operaciones del grupo y apoyan proyectos de protección climática fuera de su cadena de valor.
Estos proyectos pueden orientarse a evitar emisiones de dióxido de carbono (CO₂) o a retirar carbono de la atmósfera, según las características de cada iniciativa.
La decisión se produce en un contexto de mayor escrutinio sobre las declaraciones ambientales de las empresas. En particular, las compañías del sector aéreo enfrentan el desafío de comunicar sus iniciativas climáticas sin generar la impresión de que una determinada compra elimina las emisiones asociadas a un vuelo o convierte automáticamente un servicio en sostenible.
Qué financia la Impact Fare
El mecanismo de la tarifa contempla dos componentes: la utilización adicional de SAF y las contribuciones a proyectos climáticos. La proporción asignada a cada uno varía según se trate de vuelos dentro de Europa o de rutas intercontinentales.
En los vuelos europeos, el volumen adicional de SAF se calcula sobre una cantidad equivalente al 20% de las emisiones de CO₂ estimadas para el trayecto. El 80% restante sirve como referencia para determinar el aporte destinado a los proyectos climáticos.
En las rutas intercontinentales, la distribución es diferente: el componente asociado al SAF representa el 10% de las emisiones estimadas, mientras que el 90% restante se toma como base para la contribución a los proyectos.
Lufthansa Group establece que el combustible sostenible adicional se incorpora a sus operaciones dentro de los seis meses posteriores a la salida del vuelo correspondiente. La compañía también ofrece la tarifa en todas las clases de viaje y contempla beneficios adicionales, como la acumulación de millas y puntos, además de opciones de cambio de reserva más flexibles o sin cargos, según la clase y el destino.
La estructura de la oferta permite identificar los mecanismos a través de los cuales se canaliza la contribución del pasajero. Sin embargo, la referencia a porcentajes de emisiones estimadas no significa que el vuelo reduzca necesariamente sus emisiones en esas mismas proporciones: se trata de parámetros utilizados para calcular las contribuciones a las dos iniciativas.
Una respuesta a las exigencias de comunicación ambiental
El cambio de nombre pone de relieve uno de los desafíos que enfrentan las empresas al comunicar sus compromisos climáticos: distinguir entre la reducción efectiva de sus propias emisiones y las contribuciones adicionales que realizan sus clientes para apoyar determinadas iniciativas ambientales.
En este caso, Lufthansa Group mantiene el esquema de la tarifa, pero adopta una denominación que busca destacar el aporte del pasajero a las medidas financiadas. La compañía señala que la decisión responde a los nuevos requisitos regulatorios para la comunicación ambiental.
La distinción resulta relevante en un sector cuyas emisiones están estrechamente vinculadas con el consumo de combustibles y donde la descarbonización depende, entre otros factores, de la renovación de las flotas, las mejoras en la eficiencia operativa y la disponibilidad de alternativas al combustible convencional.
El SAF constituye una de esas alternativas. Su utilización puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a lo largo de su ciclo de vida en comparación con los combustibles fósiles, aunque el resultado depende de la materia prima, el proceso de producción y otros factores. Su incorporación también enfrenta desafíos relacionados con la disponibilidad y los costos.
Por su parte, los proyectos climáticos financiados mediante la tarifa operan fuera de la cadena de valor de la aerolínea. Por esa razón, su contribución debe diferenciarse de las medidas que reducen directamente las emisiones de las operaciones de Lufthansa Group.
La precisión en estas distinciones es central para evitar que la comunicación comercial transmita beneficios ambientales más amplios o concluyentes que los que puede demostrar el mecanismo.
Más de cinco millones de reservas desde 2023
La Green Fare fue lanzada en 2023 y, desde entonces, más de cinco millones de pasajeros contrataron esta modalidad, según los datos difundidos por Lufthansa Group. La compañía mantendrá la oferta bajo su nuevo nombre, Impact Fare.
El producto forma parte de una estrategia más amplia que contempla cinco líneas de actuación para avanzar hacia una aviación con menores emisiones: modernizar la flota, mejorar la eficiencia en el consumo de combustible, ampliar el uso de SAF, desarrollar la intermodalidad y ofrecer alternativas a pasajeros particulares y empresas que deseen apoyar medidas adicionales de sostenibilidad.
El grupo también señala que participa desde hace más de 30 años en iniciativas internacionales de investigación sobre el clima y la meteorología.
El cambio de Green Fare a Impact Fare no modifica, por lo tanto, el mecanismo central de la oferta. Su principal novedad está en la forma de comunicarla, en un escenario en el que las declaraciones ambientales de las empresas deben explicar con mayor claridad qué acciones se financian, cómo funcionan y qué resultados pueden atribuirse a ellas.
La experiencia de Lufthansa ilustra así una cuestión que trasciende al sector aéreo: frente al endurecimiento de las exigencias contra el greenwashing, las empresas no solo deben desarrollar iniciativas ambientales, sino también revisar cómo presentan sus beneficios para evitar afirmaciones ambiguas o potencialmente engañosas.


